Uribe en su laberinto

BUENOS AIRES.— Ya no brilla. Está a la defensiva y desde Twitter o desde algún micrófono ocasional sale a defender y a defenderse, a su gobierno y a sus colaboradores, de un calvario judicial que se inició con él aún en el gobierno y que cada vez lo toca más de cerca.

El ex presidente Álvaro Uribe cumple un año fuera del poder en franco retroceso de su estrella y de su imagen.

La popularidad, tan generosa con él durante sus ocho años de gobierno, ahora se fuga en dirección a su sucesor y hoy principal enemigo político, Juan Manuel Santos, mientras los presuntos casos de corrupción a lo largo de su gestión siguen destapándose en los despachos oficiales y en los tribunales.

Hace un año, cuando Santos lo despidió como “el mejor presidente de la historia”, “un colombiano sin par”, pocos imaginaban a Uribe, un parteaguas en la historia presidencial colombiana, metido en esta situación.

Parecía impensable que la vastísima cuota de poder que se llevó al dejar la presidencia se le iba a evaporar tan rápido de las manos, y que la lista de sus allegados, familiares, colaboradores, ex ministros o altos jefes militares caídos en desgracia se dispararía de este modo.

Desde que abandonó el Palacio de Nariño, Uribe ha perdido 20 puntos de popularidad, según las encuestas, y su imagen negativa ha aumentado casi 15 puntos (del 21 al 35.4%). Hoy, el propio Santos dice que se ha impuesto un mantra: “No pelear con Uribe. No peleo con Uribe. No peleo con Uribe”.

“Lo que alguna vez nos animamos a decir que encubría su gobierno en materia de corrupción, en la cuasi institucionalización de los paramilitares y en los falsos positivos, ahora comienza a aflorar. Durante los ocho años de uribismo se escribió sólo una parte de la historia; la totalidad de la película se está completando ahora”, explica el analista Bernardo Gutiérrez, graficando esta suerte de vía crucis judicial del uribismo, del que el presidente “no está exento”, ni mucho menos. Primero fue el escándalo de la Yidis-política, la congresista uribista Yidis Medina acusada de recibir dinero para levantar la mano en una votación del Congreso para aprobar la reelección del ex presidente.

Luego, figuras del uribismo comenzaron a llenar la cárcel de La Picota y otros centros penitenciarios del país. Como el senador Mario Uribe, primo del mandatario, condenado a siete años y medio por haber recibido apoyo de los paramilitares en su campaña al Congreso (se sospecha que cientos de congresistas, implicados en la llamada parapolítica, podrían terminar en la misma situación). También el fiscal Guillermo Valencia Cossio, hermano del ex ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, fue condenado a 15 años de prisión, por haber beneficiado a bandas criminales.

El propio Uribe tuvo que soportar un interrogatorio el 15 de mayo en el Congreso por la investigación de las escuchas ilegales, el mismo caso por el que desde el sábado pasado su ex secretario general de Presidencia, Bernardo Moreno, está tras rejas.

El 16 de julio, ocho militares fueron condenados a cumplir entre 28 y 50 años de prisión por ser culpables del asesinato de decenas de jóvenes presentados como guerrilleros (los llamados falsos-positivos). No fueron los únicos. Días antes, otros ocho militares habían recibido una condena de 60 años, ni serán los últimos, ya que los proceso se llevan a cabo en diferentes juzgados del país. El caso obligó al general Mario Montoya, ex jefe del ejército de Uribe y embajador en República Dominicana hasta el próximo 12 de agosto, a presentar la renuncia para quedar así a disposición de la Justicia. “La situación de Montoya es más que comprometida, como la de otros uribistas en otras investigaciones”, asegura la analista María Jimena Duzán.

Con todo, el escándalo más sonado es el de Andrés Felipe Arias, ex ministro de Agricultura, apodado “Uribito”, por la cercanía con su jefe político. Está acusado de ser responsable de una organización que en su cartera otorgaba créditos al sector agrícola ilegalmente. Primero el procurador lo condenó a 16 años de no poder ejercer cargos públicos y luego la Justicia le dictaminó la prisión preventiva hasta el juicio.

Pero la causa que debería quitarle el sueño al ex presidente más poderoso de la historia de Colombia es la de los falsos positivos. “Él era la autoridad máxima de los militares”, recuerda Gutiérrez.

El cerco judicial se estrecha sobre Uribe. Así, lo más conveniente para él y su entorno sería prepararse para los días difíciles que les esperan ante a la Justicia.

José Vales corresponsal, El Universal, 6 de agosto.

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