Por su terquedad, López Obrador fue el gran derrotado.
Sin más arma que su capricho, quiso imponer en el IFE a Genaro Góngora, a quien ni los perredistas querían.
Además, parece creer que su amigo podía llevarlo a Los Pinos.
Dirá ¡compló!, pero los votos –algunos del PRD-, vuelven a decirle NO.
Pepe Grillo, Crónica, 8 de febrero.
No terminaba de anunciarse el consenso para designar a los nuevos consejeros del IFE, cuando ya Andrés Manuel López Obrador rompía el consenso.
Los nombrados por consenso de los legisladores, dijo López Obrador al saber la noticia, “no me generan confianza. Es la misma gente dependiendo del PRI y del PAN... Esa es mi opinión”.
Hasta ahí llegó el consenso, duró unos minutos. El PRD se subió a él con un pie y se bajó con el otro. Volvió a quedar clara, nítida, estampada sobre los lomos del IFE, la sucinta y rentable lógica política de la tercera fuerza política del país: cobro pero no pago, negocio pero denuncio la negociación y no quedo obligado por ella.
Héctor Aguilar Camín, “Día con día”, Milenio, 8 de febrero.
Justo cuando estaba en su máxima tensión la disputa por los consejeros electorales, Andrés Manuel López Obrador mandó uno de sus mensajes indirectos: sí sería candidato presidencial en 2012. Por eso el PRD se empeñó por todas las vías en imponer al consejero presidente del IFE.
La estrategia de López Obrador en 2012 será la misma que en 2006: ganar la presidencia por la vía de las presiones callejeras, políticas de inestabilidad, y no por el conteo de los votos. En 2006 Luis Carlos Ugalde se negó a darle la presidencia al tabasqueño la noche del 2 de julio, pese a que López Obrador mandó a su escudero Martí Batres al Zócalo a engañar a sus seguidores con datos falsos y engañosos de que el tabasqueño había ganado con 500 mil votos de ventaja.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 8 de febrero.
Para él nada es legítimo. Su partido participó en el proceso de selección del nuevo consejero presidente del IFE. Los negociadores del PRD tiraron la primera línea que estaba palomeada a la medianoche del miércoles, para dar paso a la elección de Valdés Zurita. Vaya, se quedaron con esa posición. Pero no le satisfizo el desenlace.
“No tengo confianza en los integrantes del IFE, ni en los que estaban ni en los que han nombrado. Es la misma gente, dependiendo del PRI y del PAN. Ese es mi comentario. ¿No hay cambios? No hay cambios. Es lo mismo, es gente vinculada al PRI y al PAN”, disparó a bocajarro Andrés Manuel López Obrador. ¿Y el trabajo y desvelada de Javier El Güero Garza, coordinador de los diputados del PRD?, se preguntará usted
“Bajo reserva”, El Universal, 8 de febrero.
Ahora para 2012, López Obrador ya tiene bajo su control al consejero presidente del IFE. Y con ello repetirá los procesos electorales capitalinos desde 2000: una autoridad electoral sometida al poder político y al dominio de los partidos. López Obrador y el PRD impusieron en el IFE el modelo priista de Manuel Bartlett de la Comisión Federal Electoral.
Por tanto, la reforma del IFE nada tuvo que ver con la democratización y sí formó parte de la estrategia de López Obrador para apoderarse anticipadamente de los organismos electorales.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 8 de febrero.
NO CABE DUDA que Andrés Manuel López Obrador es como las suegras de los cuentos: no se le da gusto con nada. SEGÚN el tabasqueño, el nuevo IFE tampoco le gusta ni le da confianza porque "es la misma gente dependiendo del PRI y del PAN".
ES DECIR, para López Obrador no cuentan los desvelones de Javier "El Güero" González Garza negociando los nombramientos, ni el voto de la mayoría de los diputados del Frente Amplio Progresista.
PORQUE, pésele a quien le pese, basta contar los votos en contra y las abstenciones para darse cuenta que más de dos tercios de los legisladores del PRD, PT y Convergencia apoyaron la elección de los nuevos consejeros.
BASTARÍA con que aplicara su ansiado "voto por voto" para que Andrés Manuel descubriera que fue una mayoría de sus correligionarios la que dio el disgusto.
F. Bartolomé, “Templo Mayor”, Reforma, 8 de febrero.
El jueves, el Poder Legislativo concluyó un larguísimo proceso de deliberación y negociación con una aplastante mayoría coincidiendo en el nombramiento de un nuevo presidente y lo que será la renovación del Consejo General del Instituto Federal Electoral.
En un país en el que las elecciones han sido un dolor de cabeza histórico, no es poca cosa, lo que se culminó esta semana. ¿Quién fue el juez más buscado de dicha acción? ¿A quién buscamos los medios para saber qué opinaba?
“No me dan confianza, todos vienen del PRI y del PAN, son la misma cosa”. Con lapidaria frase, Andrés Manuel López Obrador selló el destino del nuevo consejo y sus integrantes para cualquier elección venidera. Cualquier observador medianamente sensato de la realidad política mexicana sabía que ese sería su comentario, lo había advertido varias veces.
El caso de la renovación del IFE es un gran ejemplo, pero no el único de cómo, un año y medio después de la elección presidencial en la que terminó derrotado, es Andrés Manuel López Obrador quien sigue teniendo un poder inusitado y desproporcional en la agenda pública del debate nacional.
Carlos Puig, “Historias del más allá”, Milenio, 9 de febrero.
Ahora ya se sabe por qué Andrés Manuel López Obrador se molestó por la decisión del PRD de apoyar la terna de Leonardo Valdés Zurita, Marco Antonio Baños y Benito Nacif, para ocupar un lugar en el Consejo General del Instituto Federal Electoral. La razón, simple. Nadie en el partido le pidió su opinión, nos cuentan. Eso encolerizó al tabasqueño, quien de inmediato desacreditó de nueva cuenta a la institución.
En los pasillos del PRD aseguran que el ex candidato presidencial no fue consultado para la integración del Consejo General del IFE. En cambio, Alejandro Encinas y Jesús Ortega, candidatos a presidir el PRD, fueron informados y hasta palomearon a Leonardo Valdés Zurita. Claro, sin olvidar que los principales negociadores fueron Guadalupe Acosta Naranjo, secretario general del PRD, y Carlos Navarrete, coordinador de los senadores perredistas, ambos cercanos a Ortega y miembros de su corriente, Nueva Izquierda
“Bajo reserva”, El Universal, 9 de febrero.
Lo más curioso es que, después de todo el montaje, Andrés Manuel López Obrador acabó descalificando al consejero que finalmente impuso su partido, el PRD.
¿Qué dirá el desvelado y güero coordinador perredista Javier GonzálezGarza?
Ciro Di Constanzo, “Al dente, actualidad en su punto”, Excélsior, 9 de febrero.
Uno supondría que en diciembre de 2006 el país tenía mayores apremios —la economía, la desigualdad, la pobreza, la añeja infraestructura, el sistema de salud— que las leyes electorales. Pero no. AMLO mandó y el debate ha ocupado proporcionalmente mayores espacios que cualquier otro tema en un año y medio.
La victoria de AMLO es evidente, hoy en día las encuestas muestran que un buen porcentaje de la población sigue convencida de que se cometió un fraude en su contra. Y aunque nadie haya podido demostrarlo, esas son minucias, como hubo trampa se cambiaron las leyes y a quienes las aplican. La imaginación de Andrés se convirtió en realidad.
El tabasqueño ha demostrado una y otra vez su enorme capacidad para manejar e incidir en la agenda pública. Desde la toma de posesión de Felipe Calderón sustituyó sus exitosas conferencias mañaneras por su interminable recorrido por cada municipio del país. Es un incansable creador de eventos mediáticos, de pequeños acontecimientos que le dan foro para hablar, curiosamente, no de los problemas específicos de cada comunidad, sino de su agenda nacional. Al mismo tiempo, vive reclamando un supuesto e inexistente cerco informativo que dobla la mano de los medios que se ven obligados a cubrir eventos que en términos reales no serían de interés.
Carlos Puig, “Historias del más allá”, Milenio, 9 de febrero.
Pero claro, faltaba la opinión del aludido, López Obrador. Y sí, en consonancia con su claque, el candidato presidencial derrotado en las urnas dijo: “Ni los consejeros del IFE actuales ni los anteriores me dan confianza: todos tienen que ver con el PRI y con el PAN”. Otra conmovedora y hasta candorosa demostración de intolerancia, de culto a la facción. Ya no le merece la menor confianza su partido, los líderes parlamentarios, las otras expresiones de esa izquierda. Lo único que cuenta es que él, el mesías, no fue tomado en cuenta. Y por eso nada debe ser confiable. Es decir, si no le entregan el control del IFE al señor AMLO —a través de su preferido, el ministro Genaro David Góngora—, entonces el IFE no sirve. Habló el demócrata
Ricardo Alemán, “Itinerario Político”, El Universal, 10 de febrero.
Si se revisan a fondo las evidencias, el IFE de Luis Carlos Ugalde no falló en el conteo electoral. La crisis del organismo electoral estalló porque el candidato perredista López Obrador no respetó las cifras oficiales y anunció su victoria sin presentar ninguna prueba documental.
Por tanto, la reforma del organismo electoral y la designación de un consejero presidente avalado por el PRD sembraron las semillas de los próximos conflictos postelectorales. Los resultados válidos de las elecciones ya no saldrán del IFE ni del PRD sino de López Obrador
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 12 de febrero.
Siempre pone por delante o por detrás el “con todo respeto” para zumbarle a todo el mundo. Siempre pone su lista de los buenos y malos, lo correcto y lo indeseable. Andrés Manuel López Obrador insistió en que la designación de consejeros del Instituto Federal Electoral no le gustó, porque vino de una “clase política que está podrida”.
“Bajo reserva”, El Universal, 12 de febrero.
Y un poco como probadita de lo que viene, López Obrador no le otorgó credibilidad a la designación de Leonardo Valdés como consejero presidente del IFE a pesar de haber sido imposición de su partido. Por tanto, el papel de Valdés quedó sin validez porque el líder del partido que lo puso en esa posición no le otorgó siquiera el beneficio de la duda.
La estrategia de López Obrador está clara: ganar la presidencia de la República al margen de las instituciones electorales. Por eso se ha dedicado a organizar a los grupos radicales con el anzuelo de que va a ganar la presidencia en 2012. Si vuelve a perderla, de nueva cuenta denunciará que fue víctima del sistema político en el cual, por cierto, participa su partido con un tercio de la presencia.
Por tanto, las elecciones presidenciales de 2012 van a decidirse en las calles y no en las urnas y menos en el Instituto Federal Electoral. De ahí que el PRI y el PAN hayan caído en el garlito del tabasqueño en vez de analizar el escenario político en prospectiva si López Obrador no va a respetar al IFE. El PRI y el PAN perdieron la oportunidad de reorganizar a fondo el órgano electoral.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 12 de febrero.
Andrés Manuel López Obrador descalificó, de entrada, a los nuevos consejeros. “¿Le llamará usted por teléfono a Andrés Manuel para decirle: Oye, no pasa nada, ten confianza en este IFE?”, le preguntamos a Valdés en nuestro noticiero del domingo pasado en Reporte 98.5 FM (2 a 4 de la tarde). Respondió: “No sería pertinente porque (López Obrador) no es un representante popular”. Error. Se podrá estar a favor o en contra de AMLO, pero negar que es un líder con amplio respaldo ciudadano, equivale a cerrar peligrosamente los ojos ante una realidad política
Martín Moreno, “Archivos del poder”, Excélsior, 14 de febrero.
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