Tanto el candidato republicano, John McCain, como Obama, prometieron durante la campaña cerrar la prisión, pero abordaron de manera muy diferente el futuro de los 255 detenidos que “languidecen” en celdas de castigo, tal y como describe El Mundo.es.
McCain propuso trasladar a los presos a la base militar de Fort Leavenworth, en Kansas, y que sean sometidos a cortes marciales.
Por el contrario, Obama considera injustas las reglas especiales adoptadas por los militares y quiere que los juicios tengan lugar en cortes federales.
La propuesta que estaría preparando el equipo de Obama incluye el traslado de presos, considerados por la administración Bush “sospechosos de terrorismo”, para que sean juzgados por tribunales penales ordinarios en Estados Unidos.
Asimismo, un número indeterminado de prisioneros serían puestos en libertad y, en teoría, devueltos a sus países de origen —lo que, en muchos casos, supondría poner en peligro su vida o exponerlos a torturas— o a países dispuestos a acogerlos.
Ayuda europea. En este punto, organizaciones no gubernamentales, entre ellas Amnistía Internacional, han pedido a los gobiernos de la Unión Europea que ayuden a Obama a cerrar Guantánamo, mediante la acogida de unos 60 presos que no tienen causas pendientes con la justicia estadunidense, pero que no pueden ser trasladados a sus respectivos países por miedo a que fueran de nuevo torturados o sometidos a juicios injustos.
El propio Pentágono reconoció en plena campaña electoral que alrededor de 60 presos no tendrían causas pendientes con la justicia militar de Estados Unidos, pero que se niegan a liberar mientras no se resuelva qué terceros países podrían acogerlos.
Otro tercer grupo de detenidos “podría ser llevado ante un nuevo tribunal diseñado para atender los casos más sensibles relacionados con la seguridad nacional”, según asesores del nuevo mandatario, de modo que parece querer prontamente hacer realidad su promesa de cambio, empezando con el restablecimiento de las garantías civiles a los que la perdieron bajo el mandato de Bush.
Reunión saliente-entrante. La primera reunión entre el presidente saliente y el entrante en la Casa Blanca duró dos horas y, a tenor de los dicho por los voceros de Obama, la acogida que le dio Bush fue “muy, muy calurosa”, a pesar de que el demócrata atacó más al actual mandatario que al candidato rival, John McCain.
Obama quiere con este encuentro acelerar la transición, antes de tomar las riendas del poder, el próximo 20 de enero, y que el presidente Bush le explique el actual estado de los dos frentes de guerra —Afganistán e Irak— y los preparativos para la cumbre mundial económica que celebrará este fin de semana en Washington. Ninguno de los dos políticos ofreció declaraciones al término del encuentro.
No irá a la cumbre del G-20. El vocero de Barack Obama, Robert Gibbs, anunció ayer que el presidente electo no asistirá a la cumbre mundial financiera, convocada por Bush para este fin de semana en Washington.
Obama no acudirá a la cumbre para evitar una bicefalia y, como dijo su portavoz, “sólo tenemos un presidente a la vez” y, hasta el 20 de enero sigue al cargo.
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