Dice Cuba adiós a libreta

LA HABANA.- El año que termina se llevará con él buena parte del modelo socialista cubano. Para los isleños, 2011 llega cargado de incertidumbres a un país en crisis, obligado a realizar cambios profundos en su sistema económico y productivo.

La gente aquí no está para muchas fiestas. Este año será el último con todos los servicios subvencionados, el empleo garantizado por el Estado y 50 por ciento de la comida asegurada por la libreta de abastecimiento.

El pasado miércoles, todos pudieron ver por televisión al Ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo, informando a los diputados que el déficit en 2010 fue de 3.8 por ciento, tres puntos más de lo que se había presupuestado.

Además, Murillo admitió que tampoco este año se cumplieron las previsiones sobre la producción nacional en varios sectores, y precisó que para compensar la falta de carne de cerdo, arroz, huevos, hortalizas, frijoles y cítricos, Cuba debe importar comestibles en 2011 por mil 600 millones de dólares.

Sin cuestionar la gestión gubernamental, la población asume, entre otras, la pérdida de 1.8 millones de empleos estatales para 2015, trabajadores que, según el Gobierno, se incorporarán al sector privado.

A la inseguridad laboral se suma la desaparición de la libreta de abastecimiento que, desde los 60, proporciona a cada uno de los 11.2 millones de cubanos una canasta básica subsidiada.

Criticada por unos como un anacronismo, pero considerada por otros como un derecho irrenunciable, nadie niega que el cuadernillo de color tabaco donde se apuntan las cuotas de pollo, pescado, aceite, arroz, huevos, frijoles, café, azúcar, jabón y pasta de dientes, que se reciben -cuando hay- a precios muy subvencionados, jugó su papel en los primeros años de la Revolución.

A finales de los 80 otra libreta similar incluyó productos industriales, entre ellos ropa, calzado, juguetes y cunas de bebé.

Actualmente insuficiente para todos, la comida de la libreta supone una sangría superior a los mil 500 millones de dólares anuales, insostenible para las arcas del Estado cubano.

Por ello, el Gobierno prevé su "eliminación ordenada", según un documento oficial que debate ahora la sociedad en asambleas sindicales y por barrios, y que centrará el sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba, a celebrarse en abril.

Para evitar que los sectores vulnerables se resientan, el plan prevé mantener la subvención a las personas necesitadas, y no a los productos como hasta ahora, garantizando la alimentación a los ancianos y los niños, y los centros educativos y de salud a quienes lo requieran.

Pero algunos temen que las altas tasas de paro y el fin de las subvenciones masivas acentúen las penurias de la población y, con ello, el aumento de la violencia.

"Raúl Castro ha dado un paso bien audaz, en una dirección que inquieta a muchos por desconocida. Aquí hay mucha necesidad y la gente está cansada de esperar tiempos mejores", dijo a REFORMA una funcionaria de 60 años.

Algunos expertos locales opinan que el ajuste es el intento consensuado de la generación que fundó la Revolución para ordenar la caótica economía del país y tienen esperanza en el pragmatismo raulista.

Pero economistas como Espinosa Chepe desconfían del proyecto "tímido y tardío".

"La sociedad necesita líneas económicas para encaminar los esfuerzos, pero no camisas de fuerza que imposibiliten las iniciativas creadoras de las personas", opinó el también ex preso político.

Diplomáticos extranjeros acreditados en La Habana también externaron a REFORMA sus dudas respecto al futuro de las reformas cubanas. En los años que Raúl Castro lleva intentando romper la inercia improductiva del país, no sólo no han mejorado las cosas sino que han empeorado, afirman.

"La agricultura, la construcción de viviendas, los servicios públicos, la calidad de la salud y la educación, todo se deteriora año tras año. El país no tiene credibilidad financiera en el exterior. Demora el pago de las deudas a los acreedores hasta límites inaceptables", opinó el consejero comercial de una Embajada europea.
Yolanda Martínez corresponsal, Reforma, 19 de diciembre.

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