Santos, el presidente de las “sorpresas”

BUENOS AIRES.— A Juan Manuel Santos parece no pesarle su reciente pasado político. Hace un año llegó al poder en Colombia como “el presidente de Álvaro Uribe”, pero desde entonces ha tomado medidas y políticas que lo han distanciado de su ex jefe político.El resultado: una alta popularidad en las encuestas, y una nueva relación con sus vecinos regionales que ha sorprendido a propios y extraños.

Pocos eran los que apostaban por Santos como presidente, los que creían que el ex ministro de Defensa podría manejar un gobierno eficiente y soltar amarras de su antecesor. Es más, muchos creían que Santos perdería las presidenciales frente a Antanas Mockus, del Partido Verde.

Sin embargo, Santos venció, y mañana cumple sus primeros 365 días en el Palacio de Pizarro gozando de un altísimo nivel de popularidad (71%), que asemeja al que tenía Uribe, hoy implicado en diversos escándalos.

Entre las sorpresas que Santos ha dado figuran las leyes de reparación de tierras y los afectados por el conflicto armado y el inmediato restablecimiento de las relaciones con Venezuela, estando aún Hugo Chávez al mando.

Corrupción al desnudo

El cambio va más allá. Santos, quien ganó en gran medida gracias al voto uribista duro, se ha insertado en el seno de Unasur, más como un socialdemócrata pragmático que como un devoto de la economía de mercado.

El gobierno de Santos ha puesto al desnudo, a la vez, casos de corrupción que venían de antaño, como el del DIAN (el organismo colombiano recaudador de impuestos).

Pero este tipo de gestos, su acercamiento a Venezuela y a Ecuador, tras años de tensiones en la administración colombiana previa; la distensión de fronteras, derivaron en una separación con Uribe y en el regreso a las filas del gobierno a los viejos uribistas que se habían alejado, molestos con la forma en que el presidente estaba manejando las cosas. Aun así, Santos elude hablar de un rompimiento; ni siquiera de un “enfrentamiento” con su mentor.

Uribe, en cambio, tras el escándalo del DIAN y las detenciones de dos de sus viejos colaboradores, ha perdido la paciencia. El ex mandatario ha calificado todos estos destapes de ollas putrefactas de corrupción como “un show publicitario”, semejante al de “los falsos positivos”. Ni Santos ni sus ministros respondieron.

“El presidente sorpresa”, calificó a Santos la revista Semana en su más reciente edición. Fue una sorpresa no sólo para los colombianos, sino para los presidentes de la región. “Yo lo creí un conservador, un tipo que deploraba la política, pero me llamó la atención que le interesa lo social”, llegó a comentar a sus colaboradores el hoy fallecido ex presidente argentino Néstor Kirchner (2003-2007), cuando medió entre Santos y Chávez.

Un pacificador

Santos, un economista egresado de la Universidad de Kansas que luego haría la maestría en Administración Pública en Harvard, ha mantenido las políticas troncales del gobierno de Uribe en materia de seguridad interior y también en el rubro económico, pero desmilitarizó el discurso oficial; selló la paz con la Corte Constitucional y con la Corte Suprema, dos poderes con los que Uribe se mantuvo enfrentado.

“Santos no tenía otro camino si quería hacer su propio gobierno y no ser la extensión de Uribe. Estaba obligado a romper con el ex presidente y lo mejor que encontró fue diferenciarse pacificando la relación con todos aquellos que Uribe había roto”, opina el sociólogo Andrés Quintero.

En materia económica, los objetivos de Santos han sido mejorar la competitividad y bajar la carga fiscal.

Para el analista Eduardo Sarmiento, las bases del programa económico no han mutado en lo que va del año. La administración Santos busca “promover el empleo formal a través de reducir la carga impositiva, mediante exenciones tributarias y a través de frenar la revaluación monetaria que perjudica la competividad de los productos colombianos en los mercados”.

Hasta ahora, Santos ha demostrado que en la dinámica de su país, con el conflicto armado con la guerrilla siempre a flor de piel, se puede ser popular sin estar las 24 horas hablando de y planificando políticas belicistas.

Santos, un ministro de Defensa que no dio tregua ni a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ni a los organismos de derechos humanos, se ha convertido en un presidente que no dudó en acercarse a Chávez y al ecuatoriano Rafael Correa y que regresó a su origen del Partido Liberal.

Eso muestra, a decir del analista Hernando Gómez Buendia, que es “un hombre cerebral y no uno de rabietas, como Uribe, un presidente disciplinado y eficiente. Un profesional de la política, y de la oportunidad del manejo de los medios”.

Por todo eso, se puede decir que Santos aprobó el examen del primer año.

Ha logrado ganarse la confianza de los escépticos y, si hace un año nadie pensaba que ganaría, y mucho menos que en poco tiempo impondría su propio sello a la presidencia, hoy la realidad es otra, al grado de que ya se empieza a hablar de la posibilidad de que Santos busque, y consiga, la reelección presidencial al terminar su actual periodo (en el 2014). Eso, siempre y cuando Santos y su gobierno sigan apelando al factor sorpresa.

José Vales corresponsal, El Universal, 6 de agosto.

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