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IMAGEN PÚBLICA: ¿POR QUÉ NO TE CALLAS? PRESENTACIÓN.

La XVII Cumbre Iberoamericana salió parcialmente de las agendas mediáticas nacionales dos semanas antes de llevarse a cabo. ¿La razón? El Presidente Felipe Calderón canceló su asistencia ante los acontecimientos de Chiapas y Tabasco. Y decimos que salió parcialmente porque el evento celebrado en Chile se mantuvo en las páginas de información y análisis internacional, sin la relevancia que tendría de haber asistido el Primer Mandatario. La Cumbre volvió con fuerza a los medios nacionales el sábado 10 de noviembre por la tarde, cuando los principales portales de periódicos en línea comenzaron a dar cuenta del diferendo entre el presidente venezolano Hugo Chávez y el Rey Juan Carlos de España.
A partir del domingo 11 el tema comenzó a ser abordado por columnistas y articulistas. Seguramente lo hicieron porque las características de los actores y del hecho en sí fue considerado como un asunto de relevancia que debían abordar en sus colaboraciones cotidianas. Quizá la misma decisión nos llevó a sistematizar las maneras en que los comentarios, análisis y reflexiones a propósito del incidente trataban a los actores y el contexto no sólo del incidente, sino de la Cumbre misma. El resultado: 118 comentarios, organizados de la siguiente manera:
Treinta comentarios, 25.42% del total, corresponden al espacio latinoamericano y a los intereses que los empresarios españoles tienen en este espacio.
Los actores principales, Hugo Chávez, el Rey Juan Carlos y José Luis Rodríguez Zapatero fueron tema respectivamente de 20, 24 y doce comentarios; es decir, 16.94%, 20.39% y 10.17%.
En menor escala, las implicaciones para México y para el Presidente Felipe Calderón fueron tema de seis y tres comentarios, respectivamente; es decir, 5.08% y 2.54.
El resto de los comentarios se distribuye en: los antecedentes de la Cumbre, los hechos, los medios y los lectores y, por último, seis comentarios, 5.08%, se ubican dentro de un “Epílogo Provisional”.

Una última observación. Reiteramos que el tema de la XVII Cumbre Latinoamericana fue abordado en los espacios destinados ala información internacional. Pero, ¿cuál fue el tema de la Cumbre? ¿Cuáles fueron los acuerdos?

IMAGEN PÚBLICA: ¿POR QUÉ NO TE CALLAS? 1. ANTECEDENTES DE LA CUMBRE.

Cuatro comentarios, 3.38% de los 118 sistematizados, contextualizan los antecedentes de la Cumbre.

Desde que Carlos Salinas creó el foro de la Cumbre Iberoamericana, en 1991 en Guadalajara, dos fueron los personajes permanentes: el comandante Fidel Castro y el rey Juan Carlos de España, aunque el protagonismo siempre fue del primero, asistiera o no.
Así, recuerdo los encuentros y desencuentros del argentino Carlos Saúl Ménem siempre contra Fidel; o del mismo Ernesto Zedillo, quien en su última participación en 2000, en Panamá, hizo una crítica inédita en un presidente mexicano al legendario comandante sobre las limitaciones democráticas en Cuba; aunque también tengo presente la intermediación de Zedillo en la cumbre de Santiago, unos años antes, en el debut de José María Aznar que terminó, vía el mexicano, intercambiando corbatas con Castro, quien desde Cartagena de Indias, en 1994, dejó de usar el uniforme que cambió por la guayabera que le regaló la víspera Gabriel García Márquez durante el encuentro con Salinas en La Habana.
Esta cumbre ha tenido sus altas y bajas, según si el presidente anfitrión hace o no su tarea política en cuanto a lista de presentes, reglas del juego, tiempos de intervenciones públicas y agenda.
Así había sido siempre y hasta el propio Fidel se había ajustado a esas normas protocolarias reduciendo sus intervenciones hasta marcas históricas como la de Guadalajara, en la que habló para él un suspiro: cuatro minutos, igual que todos.
Joaquín López Dóriga, “En privado”; Milenio, 13 de noviembre.

Es muy fácil, incluso cómodo, lanzársele a la yugular al bocón de Hugo Chávez, que le echó a perder a la señora Bachelet el festín de lobos que bajo el mote de la cohesión social sentó a la misma mesa a la mayoría de los jefes de Estado y de gobierno de los países de Iberoamérica.
Este aquelarre, hay que recordarlo, lo ideó Carlos Salinas de Gortari en concubinato con las autoridades españolas en búsqueda de un liderazgo continental compartido, que por lo menos en el campo de los negocios, notoriamente los bancos y el turismo, los españoles han sabido ser consecuentes con su plan. El primer encuentro cimero de los mandatarios se dio en Guadalajara en el último año del mandato de Salinas. De ahí en adelante, las reuniones han sido un mero pretexto para que los plebeyos de las ex colonias se tomen la foto con el titular de monarquía de la Madre Patria, luego de escuchar una treintena de discursos aburridos.
Félix Cortés Camarillo, “Cancionero”, Milenio, 13 de noviembre.

Desde el primer encuentro en Guadalajara en 1991 a iniciativa mexicana, quedó claro que este mecanismo está sostenido sobre bases frágiles. Se hicieron concesiones para acomodar peticiones planteadas por España y Portugal, con la expectativa que el puente tendido con Europa sería inmejorable. El marco de referencia en el fondo estaba equivocado, ya que se quería conmemorar el quinto centenario del descubrimiento de América pretendiendo ignorar la incursión de las potencias peninsulares en la conquista de nuevos territorios, capítulo lleno de asignaturas pendientes.
A tres lustros de existencia, es difícil evaluar positivamente este ejercicio anual. Con excepciones contadas, que incluyen destacadamente a México y España, poco se ha hecho para vitalizar los trabajos y acuerdos alcanzados, debido a la ausencia de hilos conductores realistas. El modelo de la comunidad británica de naciones, que reconoce a Isabel II como jefa de Estado, o el francés, convocado como un homenaje a una lengua común, han permitido avances que las cumbres iberoamericanas no han alcanzado por falta de objetivos prácticos, capaces de sortear la heterogeneidad de sus 22 integrantes
Jorge Montaño, El Universal, 16 de noviembre.

4. Las reuniones llamadas “Cumbres Iberoamericanas” fueron ideadas en los días de la Trilateral, a principios de los noventa, y con la bendición de Ronald Reagan, para que España fungiese como perro guardián de los intereses económicos del capital trasnacional europeo –y de los intereses de Washington–, aprovechando la imagen “del rey” en América Latina, papel que cumplió gracias a esa noción inadmisible de “Iberoamérica”, revivida para permitir que la otrora metrópoli volviese a ser el poder hegemónico en sus antiguas colonias, lo que hoy es inadmisible
Luis Javier Garrido, La Jornada, 16 de noviembre.

IMAGEN PÚBLICA: ¿POR QUÉ NO TE CALLAS? 2. LOS HECHOS.

Siete comentarios, 5.93% de los 118 sistematizados, se refieren al diferendo entre el presidente Chávez y el Rey Juan Carlos en el marco de la XVII Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile.

De risa loca ver la descomposición de una cumbre de jefes de Estado que puede generar el dirigente venezolano con sus agresiones e insultos, que junto con sus canciones adornan lo que debiese ser un encuentro estratégico de todos nuestros países en busca de consensos y acuerdos.
Ahí, quietito, se mecía el rey de España para decirle a Chávez que se calle de una buena vez. O, como dicen los españoles, le espetó que se callara.
Luciano Pascoe, “La zanahoria del caballo”, Crónica, 11 de noviembre.

ESCÁNDALO REAL-INTERNACIONAL: “POR QUÉ NO TE CALLAS”, GRITÓ EL REY JUAN CARLOS A HUGO CHÁVEZ, QUE LE RESPONDIÓ QUE “COMO REBELDE” NADIE LO VA A CALLAR
Katia D’Artigues, “Campos Elíseos”, El Universal, 12 de noviembre.

Apenas el pasado sábado, cuando ya finalizaba la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Chile, el presidente venezolano Hugo Chávez protagonizó un nuevo incidente internacional, ahora con España, cuando en reiteradas ocasiones llamó fascista al ex presidente español José María Aznar.
Su sucesor en el gobierno español, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, salió al paso y, aunque distante ideológicamente de Aznar, defendió la calidad democrática de su mandato exigiendo, al mismo tiempo, respeto y cuidado en las expresiones empleadas por su homólogo venezolano.
Rogelio Carbajal, Crónica, 12 de noviembre.

Menudo broncón se dio durante la sesión de clausura de la Cumbre Iberoamericana, en Santiago de Chile.
El rey de España perdió la paciencia ante los ataques de Chávez contra el expresidente del gobierno español José María Aznar (al que calificaba de "fascista, una serpiente es más humana").
Entonces el rey le espetó: "¿por qué no te callas?" (casi casi le dice: "¡cállate chachalaca!"), mientras el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, exigía a Chávez "respeto" para quien fue su antecesor.
"El rey será rey, pero no me puede hacer callar", replicó durante un acto académico en una universidad privada el presidente Chávez.
¡Bah!, dicen, ni aguanta nada el rey, será todo desde que Chente lo saludó "¡quiúbole, mi rey!" Luego, allá en su país les ha dado por quemar sus retratos, su hijo y príncipe heredero, Felipe, apareció en una pornocaricatura con su esposa Letizia (divorciada ella, y eso que el rey le había dicho: "¡cuida que nunca nadie diga que durmió con tu esposa!", y pues, con la de Feli -el español- ya otro había dormido...); escuchó gritos de repudio en Ceuta y Melilla ahora que fue, y ahora Chávez;... pobre, se ha sentir como Mandibulín: "¡nadie me respeta!"
De veras que el hombre blanco barbado anda afoxado...
Eva Makívar, “La creme de la creme”, El Financiero, 12 de noviembre.

"¿Por qué no te callas?" En un principio las palabras del rey Juan Carlos I de España a Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, parecerían de una intolerancia inaceptable... hasta que uno mira el video completo de lo que ocurrió.
Chávez había tomado la palabra por segunda ocasión en la ceremonia de clausura -usualmente cada mandatario habla sólo una vez- para pronunciar un larguísimo discurso de 33 minutos en el que llamó "fascista" a José María Aznar, el ex presidente del gobierno español, como lo ha hecho repetidamente. José Luis Rodríguez Zapatero, el actual Presidente, tomó la palabra y empezó a pedir respeto por Aznar.
Sergio Sarmiento, “Jaque Mate”, Reforma, 12 de noviembre.

Vaya telenovela global en la que se ha convertido el desencuentro que tuvieron el rey Juan Carlos de Borbón y el presidente (¿dictador?) venezolano Hugo Chávez al término de la Cumbre Iberoamericana, celebrada en Chile en días pasados. El ahora célebre “¿Por qué no te callas?” que le espetó el rey al dictadorzuelo, alcanzó en cuestión de horas inusitada fama global, y le mereció prontamente una deliciosa zarzuela o paso doble en YouTube, y un ringtone (tono para teléfono celular). Las acusaciones desde Caracas no se hicieron esperar: que si el rey había participado en el intento golpista contra Chávez, que si hay una “conspiración internacional” en su contra, que Venezuela “no necesita” las inversiones españolas, etcétera
Yuriria Sierra, “Nudo gordiano”, Excélsior, 14 de noviembre.

En boca de todo el mundo se repite como eco la penosa escena en donde el rey de España se desespera públicamente ante los acostumbrados exabruptos del presidente Hugo Chávez y, contrario a las costumbres del protocolo diplomático —enfadado y agudo como tabernero del viejo Madrid— le esgrime directo a la conciencia un “¿Por qué no te callas?”. El engreído caudillo de Venezuela asegura que, en el calor del momento, no escuchó la pregunta y ha logrado marear a los medios con un enjambre de tangentes que pasan por alto los hechos esenciales de la escena: a contrapelo de la orden que exige silencios, la pregunta formulada por Juan Carlos I demanda neuronas y, lejos de callar al interlocutor, permite respuestas que posiblemente revelarían por lo menos las verdades subyacentes a un berrinche: 1) “No me callo porque quiero aprovechar el momento —o coyuntura— para insultar a José María Aznar y revelarle al mundo mi nueva definición de fascismo y la nueva morfología de fascistas”; 2) “No me callo porque creo que es el momento para estorbar y seguir siendo alguien” o 3) “No me callo porque me da la gana interrumpir al presidente Zapatero…”.
Jorge Hernández, “Agua de Azar”, Milenio, 15 de noviembre.

IMAGEN PÚBLICA: ¿POR QUÉ NO TE CALLAS? 3. HUGO CHÁVEZ.

Sin lugar a dudas, Hugo Chávez es una figura controvertida. El suceso ocurrido en la Cumbre dio pie a columnistas y articulistas para que, más allá del mismo, volvieran a hacer públicas sus posiciones al respecto. A continuación los veinte comentarios, un 16.94% de los 118 sistematizados.

No soy asiduo al protocolo, ni creo que las formas lo son todo, sin embargo estoy convencido que el estilo de Hugo Chávez poco aporta al objetivo de esa Cumbre y que sus exabruptos buscan generar una diferencia que sólo existe en el discurso. La realidad es contundente, más de la mitad del crudo venezolano se vende a los Estados Unidos por decisión de su gobierno, país archirrival de este caballerito. La congruencia no se mide en palabras, se mide en hechos. Ahí ganaron Zapatero y el rey don Juan Carlos. Perdió, de nuevo por bocón, soberbio e insolente, el casi autoproclamado rey de Venezuela, el señor Chávez.
Luciano Pascoe, “La zanahoria del caballo”, Crónica, 11 de noviembre.

“No se meta conmigo, caballero, porque va a salir espinao”, es la frase que eternizará a Hugo Chávez. En esas diez palabras el mandatario de Venezuela refleja su auténtica personalidad. El domingo pasado decíamos aquí que la muerte de la universitaria Araujo era el monumento a la verdadera oposición del gobierno chavista: los estudiantes. Dijimos que ello era el inicio de intimidaciones a quien se opusiera a Chávez. Y las ráfagas se repitieron el jueves, cuando universitarios organizados protestaban por las políticas de su presidente. Y éste anda por el mundo haciéndose el chistoso cuando le preguntan qué ocurre en Caracas
“Frentes Políticos”, Excélsior, 11 de noviembre.

Que Chávez tilde de fascista a Aznar no debe sorprender a nadie mínimamente informado sobre los dichos injerencistas del líder ultraderechista español. Y en efecto, que muchos españoles crean en él y voten por la opción política que representa, pues es un asunto muy de ellos. Pero que Rodríguez Zapatero diga que con ello se ofende al pueblo español…
Mayor fue el desprecio –¿democrático?– que Aznar mostró hacia millones de sus paisanos que en las calles dijeron no a la intervención del trío de las Azores (Estados Unidos, Gran Bretaña y España) en Irak, agresión ilegal, contraria a derecho, antidemocrática y, ¿por qué no?, fascista. Y ello no quiere decir que esos pueblos sean fascistas, en absoluto.
Editorial, La Jornada, 11 de noviembre.

No simpatizo con Castro ni con su régimen, pero creo que, a lo largo de los años, ha sabido aceptar y moverse dentro de un esquema determinado de reglas del juego en el terreno internacional. Por eso, debido a simple comparación, se puede aquilatar el grado de autoritarismo y narcisismo que aqueja al presidente venezolano Hugo Chávez que, como lo que es, un golpista en funciones de gobierno, interrumpió una y otra vez a los demás mandatarios en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile y terminó por sacar de quicio al rey Juan Carlos, de España, quien le exigió que se callara de una vez, y obligó a José Luis Rodríguez Zapatero a recordarle que se pueden tener diferencias muy profundas, pero no es posible admitir la falta de respeto a otros países y a sus mandatarios.
Todo venía por una sarta de tonterías dichas con la convicción de quien se ha acostumbrado a que nadie lo puede desmentir o confrontar, en la cual una y otra vez Chávez había calificado al ex mandatario español José María Aznar como fascista, que fue, finalmente, lo que hizo estallar a Juan Carlos.
Jorge Fernández Menéndez, “Razones”, Excélsior, 12 de noviembre.

Ayer Chávez recordó que el gobierno de Aznar participó en la conjura que desembocó en el fallido golpe de Estado de 2002, que por un par de días alejó al presidente venezolano del poder. El ex jefe del gobierno español buscó, además, inducir a varios países latinoamericanos –con especial énfasis México y Chile– a la catastrófica y criminal aventura bélica de Estados Unidos en Irak (y antes en Afganistán), faltando con ello al elemental respeto a las soberanías nacionales y a las facultades exclusivas de cada país de fijar su política exterior.
No hay que equivocarse: no es que Chávez u Ortega le hayan colmado la paciencia al rey de España, es que algunos gobiernos de este hemisferio han sido demasiado pacientes ante el intervencionismo español.
Editorial, La Jornada, 12 de noviembre.

Chávez representa todo lo contrario: llegó al poder luego de dos intentos de golpe de Estado, debido al fuerte deterioro de los dos principales partidos políticos venezolanos que, como en buena parte del continente, con sus errores y corrupciones, prácticamente destrozaron el sistema político de su país. Paradójicamente, fue llevado al poder por la derecha, que quería un militar que pusiera “orden”. Sus dos primeros años en el gobierno resultaron caóticos y desastrosos en lo económico y lo social. Un golpe de Estado en su contra fracasó, en buena medida porque, pese a las diferencias, la mayoría de las naciones latinoamericanas exigieron el respeto al sistema democrático, en forma destacada, en esos momentos, el gobierno de Vicente Fox. Pero cuando regresó a la presidencia, lo que hizo Chávez fue iniciar una escalada con el fin de aniquilar a toda la oposición, vulnerar la mayoría de las libertades y comenzar a “exportar” su revolución, apoyándose en los altos precios del crudo. Al mismo tiempo está financiando a Cuba más de lo que nunca lo pudo hacer la Unión Soviética y se ha comenzado a imaginar como el sucesor de Fidel Castro. Desde entonces, mantiene una política de intervención directa en los asuntos internos de los demás países, sobre todo de la región, expresada incluso en los planes de gobierno públicos. Así financió y logró colocar en el poder a Rafael Correa en Ecuador y a Evo Morales en Bolivia.
Jorge Fernández Menéndez, “Razones”, Excélsior, 12 de noviembre.

Y, dado que el que se enoja pierde, mal va quedando el monarca español que quiso callar a sus puras coronas a un presunto súbdito venezolano que le salió bastante respondón. Chávez se ha reconocido ingenuo por creer que eran ajenas o desconocidas por Juan Carlos las maniobras del entonces presidente Aznar en apoyo de quienes dieron un breve golpe de Estado en Caracas. Estados Unidos y España mantuvieron oficialmente una actitud ambigua frente a lo que era condenado por otros gobiernos del mundo. Pero además, el entonces embajador español acreditado en Caracas, Manuel Viturro, se reunió con el golpista Pedro Carmona Estanga (presidente de la Fedecámaras, principal organización patronal del país) y, obviamente, con el embajador de Estados Unidos, Charles Shapiro, según denunció en el congreso español Miguel Ángel Moratinos, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de… Rodríguez Zapatero. Moratinos afirmó, en un programa de madrugada de Televisión Española (TVE), que “en el anterior gobierno, cosa inédita en la diplomacia española, el embajador recibió instrucciones de apoyar el golpe”, e incluso Aznar tomó una llamada del golpista Carmona. ¿Instrucciones del presidente Aznar o del rey Juan Carlos, responsable de la política exterior española, quien ahora tanto se enoja porque le dicen fascista a otro?
Julio Hernández López, “Astillero”; La Jornada, 12 de noviembre.

La baja catadura ética del lamepiés de Fidel Castro se constató el 3 de noviembre con el asesinato de dos manifestantes (más otros ocho heridos de bala) que entre varios miles protestaron contra el manipulado “referendo” chapista.
Uno de los matones se presentó como “víctima” en Venezolana de Televisión, pero el mismo sujeto (Jose Félix Valera, candidato del bocón a diputado por el estado de Vargas) está fotografiado entre quienes dispararon contra los estudiantes.
Tras el incidente con los españoles, lo único rescatable de la reunión Iberoamericana es la posibilidad de ver en la próxima al gorila venezolano retando a golpes a cualquiera de sus “homólogos”.
¡Ah!, también de volver a oírlo destruyendo alguna otra canción mexicana
Carlos Marín, “El asalto a la razón”; Milenio, 12 de noviembre.

Los fanfarrones viven de la prudencia de sus interlocutores. De eso vive la retórica de Hugo Chávez. Pero su fanfarronería alcanzó en la Cumbre Iberoamericana de Santiago un nivel que sacó de sus casillas al más afable y prudente monarca del que se tenga noticia en estas tierras.
El rey Juan Carlos le ordenó callar. Sin éxito, desde luego, pero con una elocuencia sumaria que le ha dado ya la vuelta al globo... en favor del rey.
Las sonrisas cómplices y complacidas de las conductoras de BBC y CNN dando cuenta de la noticia eran elocuentes en su simpatía por el revire real. Un poco más tensa, airada, parecía la hermosa conductora de TV EFE al transmitir la noticia anteayer, a las ocho de la noche de México.
Héctor Aguilar Camín, “Día con día”, Milenio, 12 de noviembre.

¿En qué se parecen el presidente venezolano Hugo Chávez, y el expresidente Chente Fox?
¡Qué falta de respeto!, señalan algunos, acostumbrados a referirse al susodicho como "su majestad", "su excelencia", "excelentísimo señor", "soberano"...
Pero Chávez le preguntó: "señor rey, ¿usted sabía del golpe (de Estado) en mi contra?", y Chente lo saludó: "¡quíhubole, mi rey!"..., se le ponen al tú por tú al rey Juan Carlos I...
Ellos sí que cantan "mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo...", o sea, sí, cuánto escándalo..., reflexionan(mos).
Ya no existen "las colonias americanas de la Madre Patria", ¿eh?, ya no somos sus "súbditos"...
Eva Makívar, “La creme de la creme”, El Financiero, 13 de noviembre.

Más allá de su encontronazo con el rey Juan Carlos, Hugo Chávez cometió un error mayúsculo al avalar que simpatizantes suyos balearan dentro del campus universitario en Caracas a estudiantes que están en contra de la reelección presidencial indefinida. Por ahí podría iniciarse la debacle del dictador
Martín Moreno, “Archivos del poder”, Excélsior, 13 de noviembre.

A esta última cumbre Hugo Chávez llegó con el propósito de reventar la Iberoamericana, como ha querido reventar el Acuerdo Latinoamericano de Libre Comercio, para imponer los esquemas regionales que él domina e impedir expresiones continentales que no controla.
Chávez fue a eso y se enfiló contra el paradigma de estas cumbres, el rey de España, al que fue a provocar y lo logró.
El venezolano llevaba un rato largo hablando de un asunto, en todo caso bilateral, insinuando primero, afirmando después, que el rey estuvo detrás del golpe de Estado en Venezuela, no el que él dirigió, sino del que fue víctima.
En un momento, ya cuando había roto las formas en cuanto a fondo y tiempo, el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero lo interrumpió, a lo que el monarca español, acompañando con un ademán, le soltó. “¡¿Por qué no te callas?!”, lo que Chávez ignoró y siguió con su perorata.
Joaquín López Dóriga, “En privado”, Milenio, 13 de noviembre.

En primer lugar, ¿por qué se dirigió usted a Hugo Chávez, interrumpiendo también al presidente Zapatero y tuteando a Chávez de esa forma tan despectiva, si se trata de un mandatario elegido (por tercera vez) democráticamente? Me pregunto si lo hubiera hecho con el mismo gesto de desdén y de autoritarismo si el que hubiera estado interrumpiendo constantemente a Zapatero hubiera sido George W. Bush o Nicolas Sarkozy. Estoy consciente que en tratándose de una cumbre iberoamericana, estos dos presidentes no se hubieran encontrado presentes, pero, ¿hubiera usted tratado de esa forma tan despectiva al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva? Por otro lado, también estoy consciente de que el estilo personal de Chávez resulta por momentos exasperante, irritante y hasta irrespetuoso, pero es Chávez, así es él. Pero de usted nos esperamos otro tipo de comportamiento.
Guadalupe Loaeza, Reforma, 13 de noviembre.

Quién sabe si porque es más español o porque es más monárquico (o por ambas razones), el caso es que el famoso cantante y actor Miguel Bosé les advirtió a los venezolanos que, si deseaban que actuara en su país, entonces no votaran por Hugo Chávez. Y es que, de acuerdo con información que circuló ayer por la noche en agencias internacionales, el hispano-italiano “descartó la posibilidad de actuar en Venezuela mientras Hugo Chávez sea presidente”. Por supuesto, se trata de una determinación instalada no en el mundo de la farándula, sino en el de la política. ¿Algunos personajes menos pop que Bosé podrían, deberían o querrían tomar una postura política de ese tamaño, con respecto a un asunto de índole diplomático? Es de dudarse
“Frentes Políticos”, Excélsior, 14 de noviembre.

Lo que aterra de toda esta historia no es necesariamente el desencuentro entre el rey de España y el venezolano al que, lo sabemos, le gusta escandalizar. Lo que espanta es la frescura con la que Hugo Chávez anda por el mundo desacreditando a todo aquel que se atreve a cuestionar o a criticar su forma de entender y ejercer el poder en Venezuela y más allá de sus fronteras. Hace apenas unos días veíamos cómo sus sicarios encapuchados mataban a estudiantes en una universidad de Caracas, mientras protestaban contra las reformas que Chávez pretende impulsar para eternizarse en el poder en Venezuela
Yuriria Sierra, “Nudo gordiano”, Excélsior, 14 de noviembre.

La democracia de los súbditos está enfurecida. Uno de sus conquistados se atrevió a restregarles en la cara su verdad. Eso dijeron algunos universitarios que recién llegaron a la ciudad, desde Madrid, y que nos contaron que un acto académico al que estaba invitado el embajador de Venezuela en España, que se celebraría en la Universidad Complutense, fue cancelado de última hora, con auditorio lleno, por la diferencias entre el rey Juan Carlos y el presidente Hugo Chávez. Ni modo
Miguel Ángel Velázquez, “Ciudad Perdida”, La Jornada, 14 de noviembre.

Saltan a la mente cuatro reflexiones sobre el nuevo sainete de Chávez, ahora en Santiago de Chile. En primer lugar, conviene preguntarse: qué tanta insolencia y verborrea tuvo que haber derramado el presidente de Venezuela en el día y medio previo al estallido del rey Juan Carlos para que alguien que lleva 30 años en el trono, 15 de cumbres iberoamericanas, y 8 de soplarse las diatribas de Chávez haya perdido la compostura. Para que alguien tan paciente, con tanto colmillo, con tanto dominio de las formas llamadas diplomáticas, se haya exasperado a tal grado con los excesos de Chávez es porque deben haber alcanzado niveles insólitos. Es preciso recordar que fueron por lo menos tres gestos de disgusto del jefe de Estado y jefe de Gobierno españoles: la réplica de Zapatero a Chávez en torno a Aznar; el "porque no te callas" del Rey a Chávez, y la retirada del monarca ante los improperios de Daniel Ortega, que empezó a despotricar contra el desempeño de Unión Fenosa en Nicaragua.
Jorge Castañeda, Reforma, 14 de noviembre.

A falta de heroísmo en su biografía, equivocado en su ejercicio de lo que él cree que es carisma y obnubilado por los fantasmas que ha idealizado, el comandante Hugo Chávez ha tiempo que se inventó el propósito de amasar una suerte de épica revolucionaria basada en el inmenso presupuesto económico de la industria petrolera de Venezuela. Sin necesidad de compararlo con un gran fascista, él también intentó llegar al poder por vía de un putsch, que luego ha sido avalado por mayorías; él ha mandado a callar, sin preguntas, a todos los medios que se le oponen; él ha reprimido a estudiantes en las aulas y no se ha cansado de hablar, gritar y cantar. Lo peor no es que exprese su demencia, pues tiene todo derecho a hacerlo, sino que trastoque sus definiciones e intente confundir al mundo con mentiras o afirmaciones que, por lo menos, merecen la duda: dudo de veras que la política exterior de España sea llevada por la sola voluntad del rey, dudo de veras que el rey o el demonio de Tasmania sean los únicos responsables de urdir un golpe de Estado que pretendía derrocarlo, dudo de veras que el comandante Chávez tenga sobre sus espaldas la herencia indígena de los quinientos años desde la Conquista española de América (su nombre y apellido lo delatan) y dudo de veras, con Harneckcer en mano, que tenga claras sus definiciones de fascismo, fascistas, autoritarismo, democracia, e incluso, Constitución (su fidelidad lo delata).
Jorge Hernández, “Agua de azar”, Milenio, 15 de noviembre.

La incultura ideológica de Chávez lo llevó a confundir expresiones. Aznar no es un fascista sino un demócrata de centro-derecha. Y lo que más irritó a los españoles fue el intento de Chávez por involucrar al rey Juan Carlos en el golpe de Estado en Venezuela. El rey es, por labor propia, un monarca anti golpe. A él le tocó parar en seco el intento de golpe de Estado de Tejero y militares en 1981. Y el rey fue el pivote de la transición democrática española a pesar de venir del franquismo.
Por tanto, el lenguaje de Chávez fue una franca provocación al acusar de fascista al gobierno democrático de España, que sepultó al fascismo de Franco, y de querer involucrar al rey antigolpista en el golpe contra Chávez. Pero en el fondo, la lógica política de Chávez no es la de la racionalidad de la diplomacia sino la de la provocación castrista.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 16 de noviembre.

Ahora que lo pienso, quizá todo comenzó por envidia, cuando el dictadorzuelo, el gorila, el golpeador, el que canta mal las rancheras, el chachalaquiento personaje que se ha convertido en el villano favorito del mundo bueno, demócrata y civilizado (hasta Miguel Bosé que no quiere ser menos que Carlos Fuentes lo critica, él que es tan democrático que cuando le preguntan algo que no le gusta se pone peor que Fabiruchis ahora que anda diciendo, o sea, que “Mi vida no es un circo”), se anduvo ligando a la supermodelo Naomi Campbell.
Jairo Calixto Albarrán, “Política Cero”, Milenio, 16 de noviembre.

IMAGEN PÚBLICA: ¿POR QUÉ NO TE CALLAS? 4. EL REY JUAN CARLOS.

Como el caso de Hugo Chávez, el del Rey Juan Carlos resultó propicio para externar posiciones no sólo a propósito del acontecimiento; como en el caso previo, parece ser lo de menos, como ejemplifican los 24 comentarios, 20.39% de los 118 sistematizados.

Cierto es que el presidente venezolano interrumpió a su homólogo español, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando éste defendía la honorabilidad de Aznar argumentando que “no es aceptable” que en un foro democrático hubiera descalificaciones a personas que gobernaron como fruto de la voluntad popular.
Pero de ahí a que el rey español, en un foro democrático, mande callar a alguien, hay, cuando menos, un pequeño abismo conceptual. Es entendible que el monarca hispano tenga últimamente sus nervios en estado de alta tensión. Allá en su país les dio recientemente por quemar retratos de él, e incluso se hizo mundialmente famosa una caricatura del semanario El Jueves donde aparecían su hijo y príncipe heredero Felipe con su esposa Letizia en un acto sexual. El cartón, muy discutible, fue hecho célebre por la respuesta de celosos jueces que cerraron filas en defensa de la inmaculada corona, queriendo dar a entender que la realeza es una divinidad encarnada con la que nadie puede meterse.
De manera que el estado de nervios del rey se plasmó ayer en Santiago de Chile, en un país que como España vivió en carne propia los estragos de una dictadura. Y con un gesto antidemocrático, Juan Carlos I puso una pica en Flandes y envió el mensaje de que no se aceptará, al menos por parte de la corona española, que sus antiguos súbditos cuestionen a ex gobernantes y empresarios de aquel ultramarino reino.
Editorial, La Jornada, 11 de noviembre.

No le correspondía a Juan Carlos I callar a nadie. A menos que quiera demostrar que en esas cumbres se hace lo que él ordena. Tal vez está cansado, y nervioso, porque en su país crece imparable un estado de opinión que cuestiona todo, incluyendo la vigencia de la monarquía.
Tal vez el problema estriba en que siendo que en España no dice, o no se atreve, a decir lo que realmente siente, cuando viene a sus antiguos territorios aprovecha para dictar una cátedra tan obsoleta como la misma monarquía.
Editorial, La Jornada, 11 de noviembre.

El rey de España logró el milagro: ¡La prensa de Estados Unidos habló de la Cumbre Iberoamericana! Obviamente no por su contenido, el que no le interesa en lo más mínimo, sino por el exabrupto de don Juan Carlos, que mandó a callar a Hugo Chávez ante la estupefacción de los presentes y el “cachondeo” de esa inmensa opinión pública latinoamericana al presenciar que los reyes también se enojan y que el charlatán continental se queda callado (aunque fuera un ratico).
La reacción del monarca sorprendió porque nunca se le había visto perder los estribos, como lo hizo el sábado en la clausura de la Cumbre Iberoamericana de Santiago. El primer sorprendido es el propio Chávez que ayer, en una rabieta propia de él, trató de contraatacar con una denuncia increíble: que el rey sabía y apoyaba el golpe de Estado en su contra. Como casi todo lo que dice el venezolano, acusa sin pruebas y a destiempo. ¿Por qué lo dice cinco años después?
Como el ladrón que se cree que todo el mundo es de su condición, Chávez pensó que el rey y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero iban a solidarizarse con él en sus acusaciones al ex presidente José María Aznar, al que no paró de llamar “fascista”. Pero no, y así lo dijo el jefe del gobierno español cuando le recordó que “se puede estar en las antípodas de alguien en una ideología, pero fue elegido democráticamente y merece respeto”.
Fran Ruiz, Crónica, 12 de noviembre.

Ahora resulta fácil imputar al cavernario Aznar las responsabilidades por estos actos hostiles, inadmisibles y contrarios a la legalidad internacional; sin embargo, el ahora destemplado Juan Carlos de Borbón, en su calidad de jefe de Estado y responsable máximo de la política exterior de su país, no puede eludir su responsabilidad en las tropelías cometidas por el gobernante defenestrado luego de los atentados del 11 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid.
Las autoridades españolas le deben una explicación a los gobiernos y pueblos de Venezuela y Nicaragua, deuda que posiblemente se quedará pendiente por tiempo indefinido, habida cuenta de la arrogancia y el desdén hacia América Latina que imperan en las altas esferas políticas de Madrid.
Editorial, La Jornada, 12 de noviembre.

El reyecito zapatero-aznar ha metido realmente el regio choclo al pretender instalarse a gritos en escenarios de democracia cuando él es considerado por una parte de sus paisanos como carísima reminiscencia parásita de una historia imperial bastante desfondada y cuando ha pretendido imponer reglas de protocolo palaciego por castas (¡callaos, bellaco!) en una reunión moderna de iguales. Juan Carlos descompuesto y desorbitado porque se topó en Santiago de Chile con una realidad política que se rebela a los intereses económicos de los inversionistas peninsulares que pretenden la reconquista de América y a la paralela política injerencista que promueven tanto los “socialistas” de Felipe (González, no Calderón) y José Luis Rodríguez Zapatero como los del Partido Popular con Mariano Rajoy como líder formal en casa y José María Aznar como cruzado trasatlántico bajo financiamiento de Washington
Julio Hernández López, “Astillero”, La Jornada, 12 de noviembre.

La mejor cara de una democracia no es precisamente una monarquía, ni la mejor defensa de la primera puede surgir de la segunda. ¿Qué hace España con el rey Juan Carlos al frente del Estado? Quién sabe. Sólo los equilibrios o las inercias políticas de los españoles podrían ofrecer una respuesta medianamente creíble.
Se entiende, pues, que el monarca defienda a uno de sus súbditos preferidos, por provenir de la misma escuela –el franquismo–, pero lo que sí es increíble es que el presidente Zapatero, que se llama socialista, salga a poner la cara por un personaje tan nefasto y aberrante como lo es José María Aznar, un fascista aquí, en España, Venezuela o donde le agarre el día.
Carlos Fernández Vega, “México SA”, La Jornada, 12 de noviembre.

El rey de España dijo lo que quisiera decir casi todo el que tiene que escuchar más de cinco minutos al presidente de Venezuela.
El rey terminó de cuadrar su toma de posición respecto de las cosas de Iberoamérica al levantarse, con claro gesto de hartazgo, mientras el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, hacía coro con Chávez.
Héctor Aguilar Camín, “Día con día”; Milenio, 12 de noviembre.

Al rey Juan Carlos, en nombre de todos los borbones, no le basta con mantener un tensa relación con Letizia Ortiz, a la que considera indigna de su estirpe, sino que ahora, quizá inspirado en la real politik mexicana y un poco harto de guardar los protocolos, le gritó en la Cumbre Iberoamericana “¡cállate chachalaca!” a una de las chachalacas mas verborreicas de este y otros continentes: Hugo Chávez.
Digo, además de que de por sí es fácil que el venezolano saque de sus casillas a cualquiera —sobre todo cuando se pone a cantar rancheras en el peor estilo del Mariachi coco, Pablo Montero—, supongo que está en su derecho de comportarse como si fuera Fox, un mexicano al que debe admirar por su resistencia a guardar las formas.
Jairo Calixto Albarrán, “Política cero”; Milenio, 12 de noviembre.

El chiste –no exactamente el más vulgar, hubo peores– que corría por las taperías de Madrid y Barcelona decía que la noche de bodas de la plebeya Letizia y el príncipe Felipe la única que estrenó fue ella. Aunque ya han transcurrido más de cuatro años, parece que el rey Juan Carlos no ha podido superar que la esposa de su heredero sea una mujer divorciada, “con un pasado”, algunos de cuyos episodios, por cierto, se tejieron en Guadalajara. De acuerdo con las revistas del corazón, las tensiones en el interior de la familia real van en aumento. Su majestad el rey cada día se muestra más incómodo. Además, la plebeya ni siquiera le ha dado un nieto varón. ¿Contribuyó ese estado de ánimo a que estallara en la forma como lo hizo en la Cumbre Iberoamericana de la República de Chile? ¿O simplemente lo fastidió el deslenguado Hugo Chávez, cuando llamó fascista al indudablemente fascista José María Aznar? Haya sido una cosa o la otra, o alguna más, lo cierto es que las cumbres borrascosas de los jefes de Estado de América Latina deben cambiar de formato: hay que excluir a los españoles. No es posible una alianza entre lobos y corderos. España ha retomado su papel de potencia colonizadora y a nuestros países les conviene guardar una actitud defensiva, porque hasta ahora nos han llevado al baile
Enrique Galván Ochoa, “Dinero”, La Jornada, 13 de noviembre.

A la salida declaró a los periodistas lo que no había dicho en la mesa: que el rey de España había formado parte del golpe de Estado en su contra, llevando la realidad al mundo bizarro donde el golpista Chávez acusa de golpista al demócrata Juan Carlos, que evitó el golpe contra la democracia y el pueblo españoles.
El error del rey fue cabrearse y caer en la provocación; el de Chávez, bueno, el de Chávez es Chávez.
Joaquín López Dóriga, “En privado”, Milenio, 13 de noviembre.

De vez en cuando —Argentina, por ejemplo— la arrogancia imperial española, en boca de José María Aznar se puso a retar al mismísimo Fidel Castro por su escasa vocación de democracias. Ahora ha sido el caso de Hugo Chávez en el escenario chileno y su contraparte ha sido justamente el rey Juan Carlos, sobre cuya actitud la prensa española y las fuerzas políticas de su país vuelcan excesivos elogios.
Félix Cortés Camarillo, “Cancionero”, Milenio, 13 de noviembre.

Qué ironías. El socialista bolivariano ungido por las urnas se comportó, en un cónclave donde las agendas giraron en torno a la educación, la salud y la eliminación de la pobreza, como el gorila que es, poniendo los consensos que pudieran paliar los problemas de Iberoamérica detrás, muy detrás de su egoeterna sed de reflectores. Y el monarca español, remanente de un sistema vigente gracias al melancólico intento de los europeos por embalsamar su historia, fue el único entre pares con la impaciencia suficiente para expresarle a Chávez lo que piensa el concierto de las naciones civilizadas: que quizá tenga el músculo y, oh, paradoja, gracias a la economía globalizada, el dinero, pero nunca la estatura como para presentarse con gracia en un foro de altos vuelos: uno sin discursos armados a punta de eslóganes baratos de cara a públicos ignorantes, cautivos y complacientes.
Roberta Garza, Milenio, 13 de noviembre.

Chávez mismo se encargó de recordarnos que él era presidente y, el otro, rey. Y de justificar su patanería al interrumpir como globalifóbico en celo el discurso ajeno —en este caso, el de Zapatero, que ni la debía ni la temía—, amparándose en una libertad de expresión que nadie atacaba: se olvidó que al rey, y al resto del mundo moderno, no lo fastidian la pobreza de sus opiniones, sino la de sus formas: en pocas palabras, el que aproveche un foro de discusión multinacional para saciar sus patologías histriónicas, amplificadas por un sistema que privilegia la cantidad sobre la calidad de los votos. Es de pensarse la disyuntiva: ¿un rey parlamentario estadista como Juan Carlos, que ha acompañado a España de la miseria económica y política a su riqueza actual, o un dictador legitimado por una presidencia de origen democrático y que encamina a su país al abismo como Chávez?
Roberta Garza, Milenio, 13 de noviembre.

Donde quiera que esté, mientras regaña a la infanta Elena por divorciarse del beodo y vivales de Jaime de Marichalar (¡pardiez, los borbones no nos divorciamos, ni que fuéramos los Grimaldi monegascos que han hecho del reino de Rainiero un table dance, coño!, debió escucharse por todo El Escorial), el rey debe estar muy agradecido, muy agradecido, como diría el Tenor Continental. Debe imaginar que en México se piensa mucho en él, y que tenemos profundas nostalgias monárquicas; tan así que podría pensar que en cualquier momento una comitiva se apersonará hasta la intimidad de su despacho para solicitarle de la manera más atenta nos que mande a don José María Aznar en calidad de Virrey de la Nueva España Nahuatlaca.
Jairo Calixto Albarrán, “Política cero”; Milenio, 13 de noviembre.

Por exagerada que encuentre usted mi reacción, quiero decirle que ese "Por qué no te callas" lo sentí como que quería callar a todos aquellos que están en una posición de desventaja frente a países mucho más ricos y más poderosos que los nuestros. Al querer agredir públicamente a Chávez, de alguna manera también me agredió a mí. Sobre todo, majestad, pienso que el presidente Zapatero de una forma sumamente elegante, diplomática y como un verdadero jefe de Estado, le hacía ver al presidente Chávez que "se puede discrepar radicalmente de las ideas, denunciar los comportamientos, sin caer en la descalificación". Por ello me permito decirle que su reacción resultaba totalmente innecesaria porque de alguna manera su orden de que se callara sonaba a una descalificación del mandatario elegido democráticamente (estemos de acuerdo con él o no) de la República Bolivariana de Venezuela.
Guadalupe Loaeza, Reforma, 13 de noviembre.

No podría estar más de acuerdo con Hugo Chávez, cuando en una rueda de prensa al salir de la cumbre señaló muy enfáticamente: "Señor Rey, yo le digo lo siguiente tenemos 500 años aquí y nunca nos callaremos, mucho menos a la voz de un monarca". No se olvide don Juan Carlos que durante varios siglos nos quisieron callar; no se olvide que costó muchas vidas nuestra independencia como países libres y soberanos, pero sobre todo, no se olvide que estamos en siglo XXI en el cual las monarquías están cada vez más devaluadas y el pueblo tiene la palabra para elegir libremente a sus gobernantes.
Guadalupe Loaeza, Reforma, 13 de noviembre.

Mal y de malas está el rey Juan Carlos. Ya hay canciones a ritmo de reggeattón y paso doble sobre su altercado verbal con el presidente Hugo Chávez. El famoso “Por qué no te callas”.
Ahí no termina todo. Ayer se informó que la infanta Elena se separará temporalmente de su esposo Jaime de Marichalar, duque de Lugo.
Ash. De haberlo sabido antes. Posiblemente ahora entenderíamos al rey. Está pasando un mal momento y durante la cumbre estaba muy susceptible. ¿No cree?
Katia D’Artigues, “Campos Elíseos”, El Universal, 14 de noviembre.

¡Rediez! ¡Que ha empezao a verse la oreja del violín! La Casa Real de España anunció hace unas horas que la infanta Elena de Borbón y Jaime de Marichalar se separan después de 12 años de matrimonio. La pareja tiene dos hijos, Felipe Juan Froilán, de nueve años, y Victoria Federica, de seis. Este conflicto familiar viene a añadirse al que les comentaba ayer: la nuera (que no era la que esperaban), Letizia, esposa del príncipe heredero, Felipe, no acaba de ser aceptada por la familia ni por la realeza. ¿Entonces la carga emocional hizo que la sangre azul se le agolpara en la cabeza al rey Juan Carlos de tal suerte que rugió al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, el ya famoso “¿por qué no te callas?” Pues sí, tal vez: el padre, el suegro y el abuelo –todo es al mismo tiempo el rey– está viviendo un mal momento familiar. Aunque también hay razones de orden económico y político. Las inversiones de España en América Latina llegan a 129 mil millones de euros y el presidente Chávez encabeza una ola de nacionalizaciones de empresas extranjeras en su país e inspira las de otros. En Venezuela, en particular, Repsol, la petrolera española, ya sufrió los efectos de la renacionalización parcial del sector energético. A diferencia de hace unos años, en los que era propietaria única de sus actividades de exploración y producción, ahora las tiene que compartir a la mitad con el gobierno chavista. En fin: tómese un dulce vinillo de Málaga y tranquilícese, su majestad, porque la indiada ya no entiende a gritos
Enrique Galván Ochoa, “Dinero”, La Jornada, 14 de noviembre.

Hace 30 años cuando Franco murió y Juan Carlos asumió el poder, lo hizo de forma tranquila, es más, quien fuera designado como heredero de la dictadura se convirtió en el motor del cambio hacia un sistema democrático. Cuando hubo un intento de golpe de Estado en 1981, la negativa del rey de apoyarlo fue crucial para abortar la toma del poder por parte de los militares. Cuando los horrorosos acontecimientos del 11 de marzo de 2004, al atardecer, el rey decidió dirigirse a los españoles pidiéndoles firmeza y serenidad ante la barbarie terrorista, pero discretamente exigió a Aznar (quien comploteaba para hacer creer a todos que ETA era responsable de los atentados) que reconociera públicamente que la pista islámica no estaba excluida. Cuando su hijo, el heredero al trono, Felipe de Borbón, le dijo que quería casarse con Letizia Ortiz, ¡uy! Juan Carlos casi se nos desmaya. El principito había elegido para futura reina a una mujer divorciada y de muy dudosa reputación (en España se dice que los mexicanos aún seguimos sacando con pala mecánica el “polvo” que dejó por acá), pero ante la amenaza de Felipe de tirarse al berrinche y escándalo, pues decidió no hacer olas y medio la aceptó. Y lo último, la separación de su hija, la infanta Elena, del insoporteibol de Jaime de Marichalar; y que además le andan cuestionando el origen de su gran fortuna que lo coloca en la posición número 134 de los hombres más ricos del mundo.
Carolina Enríquez, “Azul Tiffany”, Milenio 14 de noviembre.

Él ante todo eso ha guardado la compostura y calma. Ha sabido manejarlo a la perfección cual dicta su posición y educación de monarca. Pero, pobre, se topó de frente con el orangután de Hugo Chávez y perdió la cabeza. Le gritó en plena Cumbre Iberoamericana, “¿Por qué no te callas?”. Ahora intentan descalificar la actuación del rey, que sí, estuvo mal para un personaje de su categoría. Pero a decir verdad, se ha convertido en my hero, pues le dijo al dictadorsucho venezolano lo que muchos quisiéramos también gritarle a la cara, “¿Por qué no te callas de una buena vez?”. La envidia me corroe.
Carolina Enríquez, “Azul Tiffany”, Milenio 14 de noviembre.

La tercera reflexión se refiere a los motivos que sacaron a Chávez de sus casillas. Tampoco se cuece al primer hervor; ya ha visto otras. Si se desesperó, es quizás porque su situación interna empieza a volverse desesperada. Con el petróleo a 100 dólares, debería encontrarse en jauja. En cambio, enfrenta un número creciente de estudiantes movilizados y elocuentes; mayor división del Ejército con liderazgos simbólicos e intachables; una oposición vehemente de la Iglesia Católica; y encuestas que, por primera vez, tratándose de empresas que suelen favorecer a Chávez, advierten que puede perder el referéndum del 2 de diciembre. Todos sabemos que cuando hay estudiantes en la calle, militares divididos y grandes acontecimientos en puerta, la provocación y/o la agresión se acercan. Un Tlatelolco o 10 de junio en vísperas del 2 de diciembre, no debiera sorprender a nadie si por desgracia sucede; pero la posible derrota de Chávez en las urnas, tampoco.
Jorge Castañeda, Reforma, 14 de noviembre.

El hecho de que un Presidente socialista de España haya salido a la defensa de uno conservador, con quien tiene diferencias profundísimas en el ámbito político, es muestra de una faceta de la cultura política de la cual carecemos.
Aunque el gran "show" luego de la Cumbre Iberoamericana tiene que ver con el estallido del Rey frente a las interrupciones de Chávez y toda su secuela, casi nadie se ha detenido a considerar el significado de que Zapatero haya defendido a Aznar.
Pero, precisamente ese hecho es reflejo de algo que puede explicar el éxito económico de España frente a la mediocridad de la economía mexicana.
Enrique Quintana, “Coordenadas”, Reforma, 15 de noviembre.

3. La majadería de Juan Carlos, que no pudo soportar el discurso del presidente argentino Kirshner del viernes 9 ni las palabras del nicaragüense Daniel Ortega, que lo hicieron ese sábado levantarse airado de su sitio, se ha revertido con enorme rapidez contra la pretensión de España de consolidar sus intereses hegemónicos en Latinoamérica, pues ha abierto una discusión sobre el carácter “iberoamericano” de esos encuentros –ideados para propiciar y legitimar la penetración del capital trasnacional–, poniendo en la mesa de discusiones el papel depredador que tienen las trasnacionales de origen hispano en nuestros países y la corrupción de muchos gobernantes latinoamericanos al autorizar su penetración en sectores estratégicos, marcando en suma el momento de un desencuentro histórico entre España y América Latina, además de que ha abierto, de paso, una nueva discusión sobre el futuro de la monarquía en España
Luis Javier Garrido, La Jornada, 16 de noviembre.

8. La majadería de Juan Carlos, incapaz de desempeñar el papel diplomático que desde Washington se le ha asignado, y que está siendo justificada por la prensa derechista en España como cada vez que éste incurre en uno de sus traspiés (aduciendo en esta ocasión que se hallaba en copas, deprimido por la separación de una de las infantas), hace inocultable para amplios sectores de españoles que la monarquía parlamentaria es una forma de gobierno anacrónica que le fue impuesta a España por voluntad de Francisco Franco, y que su país debe tener un gobierno republicano. Hace un año, cuando Juan Carlos hizo una seña obscena a un grupo de manifestantes del País Vasco y a principios de éste, en que presentó una demanda contra una revista por informar que sus ayudantes habían tenido que emborrachar a un oso, llamado Mitrofan, para que lo pudiera matar durante una cacería en agosto de 2006 en la región de Vologda (Rusia), se planteó la necesidad de terminar con la monarquía, pero nunca con la vehemencia de ahora
Luis Javier Garrido, La Jornada, 16 de noviembre.

IMAGEN PÚBLICA: ¿POR QUÉ NO TE CALLAS? 5. RODRÍGUEZ ZAPATERO.

José Luis Rodríguez Zapatero, tercer actor del reparto, fue objeto de doce comentarios, 10.17% de los 118 sistematizados.

La frase utilizada por Rodríguez Zapatero no puede y no debe pasar desapercibida, pues entraña un profundo sentido democrático, de tolerancia y de nacionalismo bien entendido. En medio de los excesos verbales de Hugo Chávez, Zapatero le increpó: “…se puede estar en las antípodas de una posición ideológica y no seré yo quien esté cerca de las ideas de Aznar, pero fue elegido por los españoles y le exijo ese respeto”.
En efecto, la frase con la que el presidente del Gobierno de España salió al paso contra las críticas del presidente venezolano, entraña profundos valores democráticos que más de uno en México debería conocer y sobre todo practicar. Para nadie es un secreto lo que el propio Zapatero expresa en su alocución y que implica la distancia de pensamiento que lo separa de su predecesor. Por eso, la defensa que hace de Aznar toma mayor dimensión, pues a pesar de sus diferencias comparten en común el origen democrático de sus mandatos.
Es ahí donde se encuentra la primera lección: el origen de democrático de los gobiernos exige por ello mismo, respeto. En última instancia esta consideración para con los gobernantes electos democráticamente se traduce en un respeto al pueblo que los eligió, y a ello, precisamente, alude Rodríguez Zapatero.
Rogelio Carbajal, Crónica, 12 de noviembre.

"Se puede estar en las antípodas de una posición ideológica y no seré yo quien esté cerca de las ideas de Aznar, pero fue elegido por los españoles y exijo ese respeto...". Mientras Rodríguez Zapatero decía estas palabras, Chávez lo interrumpía abiertamente. Fue en ese momento cuando el rey le espetó a Chávez: "¿Por qué no te callas?"
Cuando pudo, Rodríguez Zapatero continuó su participación: "Hay una esencia y un principio en el diálogo y es que para respetar y para ser respetado debemos de procurar no caer en la descalificación. Se puede discrepar radicalmente de las ideas, denunciar las ideas, los comportamientos, sin caer en la descalificación". Un nutrido aplauso de los asistentes recibió estas palabras de Rodríguez Zapatero.
Sergio Sarmiento, “Jaque Mate”, Reforma, 12 de noviembre.

La expresión es también una enseñanza de tolerancia política. Sólo se puede ser tolerante cuando se sabe exactamente lo que se es. Zapatero —es obvio— lo tiene muy claro: su pensamiento y su política, son de izquierda y con ella se puede discrepar o estar de acuerdo, como se puede disentir o congeniar con una política de centro, de derecha o de corte liberal. Pero esta clara diferencia ideológica no obsta para reconocer que José María Aznar merece el respeto y la consideración pública como presidente español que lo fue, pues como antecesor de Zapatero, Aznar representó —como ahora lo hace él— a su país.
Una tercera lección se desentraña de aquí. En política exterior —también a pesar de las distancias que puedan existir— un país es uno e indivisible y su imagen como nación democrática (España lo es) se defiende contra todo y contra todos. Aznar fue Jefe del Gobierno y su figura (como la de Felipe González o la de Adolfo Suárez) sigue representando, en tanto ex presidente, a España. La lección es la de un político que entiende bien la de la defensa en el exterior de su país.
Rogelio Carbajal, Crónica, 12 de noviembre.

Las naves de la reconquista española han mostrado de tal forma su condición bucanera que en la reciente cumbre iberoamericana no sólo se produjo la mención de “fascista” a Aznar, que de sus casillas sacó al rey y obligó a Zapatero a reconocerse en trincheras contiguas a las de Aznar, sino también denuncias fuertes como las del presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien en sesión privada habría descrito a los empresarios españoles como “carroñeros” y habría dicho que “roban a los ciudadanos” (según Gerardo Díaz, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales) y señalamientos críticos del argentino Néstor Kirchner y del propio Hugo Chávez, quien tachó de golpistas a los patronos hispanos
Julio Hernández López, “Astillero”; La Jornada, 12 de noviembre.

Es de sobra conocida la animadversión que existe entre Aznar y Rodríguez Zapatero. El que el actual jefe de gobierno español haya tomado la decisión de defender públicamente a Aznar ante las descalificaciones de Chávez es un gesto importante. Aznar así lo entendió y llamó por teléfono tanto al Rey como al Presidente para agradecerles su actitud en la cumbre. En la conversación de unos 10 minutos que tuvo con Aznar, Rodríguez Zapatero dijo: "He actuado de acuerdo a mis principios y al respeto que se merece cualquier persona que sea elegida democráticamente por los ciudadanos para la presidencia de nuestro país".
Infortunadamente, este gesto de unidad democrática fue echado a perder por Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular -al que pertenece Aznar- y cabeza de la actual oposición española, quien declaró que el incidente "es fruto de las amistades peligrosas que ha cultivado el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero", a quien pidió que busque sus aliados entre gobiernos "occidentales, liberales y democráticos".
Sergio Sarmiento, “Jaque Mate”, Reforma, 12 de noviembre.

Que reaccionaron así, justifican, porque la delegación española, con el rey y Zapatero a la cabeza, “se molestó cuando el gobernante venezolano llamó fascista a José María Aznar y lo acusó de haber promovido el golpe de Estado contra su gobierno en abril de 2002”. Bien, entonces, ¿cómo tendría que reaccionar la delegación venezolana (o la de cualquier otro país en circunstancias similares) ante la intentona golpista del jefe de gobierno español, José María Aznar? ¿Qué esperaban: gratitud y aplausos?
Tres años atrás, el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos (miembro del PSOE), reconoció la activa participación de Aznar y su gobierno en la intentona golpista contra Hugo Chávez. Sin embargo, tras la tormenta política que sus declaraciones causaron, alguien de más arriba le ordenó dar una explicación, y diez días después ante el Parlamento así la dio el diplomático: “no acusé (al gobierno de Aznar) de instigar en la preparación del golpe de Estado. Cuando dije apoyar quise y quiero decir que (ese Ejecutivo) no condenó el golpe de Estado y le ofreció legitimidad internacional (a los golpistas)… cuando se produjo la crisis que desalojó del poder a Chávez, el embajador español recibió instrucciones del gobierno y el efecto de la ejecución de esas instrucciones fue apoyar el golpe de Estado”.
Carlos Fernández Vega, “México SA”, La Jornada, 12 de noviembre.

Lo mas divertido fue la cara del presidente español, Rodríguez Zapatero que en una buena imitación de Pedro Infante en La oveja negra, y que al ritmo de “Tranquilo apá, no se comprometa” trataba de contener a su majestad que estaba injertado en Cruz Treviño Martínez de la Garza ante las provocaciones del Espinito.
La mexicanización de los grandes encuentros internacionales se demostró tanto en la cumbre chilena, que nomás faltó que, trepada en un jeep roja, la señora presidenta Bachelet saliera a reconvenir a Chávez con un contundente “coopelas o cuello”.
Jairo Calixto Albarrán, “Política Cero”, Milenio, 12 de noviembre.

Rodríguez Zapatero ha demostrado una vez más ser un digno presidente del gobierno español. Su cuestionamiento público a las descalificaciones sistemáticas que Chávez ha hecho a Aznar es reflejo de un talante abierto. Esto lo entendió Aznar al llamarlo telefónicamente para agradecerle sus palabras, a pesar de la notoria distancia política entre uno y otro. Quien no entendió la importancia del momento fue Rajoy, quien ha aprovechado incluso la defensa de su correligionario por el Presidente para atacar a éste.
El Rey mostró, me parece, que es humano, pero cometió un error diplomático al callar a Chávez, aun cuando éste estuviera interrumpiendo a Rodríguez Zapatero. Y Chávez... bueno Chávez demostró una vez más quién es.
No son el Rey ni Rodríguez Zapatero los primeros ni los últimos mandatarios de otros países con los que Chávez ha tenido y tendrá problemas. El presidente venezolano goza de la confrontación. Para él, el incidente de la cumbre de Santiago no es más que otro triunfo que le ha permitido seguir siendo el centro de atención de los medios internacionales de comunicación. Y estos desplantes los seguirá teniendo durante décadas, puesto que ya se acerca la aprobación de la nueva Constitución que le permitirá convertirse en Presidente de por vida.
Sergio Sarmiento, “Jaque Mate”, Reforma, 12 de noviembre.

Otras de mis dudas tienen que ver con que si el presidente de Gobierno, el señor Rodríguez Zapatero, asistió a la cumbre como todos los demás jefes de Gobierno invitados, quisiera saber en qué calidad asistió el rey de España. Tengo entendido que el Rey, aunque sea reconocido como Jefe de Estado, no debe mezclarse en asuntos de Estado y mucho menos respecto a la política exterior de su país. Tal vez esté equivocada o mal informada, pero para mí usted es un símbolo de la unidad de España.
Guadalupe Loaeza, Reforma, 13 de noviembre.

Evidentemente, las opiniones y las reacciones internacionales tampoco se hicieron esperar: desde el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero que, evidentemente (y aunque se trate de su acérrimo enemigo en la política doméstica española), defendería a José María Aznar de las críticas del venezolano, hasta Carlos Fuentes, el escritor que llamó “ignorante y burdo” a Hugo Chávez al desconocer que el rey Juan Carlos había sido uno de los principales artífices de la transición española a la democracia después del franquismo
Yuriria Sierra, “Nudo gordiano”, Excélsior, 14 de noviembre.

Todos los que hacemos eco de la escena y todos los medios que han opinado sobre el gazapo han obviado el ejemplo de mesura y serenidad de José Luis Rodríguez Zapatero, quien tenía la palabra y estaba en todo su derecho de terminar de exponer sus opiniones. No merecía que el campechano dictador de Venezuela se abrogara la facultad de interrumpirlo, pero tampoco que el propio rey de España perdiera la paciencia e interviniese en la escena. Volvamos a ver el video y guardemos la fotografía donde todos hemos visto el rostro molesto del rey y la oreja darwiniana de Chávez, pero pocos han observado la mano izquierda del presidente Zapatero, que intenta calmar los ánimos de ambos espontáneos. Mano izquierda avalada por las palabras, tampoco vistas ni oídas por la mayoría de los espectadores, donde pedía respeto y claridad de conceptos, pues tal como él, así estemos todos “en las antípodas”, opuestos radicalmente a las erradas ideas y atropelladas maneras de José María Aznar, nadie puede negar que fue electo democráticamente por la mayoría de los españoles en su momento y que, así porte camisa azul o imagine moros con tranchete o se ría como Chaplin, no cumple con el perfil ni la definición de fascista. Lo debería saber el comandante Chávez que ha dado asilo a Martha Harnecker —la ya anciana y trasnochada teórica del materialismo histórico—, que en sus manuales didácticos endilgaba o dictaba definiciones muy precisas y fáciles de memorizar sobre qué era la plusvalía y cuáles los engranajes de los medios de producción.
Jorge Hernández, “Agua de Azar”, Milenio, 15 de noviembre.

El trasfondo del conflicto viene de atrás. El presidente Zapatero se había reunido con la disidencia venezolana, como lo había hecho con la disidencia cubana. La primera vinculada a la derecha y la segunda articulada alrededor de la defensa de los derechos humanos y las libertades políticas conculcadas en Cuba. Chávez espió al gobierno español y, dicen, también algunas oficinas del rey.
Por tanto, las relaciones entre las dos naciones estaban a punto del choque. La explosión del rey Juan Carlos ocurrió cuando Chávez insistió en llamar "fascista" al expresidente José María Aznar. Contra toda previsión porque el rey y Zapatero han roto relaciones políticas y personales con Aznar, los dos tuvieron que salir en defensa del líder del Partido Popular.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 16 de noviembre.

IMAGEN PÚBLICA: ¿POR QUÉ NO TE CALLAS? 6. FELIPE CALDERÓN.

Como señalamos en la Presentación, el hecho de que el Presidente Calderón decidiera no asistir a la XVII Cumbre Iberoamericana restó cobertura mediática nacional al evento. Sin embargo, tres comentarios, 2.54% de los 118 sistematizados, se refieren a su persona.

Este capítulo protagonizado por José Luis Rodríguez Zapatero debe añadirse a uno anterior, pues hace ya más de un año fue el primer gobernante en reconocer públicamente a Felipe Calderón como presidente electo. Como cualquier demócrata, Zapatero entiende muy bien que una elección se gana en las urnas y como tal felicitó a Calderón. Semanas después volvió a la escena y llamó a la izquierda mexicana a actuar democráticamente, a acatar el resultado electoral y, como oposición, a tratar de influir en las políticas desde la privilegiada posición que los ciudadanos le habían otorgado.
El resto de la historia también se conoce. La izquierda mexicana no comprendió el mensaje e incluso lo criticó fuertemente al grado de la descalificación. Su actuación, lejos de aceptar el resultado de la elección como lo aconsejaba el líder socialista europeo, fue cada vez más irracional.
Rogelio Carbajal, Crónica, 12 de noviembre.

“¡Se sacó la lotería! No tuvo que tomar partido entre gente educada y un dictador”, reviró el ex canciller Jorge Castañeda cuando le preguntamos sobre la ausencia de Felipe Calderón en la Cumbre Iberoamericana celebrada la semana anterior en Chile. Se refería al polémico “¿por qué no te callas?” que le espetó el rey de España al presidente venezolano Hugo Chávez.
Al Güero, por cierto, no le gusta la insistencia del gobierno de Calderón en ser “cuates” de alguien que se pelea con todo el mundo. “No entiendo por qué quieren una buena relación con él, y no la relación fría que se merece”.
Francisco Garfias, “Arsenal”, Excélsior, 13 de noviembre.

Por último, no podemos omitir el caso de México. Calderón se salvó de los epítetos o de tomar partido en torno a ellos por haber cancelado su viaje a Chile -la cuarta cancelación de una gira internacional en menos de un año: Sun Valley; Nueva York, Chicago y Boston; Perú y Colombia y esta Cumbre. Pero no evitará los estragos que provoca la innecesaria amistad con Chávez, más aún si a éste se le descompone el frente interno. Nadie entiende por qué insistimos a toda costa en ser amiguitos del caudillo de Caracas: no basta como explicación querer complacer al PRI y al PRD, y consumar un deslinde barato con Fox. El costo es mayor que cualquier beneficio. Quizás los exabruptos de Juan Carlos I y la respuesta clara y de estadista de Zapatero sirvan al presidente Calderón para rectificar el rumbo y encontrar un camino de sensatez y sabiduría. Sólo que ese camino no pasa por Caracas ni por La Habana: transita por las comunidades mexicanas de Los Ángeles, Chicago y las empacadoras de Iowa.
Jorge Castañeda, Reforma, 14 de noviembre.

IMAGEN PÚBLICA: ¿POR QUÉ NO TE CALLAS? 7. MÉXICO.

¿Qué papel juega México en una Cumbre Iberoamericana a la que no asistió su presidente? Quizá los seis comentarios, 5.08% de 118 sistematizados, puedan dar una respuesta al respecto.

Esta triple enseñanza de la Cumbre Iberoamericana, a la que se agrega la del capítulo mexicano, es fundamental para la vida democrática en México, sobre todo para quienes instalados en la bandera de la tolerancia, la niegan flagrantemente cuando alguien piensa diferente a ellos. Aceptar la lección y, ante todo, practicar los valores que entraña serán fundamentales para consolidar la democracia.
Y no obstante que se pueda discrepar de la ideología socialista del propio Rodríguez Zapatero (parafraseando su propia intervención), las lecciones que nos ha dejado son dignas de reconocerse.
Rogelio Carbajal, Crónica, 12 de noviembre.

En el marco de la Cumbre Iberoamericana, Felipe tenía agendado un encuentro bilateral con Chávez. No asistió a la reunión por la catástrofe en Chiapas y Tabasco. Su lugar lo ocupó la canciller Patricia Espinosa.
La cancillería sacó un comunicado del viaje de Espinosa. “Lo único que destacó fueron sus tres minutos con Chávez”, hizo notar, mordaz, Castañeda. Recordó la agitación estudiantil que existe en Venezuela por la intención del presidente de perpetuarse en el poder. Lanzó una voz alerta: “¡Aguas con Tlatelolco! A ver qué (explicación) va a sacar Espinosa, cuando éste se produzca”.
Francisco Garfias, “Arsenal”, Excélsior, 13 de noviembre.

Y puede que tuviera razón el monarca. Quizá los accesos de grotescología de Hugo Chávez no hubieran molestado tanto a la comunidad intelectual y periodística nacional si éste las dirige a Fox, Calderón o Fabiruchis y no a un portentoso adalid con sangre azul (que no blanquiazul, aclaro). En el fondo, sospecho que el espíritu de Juan Nepomuceno Almonte (aquel hijo del Siervo de la Nación, José María Morelos y Pavón, el más entusiasta de los conservadores encargados de importar a Maximiliano de Habsburgo para que educara al peladaje) vive entre nosotros con tanta soltura como en 1864.
A juzgar por la defensa siciliana que se conformó alrededor del gran Borbón, cualquiera diría que Chávez no insultó con sus impertinencias a la corona española sino a la Guadalupana. Aunque don Hugo siempre puede alegar que cuando se pone como Mariagnita Pratts, después de tropezarse con unas cáscaras de Bacardí, no es responsable de sus actos.
Quizá sea momento de reconocerlo. Nos fascinan las coronas, los títulos nobiliarios, las princesas disneyanas, los muebles Luis XIV y la onda monárquica con pompa y circunstancia.
Ya no tenemos los mexicanos sólo una Hummer aunque sea en la cabeza, sino también un rey de chocolate con nariz de cacahuate.
Jairo Calixto Albarrán, “Política cero”, Milenio, 13 de noviembre.

Para terminar le informo que mi candidato a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, del PRD, perdió una cantidad de votos al espetar a Vicente Fox, diciéndole: "¡Cállate, chachalaca!" No, decididamente, a nadie le gusta que nos calle, porque como bien decía Voltaire: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que tenga el derecho de decirlo". Sí, todos tenemos derecho a la libertad de expresión, aunque ordene callar un rey.
Guadalupe Loaeza, Reforma, 13 de noviembre.

En cuanto al tema del rey Juan Carlos de España y el presidente venezolano Hugo Chávez, Fox Quesada comentó:
"Chávez se pone a hablar, hablar y atacar y a ir en contra de personas y llega un punto donde se le pide meter al orden, un poquito respetar a los demás, como yo, que respeto a todos", puntualizó.
¡Ay ya, por favor!, claman; se solicita la intervención del rey Juan Carlos para que le venga a decir a Chente: "¿por qué no te callas?"
Eva Makívar, “La creme de la creme”, El Financiero, 14 de noviembre.

Pero también el ex presidente Vicente Fox (uno de los adversarios históricos de Chávez) respaldó al rey Juan Carlos, en una entrevista para la cadena de televisión CNN, en donde no desaprovechó ni un minuto de aire, para reavivar la llama de esa añeja enemistad. Pero también hubo quien defendió a Chávez: quién si no su mentor el comandante Fidel Castro, quien, todo parecería indicar, prepara una suerte de sucesión extraterritorial del poder en la isla, para dejar toda la estafeta de la dizque izquierda revolucionaria en manos del quasi dictador venezolano
Yuriria Sierra, “Nudo gordiano”, Excélsior, 14 de noviembre.

IMAGEN PÚBLICA: ¿POR QUÉ NO TE CALLAS? 8. ESPAÑA Y EL ESPACIO LATINOAMERICANO.

Treinta comentarios, 25.42% de los 118 sistematizados, es decir un poco más de la cuarta parte, se refieren a las complejidades inherentes al espacio cultural latinoamericano, a los “bloques” que participan y a los intereses de los empresarios españoles en este escenario.

Que de indignación, rayando en ira, era el tono del análisis en las principales páginas internacionales de internet. Como ejemplo está este párrafo de Consuelo Álvarez de Toledo, editora de la agencia Infolatam, especializada en el análisis de los temas políticos de América Latina:
“Hugo Chávez confunde una cumbre de estadistas con una feria de matones. Dispuesto a imponer su permanente reelección, a cerrar los medios de comunicación que osen oponérsele, repartiendo dólares con aire de nuevorriquismo populista, se permite el hombre dar lecciones de democracia. Lo malo es que nadie levantó la voz para recordar sus atropellos. Salvo el rey, claro”.
Salvo el rey.
“Trascendió”, Milenio, 11 de noviembre.

Ojalá el monarca y Rodríguez Zapatero entiendan de una vez por todas que deben hablar de igual a igual hasta con los que se expresan, según ellos, en términos “políticamente incorrectos”. Máxime si se tiene en cuenta que algunos empresarios españoles, apoyados silenciosamente por su gobierno, alientan asonadas como la de Venezuela. Y sin olvidar el trato humillante que regularmente reciben los emigrantes latinoamericanos que recalan en la península ibérica. De ahí también el reclamo del presidente de Ecuador por la brutal agresión xenófoba sufrida por una conciudadana en el Metro de Barcelona. Claro, su homólogo colombiano Álvaro Uribe nada dijo de la golpiza que días después le propinaron en Madrid a un emigrante colombiano.
¿Estará de más exigir que Juan Carlos I de España y Rodríguez Zapatero, con todo y su talante, entiendan y asuman que la democracia es para todos y en toda su expresión?
Editorial, La Jornada, 11 de noviembre.

Chávez después declaró que a él no lo podía callar nadie y que Juan Carlos sería muy rey pero él había sido elegido en tres ocasiones con 63% de los votos. En verdad, la forma en la que se llega al poder no determina que un gobernante sea o no democrático: Hitler llegó por la vía electoral, lo mismo que Mussolini (apoyados ambos en la violencia, como ha sucedido con Chávez, y prohibiendo progresivamente a cualquier oposición, según lo ha hecho el mandatario venezolano); otros gobernantes, tan populistas como autoritarios, por ejemplo, Juan Perón o Getulio Vargas, en Argentina y Brasil, respectivamente, también llegaron al poder por la vía electoral y nada de eso los hizo más democráticos. Por su parte, el rey Juan Carlos ha hecho una contribución a la democratización de su país, para alejar definitivamente el franquismo y, con miras a la consolidación de muchas democracias en América Latina, francamente notable: nadie en su sano juicio podría calificar como antidemocrático al jefe del Estado español. Tampoco a José María Aznar, aunque se tengan profundas diferencias con él y, mucho menos, calificarlo de fascista: Aznar fue un mandatario profundamente conservador, que apostó por una alianza con EU para Irak, pero no violó ninguno de los derechos consagrados en la Constitución española ni buscó jamás un mecanismo para perpetuarse en el poder indefinidamente.
Jorge Fernández Menéndez, “Razones”, Excélsior, 12 de noviembre.

Ante el surgimiento de gobiernos latinoamericanos con propuestas económicas alternativas al Consenso de Washington y con políticas exteriores independientes, el gobierno que encabezaba José María Aznar emprendió una política de abierta injerencia para favorecer a las fuerzas derechistas de este lado del Atlántico. En el encuentro de anteayer, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, dio cuenta de cómo, ya en tiempos de Rodríguez Zapatero, en la embajada de España en Managua se conspiró para impedir el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional, lo que generó por segunda vez la ira del jefe del Estado español, quien abandonó con rudeza la sesión
Editorial, La Jornada, 12 de noviembre.

Enojos solidarios y cerrar de filas (¿Aznapatero? ¿zapaznar? ¿Juaznar Carlos? ¿Juan Capatero?). Tres personas distintas y un solo dios verdadero: el interés expansionista de una España que ha ido extendiendo en Latinoamérica redes empresariales y proyectos de dominación política, con dos embajadores plenipotenciarios en acción: el “socialista” Felipe González Telcel, que con despliegues teóricos presuntamente progresistas va por las tierras en proceso de recuperación lubricando golpes y haciendo alianzas con empresarios e intelectuales (ahora es el representante del reino de España para conmemorar las independencias nacionales latinoamericanas), y el explícitamente derechista José María Aznar, quien sabidamente apoyó la intervención armada injusta e irracional de Estados Unidos en Irak y pretendió culpar a ETA de un atentado terrorista en vísperas de elecciones que a causa de esa mentira se le volvieron en contra
Julio Hernández López, “Astillero”, La Jornada, 12 de noviembre.

El oportunista intercambio de baba entre Castro y Chávez nació de la canija necesidad que tiene el primero del petróleo que dejó de subsidiarle la extinta Unión Soviética, y el segundo de ostentarse como “revolucionario” equiparable al vetusto ex héroe cuya gloria declinó a finales de los ochenta con la caída del Muro de Berlín y el fracaso del “socialismo real”.
Terciados por el boliviano Evo Morales, a los dos les importa desacreditar a sus competidores efectivos: la chilena Michelle Bachelet y el español Rodríguez Zapatero, que representan la izquierda democrática, el socialismo de lo posible (no los derechosos Felipe Calderón o el colombiano Álvaro Uribe, que sólo son sus adversarios ideológicos).
De ahí que el dictador “bolivariano” y los mandamases de Nicaragua y Bolivia (“se escucharon las voces de Sandino y de las culturas milenarias de este hemisferio”, según Fidel Castro) montaran la provocación en la que cayeron los gerifaltes españoles (ni se diga el cuestionable rey con su variante del “cállate chachalaca”).
Carlos Marín, “El asalto a la razón”; Milenio, 12 de noviembre.

Pero el resto de la región, comenzando por los gobernantes de centroizquierda o socialdemócratas, han comenzado a hartarse de Chávez y de sus desplantes de dictador, así como de su abierta intervención en asuntos de otros países. Ninguno rechaza los petrodólares, pero la distancia política se mantiene con Michelle Bachelet, Lula da Silva, Tabaré Vázquez e incluso con Néstor Kirchner. Su relación con las FARC molesta profundamente en Colombia y, en el caso de España, a pesar de los coqueteos con Rodríguez Zapatero, basados en un intento de compras multimillonarias de armas, las cosas se han deteriorado enormemente, y más se van a deteriorar en el futuro. México acaba de salir de una crisis diplomática con Chávez, derivada en buena medida por el apoyo encubierto que éste brindó a López Obrador. El presidente Calderón planeaba reunirse con Chávez en la Cumbre de Santiago, pero las inundaciones de Tabasco le impidieron concurrir. No hay mal que por bien no venga: hubiera sido desagradable ver al presidente Calderón con el peor Chávez, saludándolo al mismo tiempo que éste lograba hartar a los mandatarios más democráticos de la región. Más temprano o más tarde, habrá que elegir con quién se quiere aparecer en la foto.
Jorge Fernández Menéndez, “Razones”, Excélsior, 12 de noviembre.

Pero, ¿Aznar fascista? Bueno, cuando menos, confesamente, injerencista en asuntos de política latinoamericana, según dijo él en febrero de 2006 a la reportera Antonieta Cádiz, de El Mercurio de Chile. En esa ocasión, el ex presidente español dio a conocer una especie de Plan para las Américas al declarar su esperanza de que “la marea populista se detenga. Alguien la tiene que parar, alguien tiene que decir que ése no es el camino. Yo estoy dispuesto a hacerlo, y sé que hay muy buenos amigos en Iberoamérica dispuestos a trabajar también. Entonces, vamos a ver si nos organizamos y lo hacemos”. En México se conocieron los efectos de las políticas de reconquista diseñadas por Aznar en Washington, donde cumple tareas de corte académico: el propio José María vino a México a invitar a los ciudadanos a votar por Felipe Calderón, en un acto violatorio de la Constitución, y un español asociado al Partido Popular (Antonio José Solá Reche, accionista de Desarrollo y Operación de Campañas S A de CV) instaló en México las semillas de la división y el odio sociales con campañas propagandísticas negativas como responsable de la “imagen” de quien desde entonces y hasta ahora ha mantenido como su principal operador, virtual vicepresidente, a alguien nacido en Madrid, Juan Camilo Mouriño, que obviamente se esmera en abrir puertas y facilitar negocios a sus paisanos. En México, los españoles están consolidando negocios turísticos en playas que son reservadas para uso de extranjeros, tienen proyectos e inversiones en el océano de corrupción que es el ámbito de los energéticos, en especial en electricidad y petróleo, y han dado cabida a familiares incómodos del calderonismo como en el caso de PRISA, consorcio que tiene como punta de lanza el diario El País, y que nombró con el sexenio a Juan Ignacio Zavala como segundo hombre de Editorial Santillana, que busca imprimir los gratuitos libros mexicanos de texto
Julio Hernández López, “Astillero”, La Jornada, 12 de noviembre.

Pero no sólo en España y en contra de los españoles. Desde el gobierno que encabezó, Aznar pretendió meter la mano en toda la geografía internacional, siempre cómplice de la Casa Blanca, como en la fracasada cuan antidemocrática intentona golpista en contra de Hugo Chávez, un caso que el propio mandatario venezolano sacó a colación en los trabajos de la 17 Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile, durante los cuales calificó a Aznar de fascista y lo acusó, como ya lo había hecho, de participar abiertamente en la referida intentona.
Una cosa es que Hugo Chávez no sea precisamente un ejemplo de diplomacia tradicional, pero otra muy distinta que mienta en lo referente a la intervención de Aznar y lo que él representaba en la fascistoide intentona golpista en contra de un gobierno democráticamente electo. ¿Qué defienden el rey Juan Carlos y Rodríguez Zapatero? ¿La ética golpista de Aznar? ¿La antidemocrática respuesta que dio a la voluntad popular de no involucrar a España en la aventura de George W. Bush? ¿El “derecho” del reino a meter la mano donde crea conveniente? Doble error el del rey y Zapatero, representantes de un país en donde el fin de la dictadura y la construcción de la democracia costó tanto dolor y sangre, por personajes como Aznar.
Carlos Fernández Vega, “México SA”, La Jornada, 12 de noviembre.

Fidel Castro no tardó en aplaudir a su más lamentable jilguero, el golpista Hugo Chávez, por su “crítica demoledora” a España y su gobierno, aunque el líder de la revolución cubana querría que fuese para toda “Europa”.
Hizo el elogio un día después de que el déspota provocara un cruce de reclamos con José Luis Rodríguez Zapatero y el rey Juan Carlos.
“La crítica de Chávez a Europa fue demoledora. La Europa que precisamente pretendió dar lecciones de rectoría en esa Cumbre Iberoamericana”, escribió Fidel en la prensa cubana.
Carlos Marín, “El asalto a la razón”; Milenio, 12 de noviembre.

El incidente marcará quizás un antes y un después en las relaciones diplomáticas de España con Venezuela y Nicaragua. Fue un catalizador de las simpatías y las diferencias larvadas de la Cumbre. Según las crónicas, la posición española atrajo la felicitación de la mayoría de los gobiernos presentes, mientras Chávez, Ortega y Evo Morales quedaban en minoría, cargando con el silencio del presidente de Ecuador, Alberto Correa, y un discreto apoyo de la delegación cubana.
Héctor Aguilar Camín, “Día con día”, Milenio, 12 de noviembre.

A mí lo único que me preocupa es que todo la melé se haya desatado por culpa de uno de los grandes impresentables de la historia reciente, José María Aznar, quien todavía tuvo el cinismo de agradecer la defensa de Zapatero y el monarca ante los ataques de don Hugo, que lo señalara como fascista. Algo que desde mi punto de vista no es un insulto sino una definición.
Por supuesto, sería una ridiculez que la próxima guerra mundial región 4 naciera de una conflagración entre España y Venezuela, y se le atribuya a Chema Aznar. Digo, por este señor, que es como un Manuel Espino que cecea, no valdría la pena ni enfrascarse en un torneo de gargajos.
Jairo Calixto Albarrán, “Política cero”; Milenio, 12 de noviembre.

Chávez ya no podía tomar la palabra. Pero Daniel Ortega, el presidente nicaragüense, quien está recibiendo un enorme apoyo financiero de Venezuela, la tomó para cedérsela al venezolano, quien como siempre quiso quedarse con la última palabra: "Con la verdad no ofendo ni temo", dijo Chávez citando a José Gervasio Artigas (a quien se refirió como "un hombre infinito de esta tierra" si bien Artigas fue uruguayo y no chileno). El rey Juan Carlos abandonó la reunión durante las palabras de Ortega. Rodríguez Zapatero ya no respondió a Chávez.
La abrupta salida del rey Juan Carlos dejó la reunión en una situación muy tensa. Al final la propia presidenta chilena, anfitriona de la cumbre, fue a buscar al monarca y lo convenció de regresar a la sala para la clausura.
Sergio Sarmiento, “Jaque Mate”, Reforma, 12 de noviembre.

Por un lado tenemos a presidentes como el peruano Alan García; el colombiano Álvaro Uribe; y el salvadoreño Elías Antonio Saca, que criticaron a Chávez por su “afán de protagonismo robatitulares” con sus insultos.
El propio gobierno chileno lamentó que el venezolano echara a perder el éxito de una cumbre y felicitó a Zapatero, quien arrancó aplausos de sus colegas cuando aleccionó a Chávez en lo que debe ser el “respeto” a los líderes democráticos, aunque estén en las “antípodas ideológicas”.
Fran Ruiz, Crónica, 13 de noviembre.

Las cifras así lo corroboran. España es el principal inversionista europeo en la región y el segundo global después de Estados Unidos. Las empresas ibéricas se ubicaron en posiciones de liderazgo, aun en mercados usualmente dominados por Washington. En unos cuantos años compañías de base nacional del sector financiero, de energía y comunicaciones, se transformaron, gracias a la reconquista española, en consorcios trasnacionales. Esto da idea de la importancia que han adquiridos las siete empresas que más han invertido en el área: Repsol, Santander Central Hispano (SCH), Banco Bilbao Vizcaya (BBVA), Telefónica, Endesa, Gas Natural e Iberdrola.
Durante 2004, 49 por ciento de las utilidades del BBVA, 41 por ciento de Telefónica y 35 por ciento de SCH provinieron del mercado latinoamericano. Los bancos BBVA y SCH tomaron el control de un tercio de los activos extranjeros en este territorio. Tan sólo Telefónica tiene previsto invertir unos 13 mil 600 millones de dólares en Latinoamérica entre 2007 y 2009. Desde 1990 ha invertido más de 77 mil millones de euros en el continente. En 2009 quiere tener 150 millones de clientes.
Esta situación ha provocado una curiosa percepción sobre estas empresas entre los habitantes de América Latina. La imagen dominante sobre su papel está muy lejos de ser positiva.
Luis Hernández Navarro, La Jornada, 13 de noviembre.

En el otro extremo, la defensa de Chávez de Daniel Ortega y desde Cuba Fidel Castro ilustran este distanciamiento entre dos modelos de entender Latinoamérica.
Se constata así en Santiago la consolidación de una izquierda autoritaria y excluyente encabezada por el propio Chávez y secundada por el boliviano Evo Morales, el nicaragüense Daniel Ortega y desde lejos, los hermanos Castro, que caen muchas veces en el juego de la provocación del club de ex presidentes charlatanes (el español Aznar y el mexicano Vicente Fox).
Fran Ruiz, Crónica, 13 de noviembre.

A nadie escapa que estos indios americanos siempre han sido vistos por su añeja metrópoli con un dejo de desprecio. Desde la muerte de Franco, el proceso de recuperación democrática de España, loable a carta cabal, ha incluido en sus objetivos la recuperación de América Latina como sede de sus empresas y cliente de sus productos. Si Estados Unidos se hicieron de nuestro patio trasero para hacerlo suyo, debemos recobrarlo, dirán los españoles desde la enmienda Platt que les quitó el dominio sobre Cuba y a Cuba la posesión de la bahía de Guantánamo.
Los pueblos americanos que hablan español reconocen el esfuerzo de modernidad que España ha atravesado, sin embargo, no pueden aceptar el “cállate chachalaca” que le obsequió contundente Juan Carlos de Borbón a Hugo Chávez. Por más que Chávez no sea precisamente santo de la devoción de nadie con tres gramos de cerebro entre una oreja y otra. Tan jefe de Estado es el heredero de la casa de Borbón como el demagogo venezolano.
Félix Cortés Camarillo, “Cancionero”, Milenio, 13 de noviembre.

Frente a ellos se impone el pragmatismo moderado de líderes de izquierda como el brasileño Lula da Silva o la chilena Michelle Bachelet; y la derecha, como el colombiano Uribe o el mexicano Calderón, en cuyas manos está enderezar el prestigio de la región cuando sea derribado por el neopopulismo.
Fran Ruiz, Crónica, 13 de noviembre.

Escucho cantidades ingentes de lamentos borincanos que brotan a la salud de su Majestad. La defensa de don Juan Carlos I por parte de las masas de compatriotas políticamente correctos y profesionales de la lucubración, e incluye a Carlos Fuentes encarnado en el burlador de Sevilla saliendo al quite en honor del rey de todas las iberias, al llamar a Hugo Chávez fascista con el mismo talante con el que ideó aquel slogan de “Echeverría o el fascismo”. Mejor hubiera dicho “Guayaberas sí, Echeverría no”.
Jairo Calixto Albarrán, “Política cero”, Milenio, 13 de noviembre.

Ahora bien, si usted conocía el golpe de Estado de Caracas en 2002, lo ignoro tal como se lo preguntó el presidente de Venezuela: "La pregunta que me hago es... bueno que responda el Rey de España. Señor Rey, responda, ¿sabía usted del golpe de Estado contra Venezuela, contra el gobierno democrático, legítimo, de Venezuela en 2002?"; sin embargo no puedo dejar de recordar que en la más reciente visita de José María Aznar a nuestro país, antes de las elecciones presidenciales del 2006, y quien fuera invitado por el presidente del Partido Acción Nacional, Manuel Espino, el ex presidente de España vino expresamente a apoyar a Felipe Calderón, lo cual disgustó enormemente no nada más a la oposición, sino a la opinión pública mexicana. Esas cosas, su majestad, no se olvidan en países que están en búsqueda de la democracia. De allí que también acerca de este tema en relación a Aznar, me solidarice plenamente con Hugo Chávez.
Guadalupe Loaeza, Reforma, 13 de noviembre.

Lo que espanta es que ese señor se pueda sentar como si nada en una mesa junto a líderes de una izquierda inteligente, propositiva, socialdemócrata, como lo son Michelle Bachelet, o Luiz Inácio Lula da Silva, o Néstor Kirchner, y asumirse como si “su” izquierda fuera semejante a la de ellos.
Lo que espanta, a resumidas cuentas, es que, hasta el momento, sólo el rey Juan Carlos, el presidente Zapatero, el ex presidente Fox y el escritor Fuentes, le digan a un tipo como Chávez “¿Por qué no te callas?”, cuando se lo debería decir casi el mundo entero, si acaso casi el mundo entero se presume en democracia y Estado de derecho... Eso es lo que horroriza.
Lo que espanta es la frescura con la que Hugo Chávez anda por el mundo desacreditando a todo aquel que se atreve a cuestionar o a criticar su forma de entender y ejercer el poder en Venezuela y más allá de sus fronteras.
Yuriria Sierra, “Nudo gordiano”, Excélsior, 14 de noviembre.

El affaire del “cállate y me voy” provocado por el rey Juan Carlos en la reciente Cumbre Iberoamericana se mantiene al aire, y ante eventuales “advertencias” o amenazas el mandatario venezolano pintó su raya: “España tiene aquí bastantes inversiones, empresas privadas, nosotros no queremos dañar eso. Ahora, si se daña, se daña; no es imprescindible para nosotros la inversión española en Venezuela: que si el Banco Bilbao Vizcaya, el Banco Santander…”.
Lo cierto es que con affaire del rey o sin él, la inversión española en Venezuela ha ido declinando en los últimos años. Algunos aseguran que tal declive es producto “de la falta de confianza de los inversionistas” hacia el inquilino del Palacio de Miraflores, pero otros un poco más centrados, como la Cepal, explican que tal situación no es más que resultado lógico de la estrategia de nacionalización que lleva a cabo Hugo Chávez. Ninguna empresa extranjera perderá negocio alguno en terceros países por el simple hecho de que alguien hable más que otro, o que estalle el sistema nervioso de un monarca. Lo único que les importa es la garantía del negocio y el volumen de las utilidades, sobre todo las que los gerentes latinoamericanos les garantizan.
Tal es el caso de las trasnacionales españolas que “reconquistaron” América Latina a raíz de la venta de garaje organizada por los llamados gobernantes regionales, destacadamente los casos de Carlos Saúl Ménem, en Argentina, Miguel de la Madrid en adelante, para el caso mexicano, Fernando Collor de Melo, Itamar Franco y Fernando Henrique Cardoso, para el brasileño, y Jaime Lusinchi, Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera para el venezolano.
Carlos Fernández Vega, “México SA”, La Jornada, 14 de noviembre.

En vía de mientras, el diario español Expansión, especializado en finanzas y economía, resume el tema: las empresas españolas han invertido en Venezuela un total de 2 mil 478 millones de dólares desde que el presidente Hugo Chávez llegó al poder en febrero de 1999, según datos del Consejo Superior de Cámaras de Comercio de España.
El capital comprometido, aportado principalmente por el Banco Santander, BBVA, Prisa, Repsol, Telefónica (Movistar), Iberdrola, Unión Fenosa y Mapfre, marcó su punto más alto en 2001, cuando las inversiones españolas superaron en Venezuela los mil 673 millones de dólares, con un incremento de 942 por ciento respecto de 2000. “Pero irónicamente el primer semestre de 2007 será el periodo que menores inversiones hispanas recibirá de la serie histórica: el importe de estas inversiones, hasta junio del presente año, asciende a 9.6millones de dólares, lo que supone 6.23 por ciento de los 155.2 millones que las empresas españolas se dejaron en el territorio venezolano en 2006”.
El país petrolero, añade Expansión, ha sido de los que ha recibido los menores volúmenes de inversión española en los primeros seis meses de 2007, “sólo arriba de Costa Rica, Ecuador, Panamá, Perú y República Dominicana. Por el contrario, en 2006 fue una de las cinco naciones del continente que recibieron inversiones superiores a los 100 millones de euros, junto a Argentina, Brasil, Chile y México”. El ministro de Economía y Hacienda español, Pedro Solbes, “se refirió hoy en su país al incidente diplomático protagonizado por Hugo Chávez y el rey Juan Carlos durante la Cumbre Iberoamericana, señalando que confiaba que las empresas españolas que trabajan en América Latina no se vean afectadas”.
Carlos Fernández Vega, “México SA”, La Jornada, 14 de noviembre.

La segunda reflexión tiene que ver con la sustancia. En política internacional, la forma no es fondo; lo que cuenta es el fondo -salvo en los manuales de supuestas ciencias diplomáticas que sólo existen en México. Sería mucho pedirle a la comentocracia nacional, a los priistas de nueva y vieja alcurnia y a la burocracia ex tlatelolca que reconsideraran su condena a Fox hace un par de años por haber explotado en Mar del Plata, también con Chávez y Kirchner. Pero tal vez no resulte excesivo rogarles que se definan sobre el fondo de la polémica de Santiago: ¿América Latina se encuentra o no partida en dos? ¿Es conveniente o necesario el debate ideológico entre ambas mitades? Por un lado figuran los gobiernos de La Habana, Caracas, La Paz, Managua, Quito, y en alguna medida Buenos Aires, junto con las oposiciones o "movimientos alternos" de tipo PRD en México, FMLN en El Salvador, Polo Democrático en Colombia, Humalistas en Perú, ex Juventudes Peronistas y piqueteros en Argentina, mapuches en Chile y el MST en Brasil, que creen todos en el antiimperialismo, el socialismo del siglo XIX, XX y XXI, el Estado omnipresente, la democracia participativa y la política social de mayoreo. Del otro lado, están sobre todo los regímenes de México, Colombia, Perú, Chile, Brasil y Uruguay, partidarios de la democracia representativa, el mercado, la globalización y una relación ecuánime con Estados Unidos, y políticas sociales microdirigidas. En teoría, no debiera haber motivo que impida la coexistencia -conflictiva pero pacífica- de ambas corrientes. Pero el rancio guevarismo de antaño de los cubanos y la trasnochada obsesión chavista por exportar su revolución bolivariana, en los hechos, no lo permite.
Jorge Castañeda, Reforma, 14 de noviembre.

La permanencia del statu quo es ajena a ambos, como lo es la abstinencia discursiva e ideológica. Chávez, los Castro, los Kirchner, Ortega y Evo, y en menor medida Correa, dan la pelea aun a costa de enemistarse con figuras emblemáticas. Los otros, comenzando por España, hasta esta Cumbre, ponen sistemáticamente la otra mejilla: prefieren callar que encarar. Ésta ha sido la postura de Lula, Bachelet, Uribe, y por supuesto Calderón desde que abandonó el camino de Davos. Pero la única manera de lograr algún tipo de convivencia con los castro-bolivarianos reside justamente en canalizar las diferencias al ámbito ideológico: discutiendo y rebatiendo las tesis "bolivarianas", con corrección y sin provocaciones -como las de Chávez- pero de frente y con firmeza. De lo contrario, seguirá habiendo afrentas de ellos, respuestas indignadas pero superficiales de los otros (nosotros), y un buen día, el agua llegará al río: ya no bastarán las palabras, y pueden sobrar las armas.
Jorge Castañeda, Reforma, 14 de noviembre.

En América Latina hay dos proyectos en disputa y dos geopolíticas en pugna. En ambas está involucrada Venezuela. De un lado, el proyecto populista-socialista impulsado por Fidel Castro a través de Chávez, y de otro el proyecto socialdemócrata amplio -del centro-derecha al centro-izquierda- que ejemplifica Chile.
Lo delicado está en la geopolítica. Chávez representa en América Latina el frente anti Estados Unidos que conforman Cuba-Bolivia-Irán-China. En este escenario, la política económica de Chávez estaría tendiendo hacia las nacionalizaciones y la expulsión de las grandes empresas transnacionales.
En estos dos contextos, Chávez llevaba a la Cumbre una estrategia de confrontación precedida por fricciones graves con empresarios españoles en Venezuela. La penetración española es fuerte, al grado de que aproximadamente el 25 por ciento de la liquidez bancaria en Venezuela la mueven dos grandes bancos españoles. Y a ello se agrega la presencia española dominante en telefonía, gas natural, petróleo y otros sectores estratégicos.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 16 de noviembre.

El acelerado crecimiento de la economía española ha impactado más las relaciones con la región que cualquier cumbre de mandatarios. Las empresas, bancos e inversiones hispanas tienen un lugar especial en América Latina, generando empleos pero también resentimientos. Sus formas de operar despiertan adormecidos rencores entre ex colonias y metrópoli. La reciente visita de Rodríguez Zapatero generó una reacción desafortunada de hoteleros españoles con inversiones en nuestro país, que en forma arrogante y despectiva plantearon sus demandas a las autoridades mexicanas. Estas afortunadamente tienen experiencia manejando exabruptos, lo que no ocurre en el resto del continente, donde las susceptibilidades afloran con rapidez
Jorge Montaño, El Universal, 16 de noviembre.

Por tanto, la confrontación Chávez-Juan Carlos obedeció a una ruptura de los entendimientos mínimos mucho más allá de Aznar y el golpe contra Chávez. El presidente de Venezuela se encuentra en el camino de expropiaciones y nacionalizaciones y le tiene echado el ojo a las empresas españolas. Inclusive, las organizaciones empresariales de España han estado presionando al gobierno de Zapatero sobre las amenazas y presiones del gobierno de Chávez contra las empresas españolas instaladas en su territorio.
Las fricciones en la Cumbre fueron apenas los indicios de lo que pudiera perfilarse como una cadena de nacionalizaciones de empresas españolas en Venezuela. Y el asunto va más allá, por la intervención de Irán y China: Chávez, asesorado por Fidel Castro, le endilgó a Zapatero y al rey Juan Carlos la representatividad de la Unión Europea. En este sentido, Chávez andaba en busca de un pretexto para enfriar las relaciones con los europeos, como lo confirmó, en su desesperación por meterse en el conflicto, Fidel Castro en su columna política en el Granma.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 16 de noviembre.

5. España tiene una inversión que se estima en 129 mil millones de euros en nuestros países y desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari los empresarios-políticos y los políticos-empresarios se fueron enriqueciendo en múltiples componendas gracias a las privatizaciones, las cuales permitieron el saqueo del país y la entrega de sectores importantes de la banca, del sector eléctrico, de los medios y de la industria editorial a trasnacionales gachupas, de las que se volvieron socios: Repsol YP, Banco Santander, Grupo Prisa, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), lo mismo priístas que panistas: Fox a través de su prestanombres Carlos Mouriño se adueñó de importantes inversiones en Galicia (incluyendo el club de futbol Celta de Vigo) y Felipe Calderón y sus cuñados incómodos se vincularon al Grupo Prisa, del cual Salinas es socio. 6. Con Carlos Slim, asociado a Felipe González, sin dignidad alguna los partidos políticos se subordinaron de manera vergonzosa a los partidos europeos. Acción Nacional se tornó en una filial del Partido Popular español y el neofascista José María Aznar se asumió su ideólogo y vino ilegalmente en 2006 a apoyar a Calderón, mientras los sectores derechistas del PRD para no ser menos invitaron a Felipe González a su sexto congreso de Zacatecas, en 2001, a pesar de ser el creador de grupos paramilitares y de la corrupción que prevaleció en su gobierno
Luis Javier Garrido, La Jornada, 16 de noviembre.

9. El borbón hispano, descendiente directo de Luis XIV de Francia y uno de los hombres más ricos de España, ya que es accionista de muchas de estas empresas, fue a Santiago a tratar de legitimar el saqueo de las trasnacionales europeas en América Latina y lo único que logró fue, además de hundir en mayor descrédito a la monarquía, poner en riesgo los intereses de esas corporaciones que controlan sectores estratégicos del continente y cuyos directivos se hallan estupefactos ante la estupidez de su monarca, pues se ha iniciado un debate mucho más abiertoLuis Javier Garrido, La Jornada, 16 de noviembre.