Toda la fuerza del Estado... azul

A los corderistas nada más les faltó traer el reloj checador. Salieron de la chamba apenitas dieron las seis de la tarde y llegaron a ganar lugar en las primeras filas del Auditorio Manuel Gómez Morín. Del lado izquierdo se sentaron los secretarios de Hacienda, José Antonio Meade; de Comunicaciones, Dionisio Pérez Jácome; de Salud, Salomón Chertorivski; de Reforma Agraria, Abelardo Escobar; el director del IMSS, Daniel Karam; el titular de Conagua, José Luis Luege, y el colaborador de la maestra, Benjamín González Roaro. ¡ Lotería!

No es una convención de burócratas o de la Asociación de Panistas en el Gobierno, tampoco lo que llaman la reunión de "Sinergia-PAN". Lo que congrega a tan distinguidos personajes es el registro de Ernesto Cordero como precandidato a la Presidencia de la República.

Del lado derecho están los Gobernadores: Juan Manuel Oliva, de Guanajuato; Marcos Covarrubias, de Baja California Sur, y Guillermo Padrés, de Sonora. Hay secretarios de gobiernos estatales, alcaldes, subsecretarios de Estado como Obdulio Avila (¡ Bucareli, presente! ), de Hacienda, como Carlos Montaño, oficiales mayores, jefes de departamento, secretarias, choferes, mensajeros, los de la pagaduría y hasta diputados. ¡Ernesto, amigo, la nómina está contigo!

Martín Santomé, el personaje principal de la novela "La Tregua", de Mario Benedetti (el escritor de Paso de los Toros, no el de las pizzas, por si algún peñista lo duda) escribe en su diario sobre su azarosa vida de empleado de Gobierno que así, en ese mundo de la burocracia, y también desde la viudez, sacó adelante a sus tres hijos. "Pero todo fue siempre demasiado obligatorio como para que pudiera sentirme feliz", decía.

Cordero, por el contrario, saludó la entusiasta y voluntaria llegada de sus amigos, "mis queridos ex compañeros de Gabinete<00A6> que fuera de su horario de oficina y haciendo valer sus derechos ciudadanos a los que todos tenemos derecho (sic), están manifestando su preferencia por una alternativa política". Apenas dijo eso y los amigos respondieron con aplausos, aunque no todos. Dionisio Pérez Jácome ya se había ido pero su lugar lo ocupó Carlos Alonso, el subsecretario de Hacienda.

En su registro, Cordero no cerró Avenida Coyoacán como Josefina. Bueno, a decir verdad, cerró un carril donde no estacionaron peseras ni camiones, sino bonitas camionetas con diligentes choferes y guardias que esperaban a que sus jefes terminaran de participar en la jornada cívica a la que fueron convocados, eso sí, fuera de su horario de trabajo para que no se diga que abusan de los recursos públicos. (Aunque no llegaron en taxi sino en los transportes oficiales sufragados por los ciudadanos).

Eso, por Dios, no empañó el jolgorio. Cordero fue el último de los cinco precandidatos registrados pero como dijo Eufrosina Cruz, la diputada local zapoteca y oradora estelar en la presentación de la candidatura, no fue coincidencia. "Como dice la canción de José Alfredo Jiménez, 'No se trata de llegar primero, sino que hay que saber llegar'".

Eufrosina inició su discurso en zapoteco ante un auditorio lleno no solo de funcionarios sino también de un puñado de jóvenes con camisetas blancas recién compradas, y de militantes de diversos estados que hacían bastante bulla.

"Somos la representación de una militancia creciente, numerosa y activa que suma y que no excluye, que convoca a la unidad. No somos un discurso hueco ni una idea cansada. Somos la voz entusiasta de miles y miles de mujeres y hombres de todas las edades y sectores sociales, militantes, militantes de carne y hueso que podemos portar lo mismo un traje de oficina que un vestido tradicional", dijo la oradora ya en español.

Eufrosina cala, y también, como todos los que tienen un micrófono enfrente, toma potestades inusitadas. Habla en nombre de todos los indígenas. "Los pueblos indígenas de México venimos a acompañar y a apoyar a nuestro precandidato a la Presidencia de la República, a Ernesto Cordero".

A los corderistas les renació el alma. "Sí se puede!" corean ahora aunque hace dos semanas se sentían en la lona. Esta noche creen que van a ganar la contienda interna. Aunque las encuestas que pululan los ponen en un hundidísimo tercer lugar, ellos suponen que los dígitos están al revés o que los sondeos no se han hecho en las oficinas de Gobierno.

"Nadie va a derrotar esta campaña que viene desde atrás y que en tan poco tiempo ya alcanzó el liderazgo", dice Eufrosina.

Con su discurso era suficiente. Pero Guillermo Padrés, en nombre del cártel de Gobernadores, da un paso al frente, sube a la tribuna, improvisa y asume el compromiso de los titulares de Ejecutivos estatales de filiación panista -"que estamos aquí presentes y los que están ausentes" - de dar "todo nuestro apoyo irrestricto para ganar la interna y para convertirte en el próximo Presidente de la República".

Amenaza o aviso. Si los Gobernadores panistas tomaron la decisión de echarle toda la carne al asador de Cordero, algo crujirá en la interna del PAN. Aunque los corderistas le ponen muy alto el costo a esta batalla. Si su campaña tiene, como dicen los clásicos, "toda la fuerza del Estado" y pierden, menuda vergüenza para los gobernantes que ni a los suyos pueden movilizar. Pero, si por el contrario, aplastan, ay nanita.

Catapultado por ese espontáneo apoyo, Ernesto Cordero, hombre de sonrisa nueva, pasa al atril. Es el único de todos los precandidatos que tiene un guarura abajito de la tribuna. Un tipo torvo, que le saca a su vigilado 30 centímetros de estatura, chícharo en la oreja, un pin en la solapa que lo distingue como el guarura mayor, y tiene el rostro menos amable de toda la reunión.

Ahora el sonido funciona. El patio Los Naranjos que antier estuvo cerrado en la inscripción de Creel es abierto para los simpatizantes de Cordero. El precandidato, como todos, luce su panismo y rememora a todos los que han sido candidatos panistas a la Presidencia de la República para rematar con "don Felipe Calderón", destacado por "su determinación, coraje y visión por este país".

Entonces se desata la ovación para Calderón, tan olvidado en las otras inscripciones de precandidatos. "¡¡ Felipe, Felipe!, truena el auditorio. Ernesto pasa lista, nombra gobernadores, alcaldes, senadores, clase política y alguien desde gayola le repela: ¡¡Y también la prole!". Cordero replica: "¡¡En el PAN todos somos prole". Chale.

Ondean banderas blancas como seña de identidad. Decir Felipe y decir prole le generan a Cordero los mayores aplausos en la noche. Después dice que quiere una campaña de contrastes, en ese nuevo tono que adquirió hace apenas unos días con agresividad y confrontación.

"Contrastar ideas, contrastar proyectos, contrastar determinación, contrastar trayectoria, contrastar resultados, porque lo que está en juego es el candidato del PAN a la Presidencia de la República, un candidato que va a tener que defender todo lo que hemos construido que es mucho", grita.

Hace una relatoría del país que mira. "Casi todos los mexicanos tienen acceso a servicios de salud; los niños van a la escuela gracias a una beca de los gobiernos del PAN; hay una estabilidad que nunca antes había existido, en México no se destrozan los patrimonios cada seis años".

El mundo feliz que Cordero pretende contrastar frente a las amarguras que destilaron los precandidatos predecesores en su inscripción.

Es el candidato de la continuidad y lo reafirma una y otra vez.

Abajo, delirantes, sus seguidores renuevan su esperanza tan golpeada. Cordero finaliza la arenga y su representante, el diputado Fernando Rodríguez, solicita a seguidores que pasen a tribuna para tomarse una foto con su líder.

Los menciona no por su número de credencial partidista o por su apodo en el comité, sino por su cargo, al Secretario de Reforma Agraria, al Secretario de Gobierno de Morelos, al director de Diconsa, al subsecretario, al oficial mayor, a| amistad que no se refleja en el presupuesto es pura demagogia.

Ahí están, resucitados, los amigos de Cordero.


Roberto Zamarripa, Reforma, 16 de diciembre.

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