Protestan durante visita del canciller de Honduras

La visita del canciller de Honduras, Mario Canahuati, a la estación migratoria de Iztapalapa, en la Ciudad de México, estuvo rodeada de contradicciones, pues mientras informaba que se da un trato digno a los migrantes de su país, a unos metros familiares y amistades de los retenidos se quejaban por las carencias y abusos que viven quienes, involuntariamente, habitan este lugar.

El funcionario hondureño platicó con sus paisanos en esta estación. Asimismo, durante su gira por México, acudió a otros siete municipios y las estaciones migratorias de Tenosique, Tabasco, y Tierra Blanca, Veracruz, donde, dice, no encontró una sola queja hacia el gobierno mexicano.

“Yo veo que te tratan bien”, le dijo Canahuati a Angélica Pineda Muñoz, una migrante hondureña que lleva varias semanas detenida, mientras ella soltaba en llanto por los regaños que dice recibir de los policías federales por no saber escribir.

Angélica se encuentra retenida desde hace tres semanas con sus dos hijos por entrar irregularmente a México y trabajar en Nuevo Laredo, Tamaulipas.

“No me quiero regresar allá (Honduras), estaba rentando mi cuarto y se me metieron los mareros, me robaron mis cosas y aparte de eso... (hace una pausa para un suspiro y suelta el llanto nuevamente) me violaron, entonces por eso yo me vine huyendo de ellos, porque me amenazaron de que me iban a matar”, narró.

Su historia es dura desde su nación, y en México no ha dejado de serla, pues se encuentra preocupada por que a sus hijos, de 11 y seis años, les ha hecho daño la comida que les dan en la estación, que aunque se asegura “no es una prisión”, desde afuera parece una fortaleza custodiada por al menos 20 elementos de la Policía Federal fuertemente armados.

Mientras el ministro de Relaciones Exteriores de Honduras se encontraba dentro de la Estación Migratoria prometiendo a sus paisanos que los apoyará para salir lo más pronto, afuera la otra cara de esta historia se dejaba ver.

“Hay mucho abuso por parte de policías federales, sobre todo hacia menores de edad (…) da coraje porque lo hacen esperar a uno dos horas para poder entrar que por la seguridad, y mi sobrino me contó que hasta droga venden adentro”, expresa Efigenio, quien tuvo que hacer una serie de trámites para que después de casi tres meses le entegarán a un menor de 13 años que proviene de El Salvador.

México • Omar Brito, Reforma, 7 de agosto.

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