ELECCIÓN DE CONSEJEROS DEL INSTITUTO FEDERAL ELECTORAL, CUARTA PARTE. 7. EL INSTITUTO FEDERAL ELECTORAL.

Los siguientes 17 comentarios, 5.76% de los 295 sistematizados, abordan los nuevos escenarios del IFE desde distintos enfoques.

Es urgente pues el rescate ciudadano del IFE, aunque parezca una utopía. Y es que ahora todo pasa por el Congreso y en esa instancia los partidos no estarán dispuestos a perder lo que consideran un botín de guerra. Así que tendremos que inventar desde la sociedad civil una movilización tan intensa como inteligente para hacerles entender que por ahí no pasa la democracia. Y que hasta por conveniencia de ellos mismos es urgente restablecer la credibilidad en nuestros procesos electorales para decidir a plenitud y con transparencia quién nos gobierne y quién nos represente.
Por lo pronto no queda sino apechugar el lance actual y apoyar a quienes, acotados y todo, tienen la obligación moral de olvidarse de a quién se la deben y trabajar para quien deben servir
Ricardo Rocha, “Detrás de la noticia”, El Universal, 7 de febrero.

El IFE como institución, así como su Consejo General, tienen la obligación de respetar y hacer valer el principio de imparcialidad establecido en la Constitución. Pero esa obligación toca también a cada uno de los funcionarios del IFE y, por supuesto, a sus consejeros electorales, que no son “representantes de la sociedad” sino altos funcionarios de Estado. La especie de que la imparcialidad es la “suma de parcialidades”, además de cínica es ilegal. Es falso que el cuerpo arbitral pueda funcionar bien con “cuotas de partido” —imaginemos lo que hubiera sido del Superbowl si uno de los jueces, haciendo a un lado las reglas y su responsabilidad, se empeñara en infraccionar siempre a los Gigantes y otro en cambio a ayudar a Los Patriotas; el juego habría resultado imposible, como lo serían las elecciones con árbitros alineados— y corresponde a los consejeros actuales demostrar una altura de miras superior a los intereses particulares de los partidos.
La importante reforma constitucional en materia electoral se empañó no sólo por los ataques de los grupos que vieron afectados sus intereses, sino también por la incapacidad de la Cámara de Diputados para rubricar la reforma con un nombramiento de la autoridad electoral en tiempo y sin tropiezos. Pero el consenso básico se recuperó y esa es una buena noticia para los partidos, para el IFE y para todos aquellos que no vemos en el horizonte sino elecciones competidas.
Ciro Murayama, Crónica, 8 de febrero.

Algunos consideraban que la credibilidad del IFE se encontraba por los suelos. En el caso de otros, no había motivo alguno para poner en tela de juicio el desempeño del Instituto. Sin embargo, como dirían las abuelitas: ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.
No hubo traición, no hubo fraude electoral. Pero lo cierto es que, debido a la incapacidad de lidiar con un escenario tan complejo como el medio punto porcentual que separaba a Felipe Calderón de Andrés Manuel López Obrador, sumada a los muy desafortunados errores de comunicación durante el pasado proceso electoral, la credibilidad del IFE quedó inevitablemente lastimada. Y más con la decisión de destituir, sin argumentos legales, al ex consejero presidente Luis Carlos Ugalde y a los consejeros Rodrigo Morales y Alejandra Latapí. El problema es que, como sociedad, necesitamos al IFE. La pregunta es: ¿puede reestablecerse la confianza en el Instituto Federal Electoral? Ya se dio el primer paso: las fuerzas políticas construyeron un acuerdo, y fue con el voto del PRI, el PAN y el PRD como se definió a los nuevos integrantes, incluido al que, a partir de ahora, es su consejero presidente…
Tarde, sí, pero se cumplió el plazo, salió por mayoría el nombre y se designó a un nuevo presidente del Consejo General del violado IFE. Evidentemente, no se puede pasar de largo todo el episodio-escándalo ocurrido en diciembre pasado, desde la renuncia de Ugalde hasta que los ocupadísimos diputados dejaran la designación para tiempos posteriores a los establecidos en la ley.
Yuriria Sierra, “Nudo gordiano”, Excélsior, 9 de febrero.

Las razones de la reforma del IFE no fueron democráticas sino de reacomodo del poder. A pesar de darle muchas vueltas a las explicaciones para reorganizar el IFE, lo cierto es que lo rehicieron sólo para cumplir el principal objetivo de la reforma: darle al PRD su tajada del pastel electoral que no alcanzó en la reforma anterior.
Si la garantía de la imparcialidad del IFE se localizaba en su composición de ciudadanos, la forma en que los tres partidos grandes se repartieron el pastel fue no sólo obvia y evidente sino insultante para la inteligencia de los mexicanos: Valdés llegó con la marca del PRD, Marco Antonio Baños por el dedazo del PRI y Benito Nacif con la bendición del PAN.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 11 de febrero.

Así, de esa manera tan grosera y malintencionada, denominan a la nueva banda TimbirIFE los agoreros del desastre. Aquellos miserables, canallas y malos mexicanos que no valoran los esfuerzos de los partidos políticos por conseguir un Instituto Federal Electoral todavía más dudoso y errático que su antecesor.
Nada les gusta, ni el proceso de selección, sólo por su parecido con el concurso de la Flor más bella del ejido (¿a poco no fue bonito que en vez de reclutamiento de personal aquello resultara casting?); ni los tortuosos e intrincados métodos de discusión plagados de hurracarranas, stilsons, nelsons y vuelos desde la tercera cuerda entre tan destacado grupo de jarritos de Tlaquepaque; ni que en vez de elegir a personajes de talla intelectual para otorgarles la rifa del tigre, les haya dado por encontrar a los personajes más grises, medianos y sin gracia que se pudieron encontrar en el mejor estilo del cultivo del bajo perfil de Miguel de la Madrid. Digo, ¿para qué querían a personajes de sobrado empaque como Góngora Pimentel o Lorenzo Córdova, si de lo que se trataba de competir en materia de medianía con el gabinete económico con catarrito incluido?
Jairo Calixto Albarrán, “Política cero”, Milenio, 11 de febrero.

El problema del IFE no radicaba en la ausencia de un representante del PRD, sino en la necesidad de profundizar la democratización y la ciudadanización. Si los conflictos postelectorales ocurren por la intervención de los partidos en el órgano electoral que organiza, califica y sanciona las elecciones, entonces el paso audaz era la expulsión de los partidos del IFE. Los partidos organizan sus fraudes y luego los niegan en el IFE. Peor aún: usan al IFE para validar las irregularidades.
Por tanto, con los nuevos consejeros los procesos electorales perdieron los principios constitucionales de "certeza, imparcialidad, independencia, legalidad y objetividad". Valdés, Barros, Nacif y los que sobrevivan a la cuchilla legislativa van a responder a los intereses de los partidos, no de los ciudadanos. La intención de los partidos fue tan obvia, que ni siquiera pensaron en cruzar las propuestas para eludir la paternidad política de los escogidos.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 11 de febrero.

O sea, qué querían, ¿un IFE dinámico, eficaz, verosímil, entrón, justo, vertical, temible, sencishito y carismático? Parece que no les basta con el entusiasmo por los nuevos consejeros que expresara ese prócer de la patria que es Manlio Fabio Beltrones que, hagan de cuenta, que como Fidel Herrera, el diplodoco veracruzano, se había sacado el gordo de la lotería. Un festejo que sólo puede ser comparado con el de Calderón que parecía más emocionado que ante cualquier adversidad financiera. Nomás le faltó decir, como Mouriño sobre la batalla contra la criminalidad que se supone ya se le había ganado, “La batalla ha valido la pena”.
Jairo Calixto Albarrán, “Política cero”, Milenio, 11 de febrero.

Los retos de los nuevos consejeros están en defenderse de la intromisión de los partidos, en mantener su autonomía e independencia, en mostrar que el "cuotismo de partido" en su nombramiento no se traducirá en "cuotismo de partido" en las decisiones, en rehacer un mínimo espíritu de cuerpo al interior del Consejo General, en reorganizar la estructura interna del IFE y en el de educar a los partidos en el difícil arte de dejarlos trabajar.
La tarea es colosal porque tienen todo en contra para superar la prueba.
Primero, los consejeros de hoy ya no cuentan con la certeza de que el principio de inamovilidad es inalterable. Ya experimentaron que el enojo de los jugadores puede llevar a su remoción sin que medie explicación alguna y sin observar los procedimientos previstos para su destitución.
Segundo, la renovación parcial del consejo dejó a un colectivo dañado: con tres consejeros que se perciben como de primera porque tienen el aval de los nuevos líderes parlamentarios, tres que están de paso y tres que permanecen a pesar de que el punto de partida de la reforma fue que se les había perdido la confianza.
Tercero, la nueva legislación exige la reorganización interna de la institución que fue alterada y para la que no hay experiencia ni recursos.
María Amparo Casar, Reforma, 11 de febrero.

El IFE es el último de los dinosaurios electorales en donde los partidos son parte de los procesos electorales pero al mismo tiempo juegan como jueces de las contiendas electorales. La verdadera democracia electoral llegará cuando las elecciones las haga un organismo electoral independiente de los partidos y del gobierno. ¿Alguien se imagina a Bill Clinton como representante de su esposa en el organismo electoral estadounidense?
La ciudadanización absoluta del IFE es el único camino de la verdadera democracia electoral. Pero el PRI y el PAN no sólo aniquilaron la presencia ciudadana en el Instituto sino que le entregaron al candidato presidencial López Obrador la calificación de las elecciones de 2012. Y no por medio del representante perredista Leonardo Valdés, sino que el propio López Obrador dirá quién ganó las elecciones, al margen de los votos contados en el IFE.
Carlos Ramírez, “Indicador Político”, El Financiero, 12 de febrero.

Que una encuesta nacional levantada el fin de semana por GEA/ISA arroja resultados que poco tienen que ver con las críticas que hacen los analistas en prensa, radio y televisión.
Dos de cada tres ciudadanos piensan que los cambios de consejeros fortalecen al IFE.
A la pregunta de si el nuevo IFE es más o menos confiable, 70 por ciento de los entrevistados respondieron que es más o igual, contra sólo 18 por ciento que lo consideraron menos.
Sólo dos de cada diez ven como un desacierto el arribo de Leonardo Valdés a la presidencia del Instituto, contra 64 por ciento que creen que el Instituto tendrá una buena actuación en las elecciones federales del próximo año.
“Trascendió”, Milenio, 12 de febrero.

Lo ocurrido en el IFE muestra la fragilidad de las instituciones democráticas en el país. La ineptitud de algunos consejeros, incluido el consejero presidente, y la precariedad de la cultura cívica de distintos protagonistas de la vida pública, señaladamente el candidato presidencial derrotado, Andrés Manuel López Obrador, erosionaron la institución emblemática de nuestra incipiente democracia.
Los daños en la credibilidad y la confianza no dejaron margen para diseñar una alternativa sin costos. La permanencia de un Consejo General impugnado por tres partidos políticos (PRD, PT y Convergencia), y por casi un tercio de los electores, habría implicado llegar a las elecciones federales del año próximo con un árbitro cuestionado y, quizás, con la participación bajo protesta de los partidos del Frente Amplio Progresista (FAP). El grupo que hoy domina al PRI vio en el ánimo de venganza de la izquierda la ocasión para cobrar sus propias facturas, “depurar” al Consejo e introducir consejeros afines que le garantizaran el control del instituto
Alfonso Zárate, “Usos del poder”, El Universal, 13 de febrero.

No pocas cosas podrían comenzar a definirse en el interior del “nuevo” Instituto Federal Electoral (IFE) este viernes cuando, con carácter de extraordinario, se celebre el primer Consejo General presidido por el recién entronizado Leonardo Valdés Zurita quien, de la mano del equipo directivo que coordina Manuel Bernal, cumple sus primeras jornadas conociendo del Instituto a su cargo
Enrique Aranda Pedroza, “De naturaleza política”, Excélsior, 13 de febrero.

Parece obvio que el IFE no volverá al cauce anterior al 2003. El contexto nacional ha cambiado. Las exigencias también y la institución está debilitada, no obstante el consenso de última hora para salir de la crisis. Esta situación es el corolario de la incapacidad de las fuerzas políticas para asumir en profundidad el descalabro político e institucional creado por el 2006. Se puede debatir mucho al respecto, pero lo cierto, el hecho político subrayable en este punto, es que la mayor institución creada por y para la transición perdió la confianza de una franja indispensable del espectro político, la opinión y la ciudadanía. Luis Carlos Ugalde y los suyos debieron irse antes para facilitar las cosas, pero se hizo creer que no había pasado nada. Grave error.
En consecuencia, la urgencia de realizar un cambio de fondo en el marco jurídico electoral se planeó como una de las vías para rencaminar la vida política por los cauces del respeto mutuo, el juego pluralista y el alejamiento de toda tentación de violencia, todas ellas ilusiones legítimas que se hallaban sepultadas bajo el peso de la crispación y la desmoralización poselectoral. A querer o no, la reforma electoral se asume como el intento de atacar las fuentes de la inequidad manifiestas en el 2006 y, al mismo tiempo, resolver de raíz la crisis del IFE, eligiendo un nuevo Consejo General. Pero los legisladores, ya sea por los compromisos adquiridos o por negligencia, en vez de remplazar a todos los integrantes del cuerpo directivo decidieron escalonar los cambios, paso a paso, con sospechoso gradualismo. En el fondo, el panismo aceptaba cambiar pero temía, como señaló Ugalde, que la operación se viera como tardío reconocimiento del fraude, es decir, como un triunfo inesperado del lopezobradorismo, y pretendió mantener vivas algunas de sus cartas. El PRI, convertido en fiel de la balanza, impulsó las suyas ante un PRD que, dividido, aún no sabe (o no quiere) combinar la acción legislativa con la presencia en las calles, ni siquiera cuando lleva la voz cantante o la iniciativa. Pero el mecanismo adoptado por los jefes parlamentarios fue ineficiente, favoreció los vetos y ofreció pretexto para nuevos ataques contra la “partidocracia” y algunos contenidos de la reforma aprobada
Octavio Rodríguez Araujo, La jornada, 14 de febrero.

Muchos de los críticos de hoy no se lamentaron en el 2003, cuando el nombramiento se realizó excluyendo al PRD con la complacencia bipartidista del PRI y el PAN. Tampoco se sorprendieron cuando varios de los antiguos ex consejeros pasaron sin solución de continuidad del Consejo General a la Cámara de Diputados y luego al gobierno foxista, sin recato alguno por su talante “ciudadano”, aunque era evidente la manipulación de la institución aprovechándose de lagunas legales.
Resulta evidente que para liberar esa tensión no hace falta escoger entre un grupo de “ciudadanos puros”, inexistentes en nuestra conflictiva sociedad, sino en crear un órgano colegiado profesional integrado por personas solventes, terrenales, es decir, con opiniones propias pero sin militancia partidista. Sin embargo, esa lógica pareció invertirse al privilegiar a los aspirantes más “complacientes” con una postura política dejando fuera a varios de los “mejores”. El plazo se venció. Si bien la búsqueda del consenso, imprescindible en esta etapa, exige equilibrios políticos, es verdad que resulta del todo incompatible con el sectarismo ad hominem y la puñalada gandalla al prestigio de las personas disfrazada de radicalismo. Se ataca, por ejemplo, al nuevo consejero presidente por acciones derivadas de su actuación en el pasado, como el rechazo a la documentación que acreditaba la residencia de López Obrador en la ciudad de México. ¿Basta para definirlo como azul? ¿Y qué diríamos de sus compañeros de partido que entonces lo impugnaron con esos argumentos? Un poco de seriedad no le vendría mal a los miembros de ese autodesignado Tribunal de Salud Pública Revolucionaria. En mi opinión, la mayoría del PRD en el Congreso cumplió con su deber al sumarse al consenso.
Octavio Rodríguez Araujo, La jornada, 14 de febrero.

EN LOS PASILLOS del IFE se preguntan si acaso con la reforma electoral Juan Molinar Horcasitas fue nombrado como el undécimo consejero del instituto. LA PREGUNTA no es ociosa pues, según cuentan, el actual director del IMSS se la pasa haciendo llamadas telefónicas a la sede del IFE, como si todavía despachara ahí. A MOLINAR le atribuyen, por ejemplo, haber operado el nombramiento de Andrés Albo como consejero presidente interino, tras la salida de Luis Carlos Ugalde. ASIMISMO, dicen que estuvo muy al pendiente de los consejeros que fueron corridos para darle paso a Marco Antonio Baños y a Benito Nacif. Y QUE, por el otro lado, defendió a capa y espada la permanencia de su compadre Arturo Sánchez, de Teresa González Luna y del propio Andrés Albo, lo que a más de uno hace pensar que tal vez Molinar no olvida sus días como consejero electoral.
F. Bartolomé, “Templo Mayor”, Reforma, 15 de febrero.

SI ALGUIEN quiere ver cómo se construye un merequetengue, no se pierda le sesión de hoy en el IFE.
EL CONSEJO GENERAL del instituto tendrá la nada fácil tarea de escribir un "sí" donde dice "no", pues intentará relajar la prohibición para que los funcionarios se autopromocionen con recursos públicos.
PESE A QUE la reforma constitucional es muy clara en ese sentido -ningún spot para nadie-, a propuesta de cuatro consejeros electorales se pretende establecer excepciones, facilidades y uno que otro resquicio para que la autopromoción siga existiendo.
DE ENTRADA se dice que los diputados y senadores podrán rezar cada mañana: "Hágase, Señor, tu voluntad... en las mulas de mi compadre".
Y ES QUE los legisladores, "por la naturaleza de su cargo", podrán seguir apareciendo a cuadro para informar sobre sus "gestiones".
FALTA VER si los nuevos consejeros del IFE se animan a estrenarse ante la opinión pública retrocediendo en un terreno que ya se creía ganado.
F. Bartolomé, “Templo Mayor”, Reforma, 15 de febrero.

Que con un operador “teñido de tricolor”, los partidos políticos despliegan ya su dominio en áreas clave del IFE. Hoy, el presidente consejero, Leonardo Valdés, propondrá ante el Consejo General el nombramiento de Fernando Santos Madrigal como nuevo director general de Administración del instituto. Santos Madrigal venía trabajando con Felipe Solís Acero, quien estuvo en la campaña presidencial de Francisco Labastida, y hoy es asesor de Manlio Fabio Beltrones.
“Trascendió”, Milenio, 15 de febrero.

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