El crimen pudo detenerse: La violencia en Juárez no es de ahora

"Urge establecer programas de inversión pública con participaciones federales, estatales y municipales, que fortalezcan tareas de seguridad pública y procuración de justicia… Los programas deben incluir infraestructura, capacitación, equipamiento, procesos de selección y tareas de prevención, así como abatir la impunidad”…

Fue propuesta para Ciudad Juárez. No el “plan integral” anunciado el jueves pasado por el gobierno federal para reducir la criminalidad, sino una recomendación apremiante planteada por la doctora Mireille Roccatti hace 12 años —15 de mayo del 98—, cuando era presidenta de la CNDH.

La hizo en el contexto de una violencia desatada en la ciudad, que tuvo en los feminicidios su punto más alarmante.

“Si las autoridades hubieran cumplido entonces esas tareas, Juárez no habría llegado al extremo donde está hoy”, dice.

Rocatti, hoy catedrática en temas de seguridad del Tecnológico de Monterrey, se une a una trilogía de reflexiones sobre la reciente estrategia calderonista, en la que también participan José Luis Piñeyro, investigador del departamento de sociología de la UAM y Daniel Hernández Rosete, investigador del área educativa del Cinvestav.

“Lo notificado por Calderón y el gabinete es un reconocimiento de que su estrategia represiva, de arresto a narcomenudistas y de descabezamiento de supuestas células criminales, no ha funcionado”, señala Piñeyro.

“Las medidas enlistadas no son suficientes. Se prometió, por ejemplo, duplicar el programa de becas escolares, pero si le van a dar a los chicos 300 ó 600 al mes, eso no sirve, sería una vergüenza, un recurso absurdo”, opina Hernández Rosete.

Desde tres ángulos distintos, se desmenuza el tema…

¿Tontos? “El Presidente habló y habló, pero no dijo nada nuevo. La violencia en Juárez no es de ahora, tiene años de gestarse… Desde 1998 expuse la necesidad de una política integral en desarrollo social, educación, transporte, espacios públicos, pero los gobernantes no le dieron seguimiento, ni siquiera la CNDH”, refiere Rocatti.

—¿Por qué el olvido?

—El país se quiere inventar cada seis años, en cada cambio de administración y en todos los niveles, se pretende descubrir el hilo negro y el agua tibia. En Juárez, el crimen se pudo detener a tiempo y no se hizo.

Hoy, éste es su retrato de la ciudad: “Como frontera, ha sido una zona propensa a clandestinidad e ilegalidad, con lugares para la venta de droga y alcohol, con centros de prostitución; un foco de atracción de inmigrantes, por la demanda de mano de obra para maquiladoras”.

Ante esa realidad, “las políticas reactivas del gobierno estaban destinadas al fracaso… Donde hay violencia, se manda a soldados y policías, a cada balazo se responde con otro balazo, pero es una visión inservible”.

—¿Qué se requiere entonces?

—Un proyecto social integral e inteligencia operacional, pero ni esto último se ha cumplido. Se presume el esquema de Plataforma México, pero no ha funcionado: tardaron más de una hora en llegar a donde acribillaron a los jóvenes. Si hubiera inteligencia, los hechos violentos se podrían anticipar.

Coloca sobre la mesa de análisis la ineficacia de los sistemas de investigación financiera de la Secretaría de Hacienda y de la PGR:

“Tienen sus departamentos especiales, pero no hay resultados. ¿Qué hacen los delincuentes con sus ganancias sino corromper a servidores públicos? La pregunta clave es: ¿hay o no interés del gobierno por enfrentar a la delincuencia?

—¿Qué diría usted?

—Tengo dudas, parece que no hay la intención de llegar al fondo del asunto, caiga quién caiga. Ahí está el ejemplo del tráfico de armas: pasan en camiones repletos… Los mexicanos no somos tontos, que no nos quieran poner el dedo en la boca.

Nervio. El plan, dice Piñeyro, “debe partir de que en Juárez hay un entorno socioeconómico crítico, del cual el crimen se nutre: un ejército de desempleados y pobres”.

—Ahora el Presidente habló de reconstruir el tejido social…

—Fue lo mismo que se dijo hace año y medio, cuando se firmó el Acuerdo por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad en Palacio Nacional… Por lo visto, no se trabajó en ese sentido. ¿Se trata de un nuevo enunciado por la coyuntura crítica, de un golpe mediático para calmar las aguas o de una verdadera reconsideración estratégica? No hay credibilidad.

Aunque ubica a Juárez como “punto rojo”, dice que no es la única ciudad en el país con índices delictivos alarmantes.

“Hay decenas, cientos de ciudades en donde habría que cambiar el modelo, se necesitaría un programa casi nacional, porque tenemos 55 millones de pobres extremos, más otros seis millones reconocidos en los últimos años. El tejido social no se ha desgarrado de la noche a la mañana, por eso al narco no le importa que le maten o le arresten a 100, porque en minutos puede reclutar a otros 100”.

—¿Cuáles serían las piezas clave del rompecabezas?

—El combate al medio financiero: si bien se ha informado de la detención de algunos lavadores, se trata de golpes esporádicos… Hay que golpear el nervio patrimonial y la estructura de prestanombres, también trabajar en serio en la rehabilitación de adictos y en campañas permanentes de prevención al consumo de droga, para sensibilizar a la población juvenil.

—¿Qué rescata de lo ocurrido el jueves?

—Acaso la actitud de relativa tolerancia del Presidente y los secretarios ante la ira de los juarenses, pero no les quedaba de otra… La imagen de una madre encarando al Ejecutivo no es fácil de borrar: sin duda, representó a miles que hoy quisieran lanzarle a Calderón los mismos reproches”.

Humanizar. En Juárez y en todo México, afirma Daniel Hernández Rosete —doctor en Sociología por la UNAM y académico del área de investigación educativa en el Cinvestav—, se ha desencadenado un desprecio por la educación.

Es el punto de partida de su análisis…

“Se desdeña el cambio social a través del proceso de escolarización, cada vez vale menos, no se le considera básico en la vida”.

—¿Por qué?

—Por la mercantilización del modelo económico: la idea general es que estudiar no tiene repercusión en una mejora financiera o salarial… Los jóvenes se cuestionan: ¿para qué ir a la escuela si voy a terminar con jornadas extenuantes y un sueldo bajo?

—¿Es posible revertir el panorama con la construcción de más escuelas, como propuso Calderón?

—No es el camino, necesitamos humanizar la dimensión educativa, reestructurar de fondo el sistema, ahora plagado de inequidad, falta de valores y corrupción.

—¿Hay relación entre la violencia y la falta de educación?

—No es una relación automática, me parece que la delincuencia se explica más por las conexiones complejas entre la clase política y el crimen organizado. La educación no es un recurso mesiánico ni salvador; sin embargo, un país con estándares educativos progresistas y humanísticos está más cerca de la paz.

—Y el incremento de becas, ¿funcionará?

—Si fuera un ingreso sustancial: seis mil o siete mil pesos al mes, merecería un aplauso de pie, pero si son migajas, no tiene caso. El gobierno cuenta con los recursos suficientes para promover un plan de becas que permita la dedicación de tiempo completo y no de tipo parcial, en el que se combina la escuela con el trabajo, eso no sirve, los estudiantes llegan a las aulas a dormirse.

—¿Y la ampliación de matrículas?

—Sería importante, principalmente a nivel secundaria y bachillerato, pero no es suficiente en un escenario tan corrupto…
Daniel Blancas Madrigal, Crónica, 14 de febrero.

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