Con un inmerecido aplauso a los líderes parlamentarios, solicitado por la presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, concluyó ayer a las cuatro y media de la tarde el tortuoso proceso de designación de tres consejeros electorales, incluido su presidente, integrantes del Consejo General del Instituto Federal Electoral.
Miguel Ángel Granados Chapa, “Plaza Pública”, Reforma, 8 de febrero.
La vergonzosa (y como tal maloliente) purga del IFE no ha terminado. Tampoco la ilegalidad de este consejo entrante. Son hijos de una violación constitucional y si bien ellos no la cometieron gracias a ella existen y forman parte de la nueva camada de burócratas de oro del maltrecho IFE.
Ya nos dirán si la revisión pendiente de los “spots” indocumentados es su primer acto o su primer disimulo.
Rafael Cardona, “El Cristalazo”; Crónica, 8 de febrero.
A final de cuentas, después de un proceso presuntamente ciudadanizado, lo que ocurrió fue simplemente un reparto de posiciones entre los tres principales partidos.
La novedad fue que en esta ocasión sí participó el PRD y que fue este partido el que propuso al ahora presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Leonardo Valdés Zurita.
Adrián Trejo, “Engrane”, El Economista, 8 de febrero.
Después de la vuelta a la tómbola política nacional con la selección de los nuevos consejeros del Instituto Federal Electoral, lo único que me queda es una imagen de antidemocracia, partidocracia, barbarie intelectual y política.
De verdad, no sé con qué cara pueden presentarse los políticos mexicanos, de todos los partidos, para reclamar el producto de su adefesio. Violando la Constitución acabaron con la autonomía del IFE y ahora llevan a nuevos consejeros a los puestos burocráticos mejor pagados del país.
Víctor Sánchez Baños, “Poder y dinero”, Crónica, 8 de febrero.
Lo que se espera es que una vez que el PRD se involucró en la designación de estos tres nuevos consejeros, el jaleo al interior del Instituto sea menos intenso.
Sin embargo, queda el tufillo que provoca la injerencia de la Cámara de Diputados en la vida interna del IFE a través de la figura del Contralor, que deberá ser nombrado por los legisladores y el cual deberá reportarles directamente a ellos.
Adrián Trejo, “Engrane”, El Economista, 8 de febrero.
En términos generales esta negociación política es una vergüenza, un retroceso histórico que hoy lo vemos como parte del paisaje. Los partidos se convirtieron en jueces y parte. Si alguien no les gusta violan la autonomía y lo quitan. Ellos mandan en la democracia. Es una vulgar partidocracia. Esta es la verdad.
Víctor Sánchez Baños, “Poder y dinero”, Crónica, 8 de febrero.
Porque el nuevo presidente (exyerno del luchador social Heberto Castillo, exesposo de Laura Itzel Castillo) tiene una amplia experiencia en temas electorales.
Benito Nacif Hernández y Marco Antonio Baños Martínez, los nuevos consejeros electorales, lograron amplios consensos (para los que los escogieron, no para nosotros, los ciudadanos)...
Eva Makívar, “La creme de la creme”, El Financiero, 8 de febrero.
Tras meses de jaloneos, en los que se vulneró el decoro institucional, las fracciones partidistas de San Lázaro designaron a un nuevo presidente del Consejo General del Instituto Federal Electoral (IFE) y a dos consejeros de recambio. El hecho, que a primera vista podría parecer un primer paso para remontar el descrédito de ese organismo, en realidad lo ahonda, habida cuenta de la manera tan poco transparente –es decir, turbia– en que se alcanzó el acuerdo correspondiente: en negociaciones nocturnas, a espaldas de la sociedad y sin tomar en cuenta las trayectorias de los candidatos.
Habría sido deseable, y hasta exigible, que el proceso de renovación del instituto electoral y la selección de sus nuevos funcionarios hubiese pasado por una discusión, de cara a la ciudadanía, de los perfiles idóneos para los cargos a ocupar y de los lineamientos que deben regir a esa institución en los próximos años a fin de restituirle su credibilidad y su autoridad moral, demolidas por el mal desempeño del Consejo General pasado durante las campañas y las elecciones presidenciales de julio de 2006. En cambio, la selección de los nuevos funcionarios electorales se caracterizó por las exclusiones sin argumentación, las postulaciones arbitrarias y los vetos inexplicados.
Editorial, La Jornada, 8 de febrero.
Parecía que estaban en una comisión sin salida, como lo estaban, y por eso, vencido el plazo legal del 13 de diciembre, antepusieron mandato constitucional a lo que llamaron “un acuerdo de consenso”, eufemismo para referirse a la unanimidad en tiempos de dudas.
En el G-3, como identifican en el Congreso a la tríada Héctor Larios, PAN; Javier González Garza, PRD, y Emilio Gamboa, PRI, congelaron el calendario legislativo y, ante la distancia del perredista, se fueron por el mal arreglo ante la inminencia de un buen pleito.
Joaquín López Dóriga, “En privado”, Milenio, 8 de febrero.
Con los nuevos nombramientos se esperaba una decisión digna que derivara en la conformación de una instancia electoral semejante a la extraordinaria experiencia que encabezó José Woldenberg, donde participaron además, entre otros, Jaime Cárdenas y Jesús Cantú.
Sin embargo, ayer la Cámara de Diputados tomó una decisión peor que la de hace cuatro años. Nuevamente votó por un grupo de consejeros cuya misión es cerrarle el paso a la izquierda. En este caso, la derecha tuvo la inteligencia de poner al frente del organismo a un clon de Jorge Alcocer, es decir, a un personaje que hace años militó en el Partido Mexicano de los Trabajadores y que a partir del salinato hizo de la lucha contra la izquierda razón de ser.
No en balde, en 2000, Leonardo Valdés votó en contra del registro de AMLO a su candidatura para el gobierno del Distrito Federal.
Martí Batres Guadarrama, “Objeciones de la memoria”, El Gráfico, 8 de febrero.
De noviembre del año pasado a ayer se llevó a cabo una redición de la componenda, con la única diferencia de que en esta ocasión se permitió participar en ella a los legisladores perredistas y hasta se terminó por aceptar a la persona propuesta por ellos para la presidencia del IFE. Los excluidos, en esta ocasión, fueron los ciudadanos en su conjunto. Sin dar oportunidad al debate y a la exposición de programas por parte de los posibles, y sin recabar el sentir de la sociedad sobre las trayectorias que mejor podrían garantizar el regreso de la independencia y la imparcialidad al organismo electoral, los partidos políticos se dieron a sí mismos un arbitraje tan dudoso como el anterior
Editorial, La Jornada, 8 de febrero.
Buscaban a tres consejeros del IFE, entre ellos a su presidente, pero no atinaban. El PRI con Jorge Alcocer, el PAN con Mauricio Merino, y el PRD con el ministro de la Corte Genaro Góngora Pimentel, al que le hicieron creer que la presidencia del IFE era suya y estaba hecha.
Al final, ninguno “transitó”, como dicen en esa jerga.
El PRI se quedó sin Alcocer porque incumplía los requisitos legales, que modificó a la medida pero que llegaron tarde cuando PAN y PRD se opusieron a anular la convocatoria: expedir una nueva y extender de tres a seis los nuevos consejeros; el PAN perdió a Merino porque, no obstante sus prendas, fue vetado por el PRI y el PRD, y éste se quedó sin el maestro Góngora, a su vez vetado por PRI y PAN por su cercanía con López Obrador.
Joaquín López Dóriga, “En privado”, Milenio, 8 de febrero.
La Comisión de Gobernación de la Cámara empeoró el criterio excluyente al reducir a 39 el número de candidatos, después de practicar una calificación no prevista en la convocatoria y que, por lo mismo, se fundó en criterios subjetivos. Se estableció además una jerarquía entre los aspirantes, en función de la nota alcanzada, que a la postre resultó burlada por la Junta de Coordinación, a la que por un lado se le menguó el universo en que hubiera podido escoger y por otro lado desestimó el orden en que fueron enlistados los candidatos, pues móviles distintos a la calificación decidieron finalmente los nombramientos.
Miguel Ángel Granados Chapa, “Plaza Pública”, Reforma, 8 de febrero.
Fue el final de una larga historia mal llevada. Hubo violación a las reformas constitucionales aprobadas por esos mismos diputados que ayer cumplieron con la cruda realidad de votar en urnas transparentes y con métodos nuevos cuando en el fondo lo grave está en el incumplimiento del plazo establecido por ellos mismos para haber designado al trío de consejeros y el riesgo evidente de que alguien se inconforme con el proceso jurídico seguido hasta ahora e inicie un litigio judicial en busca de echar abajo lo realizado por Diódoro Carrasco, Emilio Gamboa, Héctor Larios y Javier González Garza. Embriaguez de poder legislativo que llevó a montar la farsa de la apertura de las plazas del IFE a ciudadanos que se sintieran con merecimientos y que concurrieron por cientos, llenando con creces varios de ellos los requerimientos técnicos y cívicos que supuestamente se buscaban para, con los mejores mexicanos, remontar el descrédito y la vergüenza de la administración Ugalde, canjeada calderónicamente por una reformilla fiscal que a fin de cuentas quedó tan empequeñecida como la moneda de canje llamada Nuevo IFE
Julio Hernández López, “Astillero”, La jornada, 8 de febrero.
En suma: si la designación de los tres nuevos funcionarios electorales, incluido el consejero presidente, no se decidió con base en las capacidades personales y en el debate público, cabe sospechar que se haya fundado en el cálculo de lealtades de los postulados a los postulantes, en intercambios de posiciones de poder por apoyos parlamentarios y en concesiones en materia de programa político. Es real e inevitable, por ello, el riesgo de que los funcionarios recién designados no se conduzcan con la imparcialidad necesaria y que actúen no con el propósito de cumplir la ley sino para pagar favores. Más allá del organismo electoral, cabe preguntarse qué habrá comprometido la bancada del sol azteca a cambio de que los diputados panistas y priístas aceptaran entregar la presidencia del organismo electoral a una persona propuesta por el PRD. Más aún, hay margen para dudar de que este “nuevo IFE” sea capaz de remontar la sima de desprestigio a la que lo condujo el anterior Consejo General, encabezado por Luis Carlos Ugalde
Editorial, La Jornada, 8 de febrero.
Y así llegaron a la medianoche del miércoles, cada uno con dos finalistas: Benito Nacif y Fernando Ojesto, por el PAN; Carlos Sirvent y Marco Antonio Baños, por el PRI, y Lorenzo Córdova y Leonardo Valdés, por el PRD.
Las primeras horas del jueves encontraron al G-3 en el último jalón que se destrabó cuando, luego de consultas, salidas y entradas, Larios y Gamboa estuvieron de acuerdo en la propuesta de González Garza: Leonardo Valdés para consejero y presidente del IFE, lo que se consumó al amanecer y se votó al atardecer.
Así se cruzó este puente roto, a diferencia de hace cinco años con Pablo Gómez, ahora con un PRD que no sólo fue protagonista y no se autoexcluyó como entonces, sino que alcanzó una de sus victorias más importantes al lograr llevar su propuesta de consejero electoral a la presidencia del IFE.
Joaquín López Dóriga, “En privado”, Milenio, 8 de febrero.
Un artículo transitorio de la reforma constitucional en materia de elecciones obligaba a los coordinadores parlamentarios a someter al pleno de la Cámara la propuesta de nuevos integrantes del consejo del IFE a más tardar el 13 de diciembre, la víspera misma del fin del periodo de sesiones ordinarias. No consiguieron hacer los nombramientos por la rigidez de posiciones excluyentes en las tres fracciones de mayor tamaño, que impidieron la aceptación de aspirantes cuya experiencia electoral o cuya investidura actual o cuya sintonía con la sociedad civil les daba una dimensión eminente.
Miguel Ángel Granados Chapa, “Plaza Pública”, Reforma, 8 de febrero.
A nadie pudo sorprender, por lo mismo, que la votación se hiciera en el pleno de la Cámara de Diputados sin discusión alguna, y que como en los regímenes fascistas se votara en una boleta previamente impresa, sin permitírsele a los legisladores discutir los nombres de los aspirantes, pues a pesar de la importancia del asunto, incumpliendo una vez más los diputados su obligación constitucional de discutir lo que era una propuesta de la Junta de Coordinación Política, únicamente cuatro representantes del PRD, disidentes de su jefe de bancada, alzaron su voz para discrepar del grotesco espectáculo y de la manipulación hecha por la presidenta en turno de la Cámara, la diputada Ruth Zavaleta, del grupo de los Chuchos
Luis Javier Garrido, La Jornada, 8 de febrero.
Ayer comenzó a funcionar el Instituto Federal de la Exclusión Electoral: de la mano de los intereses del senador priísta Manlio Fabio Beltrones (y su ideólogo reformista, Jorge Alcocer) fue instalada en un tercio dominante una cómoda administración miniaturizada de los próximos procesos comiciales que desde ahora hace a un lado al segmento político y social que en 2006 quedó oficialmente 0.56 por ciento abajo del impugnado ganador. Fue una traslación de la doctrina “moderna” y “civilizada” del izquierdismo chuchista: el presidente de ese instituto envenenado fue propuesto “por el PRD”, pero responde más a los intereses del panismo y el priísmo; el estilo Zavaleta de San Lázaro llevado ahora a las piernas electorales: ¡Ruth vive, la farsa sigue!
Julio Hernández López, “Astillero”, La jornada, 8 de febrero.
Los que de plano no conocen la ética, la moral ni la vergüenza, amable lector, son todos los legisladores que, después de violar la Constitución el pasado diciembre, ayer hasta de aplausos se dieron.
Y ahí, con sonrisas cínicas (bunch of pricks) rodeados de la impresentable Zavaleta, pretendieron venderle al respetable que la legalidad no estaba muerta... sino andaba de parranda. Borrón y cuenta nueva. La ley ha sido restaurada. Y de pilón, ¡Calderón se suma a las felicitaciones, faltaba más...!
Y así se coronó el grotesco espectáculo legislativo de esta ¿ilegal? y desordenada elección gracias a los trueques de las reformas impulsadas por el inquilino de Los Pinos, quien para cerrar la semana ante empresarios extranjeros, afirmó que su gobierno toma medidas para garantizar la seguridad de los turistas y de las inversiones (¿?) en nuestro país.
Marcela Gómez Zalce, “A puerta cerrada”, Milenio, 8 de febrero.
Este jueves 7 de febrero culminó en la Cámara de Diputados un largo e inédito proceso, que es a la vez el comienzo de la renovación escalonada del Consejo General del IFE.
El pleno de la Cámara, en cumplimiento de sus facultades, eligió por mayoría calificada (más de dos terceras partes de los legisladores presentes) a tres profesionales con amplios conocimientos y experiencia en materia electoral: Leonardo Valdés como consejero presidente, y a Benito Nacif y Marco Antonio Baños como consejeros miembros del Consejo General.
Concluye así un ejercicio iniciado el pasado mes de noviembre, cuando se aprobó la reforma constitucional en materia electoral, iniciativa que generó, entre otras cosas, un mandato a la Cámara de Diputados para comenzar la renovación del Consejo General del IFE “con amplia participación social”.
Diódoro Carrasco, Milenio, 9 de febrero.
Finalmente, los diputados llegaron a acuerdos y designaron a los consejeros electorales (¿ciudadanos?).
Al margen de las credenciales académicas y meritorias de LeonardoAntonio Valdés Zurita, flamante consejero presidente del IFE, el proceso de su designación fue desaseado y a contrapelo de la ley pactada por los mismos partidos grandotes.
El reto ahora será regresar el carácter ciudadano del IFE, a pesar de la burda negociación partidista y las nuevas figuras jurídicas, como el contralor.
Es momento de diluir el peso del tripartidismo en las decisiones de un órgano que se supone ciudadano. Ese será el reto.
Ciro Di Constanzo, “Al dente, actualidad en su punto”, Excélsior, 9 de febrero.
Lo nuevo es que el consenso básico se recuperó y la Cámara de Diputados concluyó sus tareas pendientes. Esto es una buena noticia para el propio IFE, para los partidos políticos y, sobre todo, para los ciudadanos, cada vez más concientes del valor de su voto.
Incluso es tanto más importante porque en el futuro próximo sólo podemos vislumbrar elecciones competidas, lo que acrecienta la trascendencia de contar con un árbitro electoral imparcial, profesionalmente capaz y sin sombras en cuanto a su legitimidad democrática.
Diódoro Carrasco, Milenio, 9 de febrero.
Indignación es lo que los ciudadanos podemos sentir con relación a la negociación sobre los tres nuevos consejeros electorales, entre ellos el presidente del IFE. Vergüenza también porque la clase política parece no estar a la altura de lo que el país demanda. Porque lejos de asumir una visión de Estado y enarbolar un proyecto de país que responda a las aspiraciones democráticas de millones de mexicanos, se regodea en la frivolidad en algunos casos y, en otros, hace gala de su impunidad cuando de proteger sus muy particulares intereses se trata. Cuándo González Garza dice con todas sus letras y sin ningún pudor que para lograr el consenso quebrantaron la Constitución (claro que la violamos, ¿y? dijo en la entrevista que le hizo José Cárdenas en su noticiero) está reconociendo que esa institución, encargada de vigilar que se cumpla con los ordenamientos legales en materia electoral, tiene un profundo problema de origen: su ilegalidad.
Rosario Robles, Milenio, 9 de febrero.
Finalmente, el pleno de la Cámara eligió a los tres consejeros que terminarán su periodo en 2010, a los tres que serán relevados en agosto próximo y, por exclusión, a los dos que concluyeron sus funciones de inmediato.
Llaman positivamente la atención algunas declaraciones iniciales de los nuevos consejeros, especialmente la de Leonardo Valdés, quien sostiene que el IFE “debe mantenerse como pilar de la consolidación y desarrollo de la vida democrática mexicana”. También reconoce que el reto del renovado Consejo General es recuperar la confianza de los ciudadanos de cara al inicio del proceso electoral de 2009.
Diódoro Carrasco, Milenio, 9 de febrero.
Cuando la tríada de la partidocracia en la Cámara de Diputados señala que los consensos están por encima de la Carta Magna, envía el ominoso mensaje de que se vale quebrantar y manipular la ley en aras de lograr acuerdos en torno a sus agendas (que no son las del país ni las de la mayoría de sus representados). Si se participa en la repartición del pastel, todo se vale. Por eso sorprende que personalidades como el ministro Góngora Pimentel, con una trayectoria impecable y cuya tarea ha sido hasta ahora velar porque se acate la Constitución, desde el 13 de diciembre no haya renunciado a continuar con esta aventura a sabiendas de que ya se había incumplido el mandato constitucional. En qué condición estaría en estos momentos de haber sido nombrado presidente del órgano electoral. En qué condición queda después de haber sido carne de cañón y de negociación en este proceso. Es de meditarse. De la misma manera que lo es que se aplauda una decisión tomada en lo oscurito, sin mayores argumentos, sin transparencia alguna sobre los criterios utilizados para las personas escogidas que no sean los de las cuotas para cada uno de los tres grandes partidos que, se ha dicho de manera insistente, han hecho del IFE su principal rehén.
Rosario Robles, Milenio, 9 de febrero.
Por fin llegaron los tres nuevos integrantes del Instituto Federal Electoral. Por fin parece que la discusión sobre el 2006 y ese endemoniado proceso electoral podría terminar.
Este proceso, que tuvo violaciones constitucionales grotescas, que pisoteo la dignidad de algunas y algunos que tuvieron la ‘osadía’ de postularse, que colocó todos los incentivos en los lugares equivocados, ha llegado a su fin y parece que es un buen final.
Los partidos políticos en la Cámara de Diputados tomaron una decisión, cosa que ya es de sí una novedad y votaron por mayoría calificada a Leonardo Valdés como presidente del IFE y a Marco Antonio Baños y Benito Nacif como consejeros electorales. Los tres tienen sólidas formaciones profesionales y experiencia en materia electoral, en particular los dos primeros que fueron parte de la construcción del IFE y de su estructura en momentos de éxito institucional.
Luciano Pascoe, “La zanahoria del caballo”, Crónica, 10 de febrero.
A destiempo y deformadamente, los líderes de las tres principales fracciones de la Cámara de Diputados decidieron quienes serían el consejero presidente del IFE y los dos consejeros de repuesto. Era un pendiente mayúsculo de la agenda legislativa, luego del desfondamiento del organismo rector de los comicios, vulnerada gravemente su credibilidad por las elecciones de 2006 y ultimado por la reforma constitucional, pergeñada por el Congreso. Leonardo Valdés (presidente del consejo), Benito Nacif y Antonio Baños fueron los elegidos y, pregonan —con orgullo las élites camerales— lo fueron por “consenso”.
Alan Arias Marín, Milenio, 10 de febrero.
Parto de los montes en San Lázaro: Héctor Larios, Emilio Gamboa y Javier González Garza engendraron el ratoncito del IFE. El PRD propuso a Leonardo Valdés para presidirlo, y López Obrador grita su desconfianza: “Todos tienen que ver con el PRI y el PAN”. Ayunos de lógica parlamentaria, los diputados empuñan pancartas mal escritas para protestar al pie de la tribuna. En Xicoténcatl, Carlos Navarrete pone una vela a Jesús y otra al Peje; Santiago Creel alza la voz y lo calla Germán Martínez. Y Manlio Fabio Beltrones, al frente de la reforma del Estado, se deja querer por los innumerables personajes en busca de autor. Queda, sin embargo, el poder acotado del cesarismo sexenal, poder recibido sorpresivamente por los gobernadores de la transición, auténticos mandatarios en espacios de poder real
León García Soler, “A la mitad del foro”, La Jornada, 10 de febrero.
Los diputados no estuvieron a la altura en el proceso de designación de los consejeros del IFE. Violaron la Constitución al no cumplir el término señalado en la reforma por ellos aprobada. La cuestión es de legalidad, también de elemental responsabilidad política. El agandalle por quienes mandan en el Congreso ha infligido un daño serio al órgano electoral. Las designaciones, aunque aceptables y con el aval de las tres principales fuerzas, no lo alivian. Las dificultades se conjuran con la independencia y legalidad en el desempeño del consejo renovado y esto se manifiesta en lo que las cúpulas de los partidos no quieren: control, legalidad y sanciones. Pero las reglas ahora son distintas y ponen en condición de desventaja al IFE respecto a los partidos.
Federico Berrueto, Milenio, 10 de febrero.
En la jeringonza del discurso político mexicano (de impostada y patética ilustración politicológica) el recurso al consenso ya reclama —no sólo disenso— sino alarma. La orfandad intelectual conduce a un equívoco mayúsculo al respecto; unanimidad que es puesta en prelación, incluso, respecto de la ley. “Sí, violamos la Constitución pero logramos el consenso” o “el mayor consenso posible” como supuesta orden superior al mandato constitucional. El consenso es una de las modalidades más antidemocráticas posibles. Está en el extremo más distante de la regla de mayoría, toral para la democracia; basta una sola voz discordante para romperlo. Procedimiento de alta dificultad y elevados costos, haciendo la toma de decisiones tortuosa y el acuerdo prácticamente inverosímil (como hizo evidente el eficaz doble juego de la oposición semileal del PRD). El consenso como consigna es sustancialmente heterogéneo a la primacía de la mayoría y su complemento, el reconocimiento y ponderación de de las minorías, las que —aún en su derrota por vía del número— dejan asentados sus criterios y argumentos divergentes, posibilitando la continuidad de la deliberación racional; verdadero fundamento de la política entendida como cooperación racional y no mero conflicto de voluntades e intereses.
Alan Arias Marín, Milenio, 10 de febrero.
CUANDO Felipe Calderón calificó el nombramiento del nuevo presidente y los dos consejeros del IFE como el resultado de un acuerdo sin precedentes no exageraba.
Y ES QUE, aunque se tardaron en lograrlo, los negociadores destrabaron un asunto que parecía que tendría que aprobarse por mayoría y no por consenso.
PERO, SOBRE TODO, porque los nuevos consejeros electorales recibieron los votos de la mayoría de los legisladores del PRD, que cruzaron la línea marcada por Andrés Manuel López Obrador, lo que se traduce en una victoria política para el Presidente.
AHORA SÓLO FALTA que el consenso legislativo se traduzca en un cambio también sin precedentes para el IFE.
PORQUE sería muy triste, por decir lo menos, que el rendimiento de los nuevos consejeros no esté a la altura del acuerdo político que los llevó a sus cargos.
F. Bartolomé, “Templo Mayor”, Reforma, 10 de febrero.
El presidente Felipe Calderón calificó la elección de los nuevos consejeros del IFE como "un acuerdo histórico" con el que se demuestra "la capacidad de generar bienes públicos que puede dar la política". Los mexicanos podemos hablar, dialogar, entendernos y "por encima de nuestras diferencias políticas e ideológicas ponernos de acuerdo", subrayó el primer mandatario. ¡Poco le faltó para decir que los legisladores que hicieron posible el mencionado acuerdo eran héroes! Exclaman sus críticos.
Luis Soto, “Agenda confidencial”, El Financiero, 11 de febrero.
Si una de las obligaciones políticas de los legisladores radica en el cumplimiento estricto de la Constitución, la designación de nuevos consejeros del IFE implicó cuando menos tres graves violaciones a la letra de la Carta Magna:
1) Los legisladores no cumplieron con el plazo de designar consejeros el 18 de diciembre. Se trató de un plazo constitucional que ellos mismos no cumplieron.
2) La designación de los nuevos consejeros el jueves 7 de febrero fue anticonstitucional porque incumplió la fecha del 18 de diciembre.
3) Si la Constitución señala que las elecciones deben garantizar "certeza, imparcialidad, independencia, legalidad y objetividad", los nuevos consejeros representan intereses de determinados partidos y por tanto violan los cinco principios para elecciones realmente libres.
De ahí que el relevo del IFE se convirtió en una ruptura del orden constitucional por parte de los jefes de las bancadas de PRI, PAN y PRD en la Cámara de Diputados. Y ante esa ilegalidad, bastará algún amparo ciudadano contra la designación de nuevos consejeros para evidenciar la ilegalidad política en que metieron al país los legisladores.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 11 de febrero.
Valió la pena el retraso de diciembre para renovar el IFE. Retardo criticado y criticable, pero era mejor eso que mantener, al menos por seis años más, un IFE mutilado. En 2003 muchos minimizaron la pérdida de ese consenso y, con una visión estrecha y formalista, insistían en que era suficiente cumplir el requisito legal. No apreciaban lo valioso del acuerdo amplio, considerando la juventud y vulnerabilidad del Instituto. Todavía muchos hoy piensan que no era importante ese consenso. No quieren percatarse de que la actual crisis del IFE tuvo su origen en la forma en que se designó al Consejo General en 2003. Muchos otros, en cambio, vieron desde el principio lo que implicaba la pérdida del amplio respaldo al IFE, el daño que eso le haría y la consecuente merma a la confianza electoral
José Antonio Crespo, “Horizonte Político”, Excélsior, 11 de febrero.
El asunto es más complicado de lo que parece. Los jefes de las bancadas han desdeñado la violación constitucional. Pero son los mismos jefes de las bancadas que impusieron la censura a los ciudadanos para comprar tiempo en medios y emitir opiniones sobre los candidatos. Los jefes de las bancadas se han burlado del amparo solicitado por la Coparmex con el argumento de que se trata de un mandato constitucional, pero son los mismos legisladores que violaron flagrante e impunemente la Constitución al no cumplir con plazos constitucionales estrictos.
Por tanto, el IFE carece de autoridad moral, política y constitucional para organizar elecciones y sus nuevos directivos fueron producto de una gravísima violación constitucional.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 11 de febrero.
Es cierto, el proceso no fue el más adecuado, pese al barniz de amplia consulta ciudadana que se le quiso dar. Algunos de los personajes con más experiencia e idoneidad para ocupar la presidencia del IFE fueron descartados, más por venganzas políticas que por falta de méritos. Por fortuna, a esa masacre subsistió una figura con varios distintivos difíciles de congregar: conocimiento electoral, probidad personal y dignidad que defender, experiencia organizativa e institucionalidad. Lo que podía verse en principio como un inconveniente su baja exposición mediática— se convirtió en una ventaja relativa. No logró la unanimidad nadie lo haría hoy en día pero sí el voto de todas las dirigencias partidistas. Y es que Leonardo Valdés, aunque poco conocido públicamente, es uno de los expertos electorales más reconocidos en el gremio, con importantes aportaciones académicas en el área. Preparación teórica que combina con experiencia ejecutiva en el ramo. En todo caso, los partidos no quisieron repetir el grave error de nombrar como presidente del IFE a un improvisado con lustre artificial
José Antonio Crespo, “Horizonte Político”, Excélsior, 11 de febrero.
La reforma electoral constitucional fue violada paradójicamente por quienes la diseñaron. Nunca hubo argumentos sólidos para justificar la salida de Luis Carlos Ugalde de la presidencia del IFE, aunque sí existieron para imponer a su sucesor Leonardo Valdés Zurita como su sucesor por el padrinazgo del PRD. Lo grave de todo es que el PRD ha sido el partido más conflictivo en lo electoral. Y a pesar de ese pasado de violencia postelectoral, ahora el PAN y el PRI le entregaron el IFE como para legalizar la protesta contra los resultados electorales que no favorezcan al PRD.
Lo grave de todo fue la triple violación constitucional. Y bastará que algún ciudadano la impugne con un amparo para demostrar la ilegalidad de la nueva dirección del IFE y revertir las designaciones. Si no, de todos modos Valdés, Baños y Nacif carecerán de autoridad moral, legal, política y constitucional para organizar elecciones.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 11 de febrero.
Desde luego existe una diferencia sustancial entre el más reciente proceso de sustitución de los consejeros electorales y el ocurrido en 2003. Hace cinco años el partido de la izquierda tuvo la dignidad de protestar públicamente por su exclusión. Hoy el Partido de la Revolución Democrática (PRD) celebra y legitima la imposición de los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y Acción Nacional (PAN) de un Consejo General a modo.
Los más recientes nombramientos violentan la autonomía del Instituto Federal Electoral (IFE) al minar dos de sus ingredientes más importantes: pluralidad e independencia. Al quedar nuevamente desprovisto de una perspectiva crítica y progresista, el Consejo General del IFE mantiene su homogeneidad y monocronismo ideológico. Al repetir la utilización de un sistema de cuotas puras de los partidos políticos, la voz ciudadana y la independencia quedan una vez más al margen del instituto.
John Ackerman, La Jornada, 11 de febrero.
Me parece pues adecuada la decisión de casi 400 diputados al confiarle a Valdés la enorme responsabilidad de reconstruir en lo posible la “catedral del voto”, ahí donde recibe una vulcanizadora en quiebra. Desde luego, habrá que dar puntual seguimiento a su desempeño como cabeza del IFE y ponderar qué tanto logra recuperar la credibilidad electoral, faena nada sencilla, tras el lamentable paso de Ugalde por esa institución
José Antonio Crespo, “Horizonte Político”, Excélsior, 11 de febrero.
Preocupa el tobogán en que se desliza, hacia el pasado, la democracia mexicana.
En el orden federal los partidos de oposición y el gobierno han bailado un zapateado sobre la credibilidad y la autonomía del IFE que está ahora sujeto a prueba, obligado a remontar la curva del descrédito y a demostrar su independencia.
Donde teníamos una institución prestigiada y creíble, tenemos hoy una institución de plastilina acabada de salir de las manos caprichosas de los partidos.
Héctor Aguilar Camín, “Día con día”, Milenio, 11 de febrero.
Lo positivo para el país es que los chantajes quedaron atrás y todos los partidos en el Congreso votaron por los consejeros electorales. El PRD y los partidos de izquierda, sin embargo, lo hicieron divididos. Andrés Manuel López Obrador, el ex candidato presidencial que prepara ya su postulación para el 2012, cuestionó desde el primer día la legitimidad y honestidad de los nuevos consejeros, a quienes tildó de formar parte de un nuevo acuerdo entre el PAN y el PRI. Olvidó cómodamente que el nuevo presidente fue seleccionado por el PRD. López Obrador ha obtenido demasiado kilometraje de la teoría del complot como para abandonarla ahora.
Sergio Sarmiento, “Jaque Mate”, Reforma, 11 de febrero.
El escalonamiento seguirá y en agosto se irán otros tres; muy pronto veremos quién llega; y en octubre de 2010 se irán los últimos tres. Cada partido hizo sus cálculos y se quedó con sus cuotas. El PRI y el PAN ganan con este reacomodo; el PRD sigue en desventaja. El Consejo General seguirá partidizado y el IFE estará intervenido por el Poder Legislativo mediante un contralor. Ese será el nuevo IFE. Sin duda, pudo haber sido mejor…
Alberto Aziz Nassif, El Universal, 12 de febrero.
El nombramiento del nuevo consejero presidente del IFE, y de dos consejeros más, por parte de la Cámara de Diputados, ha recibido una opinión desfavorable, tanto en referencia a los propios consejeros como hacia la diputación federal. Comentarios negativos o descreídos van y vienen. Andrés Manuel López Obrador descalificó la labor de los diputados, incluidos los de su partido, y, más aún, a los consejeros seleccionados. De grises y mediocres no se les ha bajado, pasando por el desconocimiento generalizado de sus capacidades profesionales, lo cual, obviamente, no los descalifica.
Como en toda labor de la política, es imposible congraciarse con todos. Es posible, en cambio, hacerlo con unos cuantos. En este caso, el del nombramiento de los nuevos consejeros del IFE, habiendo roto con todos los tiempos legales, incluso constitucionales, además de los políticos, era previsible una dificultad mayor. Cualquier impugnación legal por parte de algún participante en el proceso podrá, con toda certeza, revertir la determinación de la mayoría de los diputados
Ricardo Pascoe, El Universal, 13 de febrero.
Después de todos los méritos alcanzados por la reforma electoral, la designación de los consejeros estuvo a punto de malograr lo conseguido, pero finalmente los diputados lograron sacar el asunto y la designación de Leonardo Valdés como consejero presidente habla de la disposición de erradicar cualquier signo de control partidista sobre el órgano electoral y de la voluntad para que las cosas se hagan como tienen que ser en el IFE.
René Arce Islas, Crónica, 13 de febrero.
¿Qué elementos o consideraciones determinaron el resultado final? Sin duda influyeron los intereses partidistas como factor determinante. Intereses que, la verdad sea dicha, no quedan totalmente claros a la luz del resultado final. Sin embargo, el cálculo tenía que ser: un presidente que no cargue hacia ningún lado partidista y consejeros que serían “sensibles” a algunas preocupaciones partidistas específicas. Además, pesaron los prejuicios de los partidos contra individuos, incluso por razones personales, lo cual permitió que se diera cumplimiento a una dinámica de vetos. En el quehacer parlamentario, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, los vetos son un fenómeno que envicia y enturbia la toma de decisiones, transforma su sentido y da entrada a lo más oscuro del parlamentarismo.
Esta dinámica de negociaciones viciadas es lo que, en un primer momento, impidió la toma de decisiones dentro de los plazos legales previamente establecidos. Pero, junto con ello, surgió otro fenómeno, también propio del quehacer legislativo, pero dominado por la incultura democrática prevaleciente en la gran mayoría de los grupos parlamentarios. Se acordó, en un supuesto esfuerzo “democrático”, que las decisiones se tendrían que tomar por consenso. En consecuencia, puede decirse que la falta de consensos, y la desconfianza prevaleciente hacia las decisiones por mayoría, han hecho añicos la posibilidad de que un gobierno pueda gobernar con una mayoría parlamentaria. La mayoría (que no consenso) es vista como algo indebido en nuestro sistema político
Ricardo Pascoe, El Universal, 13 de febrero.
La reforma electoral y el reemplazo casi total del Consejo General mostraron la vulnerabilidad del órgano “autónomo”, la ilusoria “inamovilidad” de los consejeros, y sentaron un precedente pernicioso: desde el Congreso se puede intimidar y doblegar al IFE. Situación que prevalecerá mientras no se modifique el absurdo mecanismo que pone en manos de los partidos la elección y la suerte de quienes deben fiscalizar su actuación en la contienda.
El procedimiento convenido para seleccionar a los nuevos consejeros fue defectuoso, más aún la metodología para calificar a los aspirantes. Sin explicación alguna fueron excluidos, en la primera ronda, figuras tan solventes como Eduardo Huchim May y Fernando Serrano Migallón. En la fase final, la decisión de la Junta de Coordinación de agregar otros nombres a los 15 escogidos por la Comisión de Gobernación mostró la intromisión de quienes mandan en los partidos.
Alfonso Zárate, “Usos del poder”, El Universal, 13 de febrero.
En vez de promover una cultura democrática respetuosa de las decisiones mayoritarias, se buscó su sustituto en un instrumento que se llama “consenso”. Los consensos pueden darse en torno a una grave conflagración y amenaza del exterior o una tragedia inconmensurable en el interior. Pero, fuera del ello, lo más comprensible es la diferenciación, los desacuerdos y los disensos. Y no hay nada más natural que ello. Digo que el consenso es un sustituto al ejercicio democrático, pues supone que las mayorías no pueden gobernar este país.
Construir sobre consensos implica, por definición, ir al mínimo denominador común de cada asunto de Estado para estar de acuerdo. Es desconfiar de la fuerza de la mayoría y sugerir, de plano, su ilegitimidad o su inoperancia e inaplicabilidad. Los acuerdos se tornan, pues, en ejercicios donde lo mejor o lo más valioso, o lo más polémico, queda descalificado y lo más elemental y básico es lo único que puede transitar por los vericuetos del consenso. El consenso se erige en la escultura a la mediocridad y lo minimalista. El denominador común es lo que “une” a las fuerzas políticas en confrontación. El mensaje subliminal es, entonces, que lo que resulta aceptable, parlamentaria y políticamente, es la mediocridad y lo “no polémico”. Triste destino para un país tan necesitado de audacia, visión de futuro y fortaleza en el mando
Ricardo Pascoe, El Universal, 13 de febrero.
Pero más allá de los déficit del proceso, se evitó lo peor: haber llegado al nuevo término fijado por los propios legisladores, el 7 de febrero, sin un acuerdo entre las tres fuerzas mayores y, ante tal eventualidad, haber pospuesto nuevamente la elección o definido el desenlace sin la participación del PRD, repitiendo el “pecado original” de 2003.
Los nuevos consejeros llegan con el respaldo de los ocho grupos parlamentarios y con una mayoría contundente en el pleno
Alfonso Zárate, “Usos del poder”, El Universal, 13 de febrero.
Que el presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, Héctor Larios, hizo una peculiar convocatoria a los coordinadores de las otras siete bancadas en San Lázaro.
El líder citó a sesión esta tarde a sus contrapartes, pero esta vez en el Salón Azul del restaurante El Cardenal del Centro Histórico para celebrar con una comida el acuerdo alcanzado la semana pasada para designar a los nuevos integrantes del IFE.
“Trascendió”, Milenio, 13 de febrero.
No obstante, lo cierto es que, a pesar de que el nombramiento de los consejeros con base en cuotas es prácticamente inevitable mientras éste recaiga en la Cámara de Diputados, el nombramiento de Valdés, Baños y Nacif tiene dos características que no tuvo en el proceso de 2003: consenso de la mayoría de los partidos y experiencia electoral en dos de los tres consejeros, incluido su presidente, lo cual no es un detalle menor.
Desde luego que puede haber desconfianza en el consejero Baños, que viene de las épocas oscuras de las elecciones manejadas desde Gobernación, o en el consejero Nacif, cuyo conocimiento de la materia electoral es más limitado que el de los otros dos consejeros. Sin embargo, este IFE es mejor que el que había y, sin lugar a dudas, el nuevo presidente de ese organismo tiene más experiencia y más consenso que el anterior.
No es, desde luego, el mejor de los mundos, pero es un poco mejor que el anterior. Esperemos que esto haga que las elecciones de 2009 y 2012 sean más creíbles que las de 2006
Jorge Chabat, El Universal, 14 de febrero.
Indicadores significativos de la marcha atrás en materia democrática hay varios. El más reciente se tiene en la manera y resultado de la elección del presidente y de un par de consejeros del Instituto Federal Electoral (IFE). Al final, los legisladores no se ciñeron a sus propias reglas: eligieron no a quienes habían obtenido las mejores notas en un muy peculiar examen al que sometieron a los candidatos, sino a tres que estaban entre los que no sobresalieron -¡lugares 21, 31 y 35 de un total de 39!- pero que satisfacían las agendas particulares de los partidos. Es evidente que lo realmente importante de ese proceso no fue recuperar la calidad y autoridad del IFE sino asegurar para los partidos el control de una institución cuya esencia debe ser la independencia.
Lorenzo Meyer, “Agenda ciudadana”, Reforma, 14 de febrero.
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