Los recuerdos de los acontecimientos que les trae el vecindario y la memoria de quienes habitaron las casas han movido a algunos padres de jóvenes asesinados o heridos a dejar su casa y buscar otra, pero también otros vecinos quieren salir del vecindario y ya buscan su reubicación.
En la cuadra existen dos casas abandonadas que ya son presa de la basura y el graffiti, pero al menos 10 casas más podrían correr la misma suerte, en especial las que colindan con la marcada con el 1310.
Al día siguiente a la matanza, dos casas donde seis personas fueron asesinadas quedaron abandonadas; a los pocos días, los padres de Jesús Armando Segovia, alias "El Pelón", dejaron la vivienda y como despedida una leyenda sobre el poste: "Pelón, te queremos mucho y nunca te olvidaremos: toda tu familia".
Maricruz Camargo, madre de José Luis Aguilar, de 19 años, dice que las veces que han pasado la noche en su casa no han podido conciliar el sueño y están al pendiente de cualquier ruido, por lo cual, pedirá a las autoridades la reubiquen a un lugar más seguro.
"Es bien feo, porque oye uno cualquier ruidito y ya está una toda tensa", dice la mujer, "además se siente bien feo y no pudimos dormir ni yo ni mi esposo ni mi hijo y ahora la suegra es la que nos tiene que aguantar".
Al día siguiente de la tragedia, Carlos Ramírez junto a su esposa y su único hijo abandonaron su casa marcada con el 1304, y aunque ayer domingo regresaron a revisarla, sus muebles y ropa ya no están ahí.
El vivir junto al 1306 donde asesinaron a tres personas, les ha marcado y aunque lo han intentado en tres ocasiones, no han podido dormir en las noches que han pasado ahí y ahora piden ser reubicados.
"No pedimos que nos regalen, el chiste es no perder, ya tenemos 10 años de pagar esta casa y queremos que nos tomen en cuenta lo que les hemos hecho a las casas".
Frente a su domicilio tres casas están vacías; la 1307, la 1311 y 1309, donde vive Juan Coronado, quien aprovechó el domingo para visitar su casa, a la cual ya no piensa regresar.
Alonso Encinas, padre de José Adrián, el joven asesinado que tenía tres años consecutivos con calificaciones de 10 en el Cobach, evalúa también dejar la casa, debido a que le trae muchos recuerdos que le entristecen.
Su padre en Torreón le ofreció un sitio dónde vivir y lo está evaluando; ya terminó de pagar su casa marcada con el 1319 y ahora quiere ver qué le ofrecerán para no perder de un tajo su patrimonio.
María Elena Escobar, quien perdió a un hijo en la matanza, no se piensa ir si no le ofrecen un sitio más seguro donde vivir; quiere conseguir alguna ayuda como becas para su hermana Karina Dolores, quien huyó a Torreón con dos hijos en primaria para abandonar el barrio.
Héctor Castañeda, quien vive junto al 1310, sitio donde ocurrió la matanza de jóvenes, dice que los asesinos no entraron a su casa porque tiene rejas, por lo cual también quiere que lo reubiquen.
"Llego a la casa como a las doce de la noche y nomás llego a la cuadra se siente bien feo, se siente desolado, como si a uno lo fueran a matar también", dice el trabajador.
"Aquí era la cuadra más chida de la colonia, todos nos llevábamos bien, pero con esto nos cambiaron la vida, se llevaron la alegría y ahora la cuadra está sola, de noche no hay nadie y ya me quiero ir yo también".
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