Marcha contra la violencia en Juárez

Son entre mil y dos mil personas en una urbe de un millón de personas (como si marcharan diez mil en el Distrito Federal) que esta mañana de sábado han caminado por las céntricas calles de Ciudad Juárez hasta desembocar en el Puente Internacional Paso del Norte, también conocido como Puente Santa Fe, que cruza hacia El Paso, Texas.

Han marchado en protesta por la violencia que asola esta ciudad, en repudio a la reciente masacre de 15 jóvenes (ocurrida el 30 de enero), en demanda de que el Ejército y la Policía Federal abandonen el lugar, y con la exigencia de que renuncien el presidente Felipe Calderón, el gobernador José Reyes Baeza y el alcalde José Reyes Ferriz.

Marchan y cantan hasta el puente. Ahí los esperan unos cuantos soldados que optan por el repliegue y se esfuman. Y ahí, a una señal de un organizador de la marcha, todos, absolutamente todos los manifestantes caen al piso… ejecutados.

Es un performance. Un joven disfrazado con un uniforme militar gringo de la US Army y una máscara perfecta de Calderón está subido en el techo de un camión. Desde ahí ordena la ejecución. Tiene el rostro y las manos manchados de sangre. Otros jóvenes también disfrazados de soldados mexicanos y policías federales se pasean entre los ejecutados y, con sus fusiles de utilería, rematan a los caídos, que representan a más de dos mil 400 ejecutados en los últimos dos años.

Y ahí está, en cartulinas, la protesta de los juarenses caídos, hombres, mujeres, niños y uno que otro anciano que han marchado hoy, y que izan sus escritos:

“Ni una (mujer) más, ni uno (joven) menos”. “Viviendo calvarios por estos sicarios”.

“En la guerra contra el narco Calderón pone el discurso y Juárez ¡¡los muertos!!”. “Los juarenses merecemos vivir en paz”.

“Le fallaron al pueblo. Renuncien”. “Cómo esperan que sea el futuro si no nos dejan vivir el presente”.

“Hoy fue Manuel (joven ejecutado), ¿mañana quién será?” “Alto a muertes, robos, secuestros y extorsiones”. “Help. Esto ya no tiene nombre”.

Y ahí van unas mujeres, vestidas de luto, viudas de Juárez con velos negros en el rostro, gritando como todos los demás:

—¡Juarez-Juárez-no-es-cuartel, fuera-Ejército-de-él!

—¡La-gente-se-pregunta-los-sicarios-dónde-están, por-supuesto-son-soldados-que-nos-vienen-a-matar!

Ahí van caminando y gritando los juarenses vestidos de negro y hartos de la violencia. Ahí va uno que lleva un maniquí al hombro sin miembros inferiores, en alusión a los descuartizados. Y ahí va otra, disfrazada de mimo, que lleva una carretilla con un costal de cuyo interior salen un par de pierna y pies, lo que queda de un encostalado. Cosas de Juárez. Y ahí va con el rostro esperanzado, una guapa joven que simplemente se tatuó en la mejilla: “Paz”.

—Es lo único que queremos: paz. Ya no queremos estar llenos de sangre todos los días. Sólo queremos paz… —dice.

Sólo eso: paz en Juárez...

Con información de Juan José García.

Chihuahua. Juan Pablo Becerra-Acosta M., Milenio, 14 de febrero.

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