ELECCIÓN DE CONSEJEROS DEL INSTITUTO FEDERAL ELECTORAL, CUARTA PARTE. 2. LOS PARTIDOS: ACTORES ESTELARES EN LA NEGOCIACIÓN.

Los siguientes 32 comentarios, 10.84% de los 295, reflexionan sobre la llamada “partidocracia” y a la dependencia que de ella tendrían tanto los nuevos consejeros electorales como los que actualmente están en funciones.

Al final de cuentas, el problema del IFE no se ha localizado en los consejeros, con buena o tibia autoridad. El conflicto radica en las maniobras electorales de los partidos para impedir el libre ejercicio del voto. Las reformas electorales posteriores al conflicto de 1988 fueron paulatinamente sacando a los partidos del seno del organismo electoral para erigir a los ciudadanos en la autoridad máxima. La contrarreforma electoral de 2007 no sólo regresó a los partidos al IFE sino que los subordinó a la nefasta partidocracia.
Los tres principales partidos políticos fueron incapaces de darle a la ciudadanía un organismo electoral más allá de las sospechas. Pero el que provocó todo el desorden fue el PRD, con su exigencia de tomar el control de la presidencia del Instituto. El PAN y el PRI, al ceder ante ese chantaje, no hicieron más que reconocer que Felipe Calderón no ganó las elecciones y que el IFE le robó la presidencia a López Obrador, aunque las cifras oficiales derivadas del conteo ciudadano de los votos decretaron la victoria de Calderón y la derrota de López Obrador.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 8 de febrero.

Por fin un acuerdo unánime de los partidos políticos en un tema espinoso: la designación de nuevos consejeros y presidente del IFE. Queda por demostrar a los legisladores que lo conseguido ayer es más que una simple coincidencia de intereses.
Lo dijimos el lunes: era la oportunidad de las bancadas en el Congreso para probar que la decisión de renovar al IFE obedecía a un plan institucional más que a una venganza. La decisión perredista de ceder al menos en su propuesta inicial es un buen primer paso. Si el PRD quiere mantener su influencia en la agenda que se avecina tendrá que continuar esa postura. Reclamar “mayoriteos” el resto de la Legislatura sólo beneficiará a sus adversarios
Editorial, El Universal, 8 de febrero.

En este contexto, los partidos políticos no estuvieron a la altura del desafío democrático. Hornearon un pastel y se lo comieron entre tres invitados. Por ello, la contrarreforma fue un paso gigantesco hacia atrás pues no sólo le entregó el IFE a tres partidos, sino que criminalizó la participación ciudadana en las campañas. El mandato de una reforma del Estado para la democratización fue incumplido por los jefes de las tres bancadas en la Cámara, la Santísima Trinidad de la Partidocracia: el panista Héctor Larios, el priista Emilio Gamboa y el perredista Javier González Garza.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 8 de febrero.

Lo que sí se sabe, sin embargo, es que los nuevos consejeros y su nuevo presidente llegaron con la guillotina sobre sus cabezas —además de que fueron escogidos, luego de un proceso humillante y nada democrático, por cuotas y aberrantes consensos—, y que por ello y en cualquier momento les puede pasar lo mismo que al IFE de Luis Carlos Ugalde, si no se pliegan a los deseos y las ocurrencias —a los problemas hepáticos— de los barones del poderoso G-3 y a la partidocracia toda.
Y es que los consejeros seleccionados y su presidente están muy lejos de ser una solución a los problemas de credibilidad e independencia surgidos como resultado del montaje del fraude. El problema de fondo no fueron Ugalde y los consejeros salientes, y no lo serán Valdés y los consejeros entrantes, sino que la parte dura del problema está en las reglas para seleccionarlos. ¿A poco no es cierto que debido a las nuevas reglas del juego, el nuevo IFE estará en manos de los partidos? Y por esa razón les puede pasar lo mismo que a los consejeros que relevaron. Ese es el problema
Ricardo Alemán, “Itinerario Político”, El Universal, 8 de febrero.

Debe recordarse que el Consejo General que operó el IFE hasta el año pasado fue integrado en el marco de una componenda entre los partidos Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI), de la que se excluyó al Partido de la Revolución Democrática (PRD). Unos años más tarde, en las campañas y en las elecciones presidenciales de 2006, el IFE toleró la descarada intromisión presidencial para favorecer a su candidato y perjudicar al opositor; consintió la ilegal incursión propagandística de las cúpulas empresariales en contra del aspirante de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador; sesgó la difusión de los resultados de la jornada del 2 de julio; se negó en redondo a esclarecer las fundadas sospechas en torno a tales resultados y a permitir un recuento de los sufragios y, para colmo, el entonces presidente del Consejo General, Luis Carlos Ugalde, se excedió en sus facultades legales al proclamar a un vencedor de los comicios, con lo que dejó al descubierto su parcialidad y su supeditación al Poder Ejecutivo
Editorial, La Jornada, 8 de febrero.

Hay nuevas reglas electorales, hay nuevos consejeros... falta saber si hay nuevos políticos.
Aun cuando falta reformar algunas leyes relacionadas directa o indirectamente con la cuestión electoral, el jueves -con la renovación de la presidencia del Instituto Federal Electoral y de dos integrantes del consejo- se cubrió uno de los tramos más difíciles del replanteamiento del régimen electoral. Como muchas otras veces hubo que afinar las reglas para reconstituir el sistema de partidos, para acotar la intervención de factores y actores políticos en las campañas, para moderar el gasto y la duración de aquéllas, para equilibrar la competencia electoral entre los partidos y hubo, por primera vez, que prescindir de funcionarios electorales que no supieron constituirse en autoridad.
Casi un año se llevó el restablecimiento de las reglas del reparto del poder, postergando una vez más el debate sobre qué hacer con el poder. En otras palabras, el debate fue de los partidos, sobre los partidos y para los partidos, desatendiendo la cuestión del sentido del poder. Un tema, este último, que en buena medida ha complicado las posibilidades del país porque, a fin de cuentas, los partidos dan muestra de una enorme vocación por el poder pero no de lo que piensan hacer con él.
Como quiera, múltiples hechos y razones obligaban a revisar esas reglas. Hecho ese trabajo, prevalece una duda: ¿hay sintonía entre el nuevo marco legal y la actitud de los políticos? ¿Hay manifiesta disposición de los políticos para respetar las reglas que ellos mismos se han dado? Dicho en breve: ¿hay nuevos políticos?
René Delgado, “Sobreaviso”, Reforma, 9 de febrero.

Pero hay que insistir en el tema. El problema no está ni en los que se fueron, en los que faltan por retirarse, y tampoco en los que llegaron y los que llegarán. Los finalistas de ese grosero proceso de sometimiento al que fueron llevados los aspirantes a un lugar en el IFE, son especialistas probados, y por supuesto quienes desde el pasado jueves despachan en el IFE. En realidad el problema está en el “pecado original” del IFE, en la tentación autoritaria, nada democrática, y harto ofensiva en que se ha convertido el sistema de selección de los consejeros del IFE, película que vimos en noviembre de 2003 y que nos recetaron en febrero de 2008.
Y si, en efecto, persiste ese pecado original, que no es otra cosa que la tentación de los partidos, los líderes políticos, los candidatos y los gobiernos —y eso lo vemos en todo el país, en los órdenes municipal, estatal y federal—, a mantener el control del IFE, de sus consejeros, y de su presidente. Pero antes de entrar al tema estamos obligados a desmentir una mentira que quieren convertir en verdad algunos lectores malintencionados o poco informados.
Ricardo Alemán, “Itinerario Político”, El Universal, 10 de febrero.

Los partidos deben ser mejores jugadores, más respetuosos y concentrarse en el balón y no en el espectáculo.
Para la siguiente etapa, la de agosto, quedan dos —al menos— tareas pendientes:
La primera es con las mujeres. Lástima que, como siempre, quedaron sólo hombres y que se minimizó la incorporación de más mujeres talentosas, que sí había en el registro.
Para que el IFE sea realmente una institución de vanguardia debe estar llena de mujeres. Es así de sencillo.
La segunda es que, ojalá para la segunda tanda de cambios programada para agosto, se modifique el mecanismo de selección. Sigue siendo totalmente partidista y de cuotas. No es un reflejo de los soberanos intereses ciudadanos, sino más bien de lo que los partidos logran acordar, y ya sabemos el trabajo que les cuesta ser generosos.
Ahí los retos, las tareas y el voto de confianza para que este consejo sí sea respetado por todos los jugadores. Aquellos que atacan a toda autoridad y cuestionan a toda discrepancia como traición.
A ver si este reinicio en el IFE fomenta que los perdedores aprendan a reconocer sus derrotas y a respetar nuestras leyes.
Luciano Pascoe, “La zanahoria del caballo”, Crónica, 10 de febrero.

A partir de nuestra postura crítica a la forma y el fondo de los cambios que impuso la “partidocracia” al IFE, se nos quiere acreditar que nada dijimos cuando en noviembre de 2003 el PRI y el PAN se quedaron con el IFE, luego de un monumental error de omisión y cálculo equivocado por parte del PRD y de su “enciclopedista” Pablo Gómez, quien nunca reconoce sus errores.
Bueno, los días domingo 2 de noviembre, martes 4 de noviembre y miércoles 5 de noviembre de 2003, hicimos en el Itinerario Político de esas fechas una de las más severas críticas al PRI, PAN y PVEM, por robarse el IFE. Cualquiera que tenga dudas, puede entrar a la hemeroteca de EL UNIVERSAL, por vía electrónica, y encontrará sin problemas los textos en los que, entre muchas otras cosas, dijimos que esos tres partidos se habían robado al IFE, con miras a mantener el control de las elecciones de 2006, en detrimento de la candidatura de López Obrador
Ricardo Alemán, “Itinerario Político”, El Universal, 10 de febrero.

Ya se habían tardado. Diputados federales del PRI y del PAN abuchearon la impugnación que Andrés Manuel López Obrador les lanzó ahora que decidieron rearmar el Consejo General del IFE. Tanto Beatriz Pagés como Daniel Ludlow sostuvieron que la elección de relevos no fue intercambio de fichas, sino una negociación larga y compleja en la que nada, nada intervinieron los intereses de los partidos
Ivonne Melgar, “Retrovisor”, Excélsior, 10 de febrero.

Y por supuesto que seguimos pensando lo mismo que entonces. Incluso corregido y aumentado. Y es que si en junio de 2003 PRI, PAN y PVEM se robaron el IFE, ahora la pandilla de ladrones es mayor. Ahora también se incluye al PRD y al resto de la chiquillería. A partir de esa nueva realidad debemos insistir: ¿cuál es el pecado original? Ése precisamente, el de la “tara” que tienen los partidos políticos por insistir en mantener el control de los procesos electorales, como forma casi natural para acceder al poder.
Por eso es importante la memoria histórica. ¿Qué pasó en noviembre de 2003? Más allá de versiones “color de rosa” propias de revistas del corazón, el dato duro es que en ese 2003 el PRD pretendió quedarse con el control del IFE a partir de la reelección del consejero Jesús Cantú. ¿Por qué el PRD quería controlar el IFE? Por lo mismo que lo querían controlar el PAN y el PRI. La trampa, la “tara” de no reconocer elecciones sin la intromisión de partidos, gobiernos, políticos, es de los tres; PRI, PAN y PRD, incluido el señor AMLO.
Esa parte de la historia todos la saben. Por supuesto que los señores del PRI y el PAN se negaron a dejar el IFE en manos de AMLO, que además era el más aventajado presidenciable —por el PRD el jefe de la negociación era Pablo Gómez, por el PAN Germán Martínez y por el PRI la profesora Elba Esther Gordillo—, hasta que en efecto PAN y PRI se despacharon todo el pastel. Y sí, como lo dijimos en su momento, “se robaron al IFE”, en detrimento de la candidatura presidencial de AMLO. ¿Pero qué pasó después?
Ricardo Alemán, “Itinerario Político”, El Universal, 10 de febrero.

Que siguen aflorando los entuertos de las negociaciones en la Cámara de Diputados para designar a los tres nuevos consejeros electorales.
En el PRI hubo un fuerte encontronazo cuando la presidenta del partido, Beatriz Paredes, quiso imponer a Carlos Sirvent como el nuevo tricolor del Consejo General del IFE.
Los líderes camerales, Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, le hicieron saber que nomás no.
Al final, como de costumbre, se impuso Beltrones, con su consejero Marco Antonio Baños.
“Trascendió”, Milenio, 10 de febrero.

Aquí viene lo interesante del asunto, lo que no quieren ver y menos reconocer los enamorados y fanáticos de AMLO. En 2003, el señor Obrador perdió la partida por el control del IFE, y a pesar de que en los años siguientes y hasta 2005 fueron muchas las voces que le advirtieron que se promoviera un cambio en las reglas del juego, no le importó. Dijo a propios y extraños que tenía ganada la elección, incluso con ese IFE, el de Ugalde, por supuesto.
¿Se acuerdan de lo que decía seis meses antes del 2 de julio de 2006, tres meses, dos meses, dos días antes? Sí, que el IFE era confiable. ¿Qué dijo el 3 de julio? Denunció un gran fraude. Pero nunca lo pudo demostrar, porque no existió.
Pero lo interesante del asunto, más allá del cuento del fraude, es que tanto PRI como PAN y PRD; tanto los señores Calderón, Beltrones y Obrador, son animales políticos que están en una lucha permanente por el poder; que negocian, jalonean y disputan los espacios del poder, las más de las veces con discursos mentirosos que muchos, como es el caso del discurso de AMLO, se creen a ciegas y a sordas, sin reconocer que los políticos profesionales son profesionales del engaño, la demagogia y la mentira. Por lo pronto, en el nuevo IFE, de nuevo AMLO se quedó fuera, y otra vez por la necedad de pretender imponer al presidente
Ricardo Alemán, “Itinerario Político”, El Universal, 10 de febrero.

Ojalá y de veras tuviéramos una “partidocracia”, como tantos han dicho. Lo peor del caso es que no la tenemos porque no hay partidos realmente existentes. Esto es, partidos en los que viéramos a sus militantes escuchar diversas propuestas de los diversos candidatos, a los candidatos debatir, argumentar, darse con cuanto hay sin incurrir en la simple injuria ni la calumnia, o responder por éstas ante la ley. Pero no tenemos nada de eso, sino apenas una oligocracia: estamos en manos de un puñado. No son siquiera una aristocracia, un gobierno de pocos pero sobresalientes, pocos muy destacados, pocos y brillantes. Son unos cuantos que no miran sino por su beneficio inmediato. Una nanocracia de enanos mentales que se cuidan las espaldas unos a otros.
Luis González de Alba, “La calle”, Milenio, 11 de febrero.

Poner atención exclusiva en los nombramientos de los tres integrantes del Consejo General, incluido el del nuevo presidente del IFE, Leonardo Valdés, es perder el bosque por mirar los árboles. El acuerdo de la mayoría de la Cámara de Diputados para la renovación de la autoridad electoral no corrige el rediseño institucional, previamente legislado, por el que se somete al IFE al control de los partidos.
Tampoco los vicios de procedimiento, la ausencia de una fundamentación y motivación adecuada de las decisiones, o la violación a la Constitución por rebasar los plazos para la designación de los nuevos consejeros, quedan superados por el simple inicio de una etapa más del Consejo General. Como he escrito anteriormente en este mismo espacio, la declinación del IFE es un proceso que comenzó en el 2003, se profundizó durante la gestión de Luis Carlos Ugalde (2003-2007), se agudizó durante la campaña electoral del 2006, y tocó fondo con la reforma constitucional del año pasado.
Emilio Zebadúa, “Observatorio global”, Crónica, 11 de febrero.

En democracia —cosa incomprensible para López Obrador— se vale dar la mano hasta al rival… Por ello no es de dudar que el atorón final del jueves pasado en la negociación del IFE consistiera en dejar a la fracción negociadora de la bancada perredista presentar, como ocurrió, la propuesta no sólo de Valdés Zurita, sino también de los otros dos candidatos a consejeros del IFE, Marco Antonio Baños y Benito Nacif.
¿Quién quedó mal con este arreglo dentro y fuera de la Cámara de Diputados? Nadie. Por el contrario, los traspiés de diciembre pasado quedarán, sí, como errores políticos de todos cuantos los cometieron, pero lo verdaderamente imperdonable de un error es repetirlo. Y eso ya no sucedió. Y Valdés Zurita agregó a su amplia capacidad como especialista electoral la de operador político, que mucho, espero, le sirva en su largo y difícil camino futuro para restablecer el honor y el prestigio del Instituto Federal Electoral.
Leopoldo Mendívil, “Crónica confidencial”, Crónica, 11 de febrero.

Al final los partidos políticos se pusieron de acuerdo y, siguiendo el viejo esquema de cuotas por partido, el único que permite nuestro actual sistema político, se pusieron de acuerdo para nombrar a los tres nuevos consejeros del IFE.
El PRD no consiguió imponer a Genaro Góngora, como había tratado de hacer durante meses, pero consiguió de cualquier manera la presidencia del Instituto Federal Electoral. Su candidato al final fue Leonardo Valdés, antiguo integrante del Partido Mexicano de los Trabajadores y colaborador de Heberto Castillo. Valdés fue consejero del Instituto Electoral del Distrito Federal.
El PAN obtuvo a Benito Nacif, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas, el CIDE. Nacif es uno de los más reconocidos académicos en los campos político y electoral.
El PRI consiguió a Marco Antonio Baños, ex funcionario del IFE a quien algunas notas periodísticas han vinculado con el senador Manlio Fabio Beltrones, el principal impulsor de la reforma electoral.
Sergio Sarmiento, “Jaque Mate”, Reforma, 11 de febrero.

Pero más allá de las expresiones, lo que realmente preocupa, no sólo a los observadores políticos sino a la sociedad, es que varios de los acuerdos alcanzados no necesariamente son buenos ni benefician a la población, al menos en los corto y mediano plazos. A ver, ¿en qué beneficiará a la sociedad la Reforma Fiscal, que también fue posible gracias a un acuerdo entre el Ejecutivo y el Legislativo el año pasado? Preguntan aquéllos. Originalmente con una mayor recaudación el país iba a crecer por arriba del 3.7 por ciento e iban a crearse cerca de un millón de empleos, entre otras cositas. Pero para nuestra desgracia, todos esos buenos propósitos, deseos, ilusiones, se esfumaron por los efectos de la desaceleración económica en Estados Unidos, la cual contagiará a México "con un catarrito" (Agustín dixit). Bueno, para cuando pase la recesión "vamos a estar como navaja", dicen los funcionarios del gobierno.
Luis Soto, “Agenda confidencial”, El Financiero, 11 de febrero.

Los arquitectos de la más reciente reforma electoral, aprendieron cómo controlar al IFE en el transcurso del periodo que va de 1997 a 1999, en el que una mayoría de consejeros aplicaron la LEY para constituir de facto al Consejo General como el órgano superior de dirección del IFE (artículo 72 del Cofipe.) Lo que se hizo entonces con respecto a: 1) la fiscalización de los recursos de los partidos, 2) la inamovilidad de los consejeros electorales, 3) la relación con los órganos ejecutivos del Instituto, y 4) el funcionamiento e integración de las comisiones del Consejo, entre otros aspectos, fue modificado 180 grados en la actual reforma electoral.
A partir de entonces, la forma en que fueron removidos, primero el consejero presidente Luis Carlos Ugalde; después, los consejeros Alejandra Latapí y Rodrigo Morales, y, finalmente, el escalonamiento de salida del resto de los consejeros electorales, vino a confirmar que el destino, facultades y derechos del árbitro de los procesos electorales se deposita, no en Tlalpan como los establece la Constitución, sino en San Lázaro y, en gran medida, en Xicoténcatl también.
Emilio Zebadúa, “Observatorio global”, Crónica, 11 de febrero.

No existen partidos cuando, en el PRD manda un personaje y uno solo, los demás callan. Unos por temor, otros por complacencia. Pero es el partido de un cacique. En el PAN hay el triple: tres personas importan cuando se trata de aceptar lo inaceptable, como fue la decapitación del IFE, la transformación de una institución ciudadana en apéndice de unos cuantos políticos pertenecientes a la Banda de los Tres. En el PRI tenemos el caso más excelso de democracia, pues se deben conjugar voluntades de cinco veces más afiliados que en el PRD. Cinco priistas hacen y deshacen, reforman la Constitución a su arbitrio, pasan sobre principios básicos del Derecho y normas constitucionales esenciales, y los demás bajan las orejas y la cabeza.
Luis González de Alba, “La calle”, Milenio, 11 de febrero.

No hay que ser gran profeta para saber que las elecciones federales del año 2009 serán ganadas por los gobernadores, con las mismas prácticas con que ganan hoy sus elecciones locales, es decir, con prácticas del pasado. Y ya que la abrumadora mayoría de los gobernadores son priistas, la abrumadora cantidad de ganadores en 2009 serán priistas también.
Las dos instituciones que podrían frenar el avance avasallador de las viejas prácticas sobre la República son el IFE y el TEPJF. Los dos han sido disminuidos y debilitados por el Congreso.
También han sido devueltos al pasado: están sujetos a prueba, cubiertos de sospechas ciudadanas sobre su fortaleza institucional y sobre la autonomía política que puedan tener para frenar los fraudes que vuelven por sus fueros en la República.
Héctor Aguilar Camín, “Día con día”, Milenio, 11 de febrero.

Quienes de veras mandan, los grupos de poder del PAN, PRI y PRD, designaron presidente del IFE, cabeza de un sistema al que destruyeron los mecanismos de autonomía y socavaron la confianza que le tuvo la gente.
mpera en la actualidad una democracia de mandones. En el orden político, se hace lo que dicen las camarillas de coordinadores de legisladores y de comités nacionales de los partidos grandes.
PRD, que perdió la confianza en el IFE de Luis Carlos Ugalde, en una negociación con PRI y PAN logró que en el timón del organismo que aborrecía fuera designado un ex militante de izquierda. El actual influjo de la partidocracia es abrumador, como en su tiempo lo fue el del presidencialismo absoluto
Juan Arvizu, “Vitral Político”, El Gráfico, 11 de febrero.

¿Pero a quién le importa lo que diga o piense la sociedad? Hoy estamos en la "etapa de los enjuagues políticos", de las componendas; de qué quieres por el favorcito que vas a hacerme por aprobar tal o cual reforma. Y no puede ser de otra manera porque al Ejecutivo le urgen las reformas (fiscal, energética, laboral y otras). Lamentablemente, de muy poco servirán para solucionar los graves rezagos que enfrenta el país en materia de recaudación de impuestos, de crecimiento económico, de bienestar social... Ni tampoco con las reformas van a salvar a Petróleos Mexicanos de la "crisis existencial" en la que se encuentra por falta de inversión. ¿Y entonces por qué se empeñan en hacerla? Preguntan los analistas bisoños. Pues "para enviar buenas señales a los inversionistas nacionales y extranjeros..."
Luis Soto, “Agenda confidencial”, El Financiero, 11 de febrero.

Un diseño antiguo, de un Instituto Federal Electoral (IFE) ciudadano, quedó en la basura. Para otra generación será la tarea de impulsar un sistema electoral de verdad independiente.
Leonardo Valdés Zurita, nuevo presidente del IFE, tendrá que vérselas con los mandones, los caciques del México moderno…
Juan Arvizu, “Vitral Político”, El Gráfico, 11 de febrero.

Sumando los mencionados, tenemos que una decena escasa y rabona de oligarcas nos prohíben, desde la mismísima Constitución, hablar mal de ellos, aunque probemos lo dicho; nos impiden ofrecer argumentos contra sus candidatos en campaña; amenazan a los medios con cancelar lo que generosamente llaman “concesiones” si incurren en el traspié de disgustarlos; cancelan la esencia de la democracia, que es el derecho a ser votado, con o sin el aval de los partidos. Ni el PRI de la dictadura perfecta se atrevió a hacerlo ley.
Luis González de Alba, “La calle”, Milenio, 11 de febrero.

Con todo, no creo que hoy los partidos tengan un IFE a modo. Es un exceso decir que el nombramiento de los nuevos consejeros se funda en lealtades a quienes los propusieron y que su origen los marca irremediablemente. ¿Que son producto de un acuerdo entre partidos? Desde luego. Así se diseñó la institución desde que fue creada. No obstante, tanto los consejeros que permanecen como los nuevos han mostrado ser personas honorables, con capacidad y trayectoria profesional probada y dispuestos a jugársela.
Podrán hacer la tarea si los dejan.
Una reflexión final: la institucionalización del IFE se habrá logrado cuando no importe quién ocupe los asientos de los consejeros, cuando dejen de ser noticia, cuando los partidos asuman que los órganos reguladores están ahí no para complacerlos sino para cumplir con el mandato que ellos mismos, a través de su representación en el Congreso, les encomendaron.
María Amparo Casar, Reforma, 11 de febrero.

A diferencia de 1996, cuando las cuotas de los partidos llevaron a proponer nombres con mucho prestigio en el campo electoral, ahora las apuestas fueron a la baja. La mecánica de carambola y vetos no tuvo como objetivo proponer a los mejores, sino a los más aceptables para los partidos. El objetivo no fue pensar en lo mejor para la institución, sino en ubicar a personas que le garanticen a cada partido una cuota. El interés partidista mató el propósito de la calidad en la selección. Algo está mal en el diseño de esta forma de elegir a los candidatos. Es una aberración que los jugadores seleccionen al árbitro.
Los vetos y las rondas dejaron en el camino a las mejores cartas de cada partido, los que eran el plan A y quizá el plan B, y se quedaron con el plan C, los que eran aceptables después de varias rondas de propuestas y vetos. El resultado está a la vista: Leonardo Valdés como consejero presidente, con experiencia en organización electoral, que formó parte del equipo del IFE en 1996.
Llega como una propuesta del PRD, pero fue impugnado por un grupo de legisladores de ese partido.
Alberto Aziz Nassif, El Universal, 12 de febrero.

Y como López Obrador ya anunció que será candidato presidencial en 2012, con IFE o sin IFE, con Leonardo Valdés o sin Leonardo Valdés, el ganador de las próximas elecciones presidenciales será López Obrador o nadie. En caso de que no gane, desde ahora es de esperar no sólo un conflicto postelectoral violento sino que estallará lo que prepara desde ahora: una verdadera insurrección política con los grupos radicales que ha sumado para su causa.
El PRI y el PAN, por tanto, no midieron la desmesura de la reorganización del IFE ni menos aun calibraron el juego de López Obrador. En 2012 va a repetirse el numerito: López Obrador -y no el IFE- va a decir con cuántos votos ganó la presidencia. En 2006, pese a tener copias de las actas con cifras oficiales, López Obrador anunció su victoria, recordó que su encuesta le daba 10 puntos porcentuales de ventaja y mandó a Martí Batres al Zócalo a decir que había ganado con 500 mil votos de ventaja que nunca probó.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 12 de febrero.

Cuando se discutía la reforma electoral, el Comité Conciudadano presionó para que en la Constitución se incluyera el requisito de hacer una "amplia consulta a la sociedad" cuando se renovara el Consejo General del Instituto Federal Electoral (IFE). El Legislativo escuchó la petición y esa frase aparece en la Carta Magna y tal vez por eso a los diputados les entró tal borrachera cívica que tuvieron un desplante de cantina y prometieron un concurso abierto para cubrir las tres plazas de consejeros.
La promesa alborotó y dio inicio la romería de aspirantes. Algunas candidaturas llevaban el respaldo de organismos civiles o un historial de diálogo con ellos. Fue el caso con Mauricio Merino, Irma Eréndira Sandoval y Alfredo Figueroa. Detallaré el caso de este último porque se distinguió por varias razones. Es de un estado del interior, tiene experiencia en organizaciones ciudadanas (uno de los fundadores en Puebla de Alianza Cívica), fue consejero electoral, quedó en segundo lugar en la calificación concedida por los diputados y tuvo una presentación tan afortunada que los diputados, como en el teatro, se pusieron de pie para ovacionarlo.
Sergio Aguayo Quesada, Reforma, 13 de febrero.

Que no haya sido seleccionado confirma lo irrelevante del proceso anunciado. Si sólo tomáramos en cuenta las calificaciones obtenidas por los 39 finalistas, Leonardo Valdés obtuvo el lugar 21, Marco Antonio Baños el 31 y Benito Nacif el 35. Pero ya habrá tiempo para opinar sobre las virtudes y los lastres de los nuevos consejeros. Por ahora regreso al principal hilo conductor
Después de que eligieron a los tres consejeros pedí la opinión de Clara Jusidman, una experimentada y eficaz defensora del interés común desde las trincheras ciudadanas. Para ella, fue otra "derrota para la ciudadanía organizada" porque los legisladores ignoraron las candidaturas provenientes de la sociedad; porque "van a sacar a los consejeros preocupados por tener relación con este sector (Albo, González Luna y Latapí)"; porque los seleccionados no han mostrado tener un interés en relacionarse con los organismos civiles; y porque ignoraron el criterio del género. En síntesis es un consejo "de y para los partidos". No es algo excepcional; están cocinando una farsa parecida.
Sergio Aguayo Quesada, Reforma, 13 de febrero.

La elección del nuevo presidente del IFE y otros dos consejeros electorales ha desatado la enésima campaña contra la “partidocracia”. Entiendo que hay motivos suficientes para criticar a los actuales partidos y a sus grupos parlamentarios, pero no es esa la razón de quienes un día sí y al otro también se rasgan las vestiduras en defensa del inerme ciudadano. Para esos severos críticos –que no llegan a las alturas teóricas de los ideólogos conservadores que los inspiran–, la oposición entre el ciudadano y el partido (o entre el gobierno y la ciudadanía) se sustenta, en realidad, en un sofisma, consistente en reducir a los “representantes de la nación”, como define la Carta Magna a los diputados, pero también a los “militantes” de los partidos, a ser una clase aparte de no ciudadanos, una especie de ornitorrinco político amenazador que la sociedad debería mantener a raya (habría que considerar, por cierto, cuál es el perfil de ese ciudadano imaginario capaz, por ejemplo, de comprar espots en televisión). Como sea, la afirmación de los intereses partidistas es vista por ellos como una petición de principio excluyente, como si la democracia fuera posible sin darle legitimidad al pluralismo sobre el cual se funda la “asociación” de los ciudadanos en partidos. En fin, el debate es viejo, aunque ha resucitado al calor de la reforma electoral recién aprobada, con el nuevo enfoque sobre las campañas y los medios, pero también con el nombramiento de los consejeros del IFE, asunto cuyo manoseo y trivialización fue aprovechado para denostar –ojo puristas– a los órganos e instituciones de la democracia representativa
Adolfo Sánchez Rebolledo, La Jornada, 14 de febrero.

Cuatro años después no tengo más remedio que recurrir otra vez a este título para referirme al nuevo proceso de designación de consejeros y que ya arrojó los nombres de los primeros tres funcionarios electorales: Leonardo Valdés Zurita, como consejero presidente, Marco Antonio Baños y Benito Nacif. Con la diferencia de que ahora el desaguisado es peor que el de 2003 por la sencilla razón de que, en esta ocasión —presionados por la necesidad de volver a dotar de credibilidad al IFE, una vez que por su culpa prácticamente lo sepultan—, los partidos optaron por inventar un proceso aparentemente democrático de selección de consejeros que terminó revelándose como un burdo montaje para preservar sus intereses y seguir eligiendo mediante cuotas a los consejeros con los que mantienen más afinidades y vínculos políticos.
La designación ahora es más grave que hace cuatro años porque si antes era un descaro, ahora hubo de por medio una gran mentira a la sociedad, un engaño mayúsculo, una simulación que no hace sino mostrar el poco aprecio que nuestros representantes tienen por la ciudadanía: una masa sin rostro, ignorante y apática, que puede manipularse a conveniencia y sin ningún tipo de reparo. La simulación fue tan sucia que los propios partidos se encargaron de destapar la cochambre con sus declaraciones tan absurdas como contradictorias entre sí
César Cansino, El Universal, 15 de febrero.

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