Florecen en Cuba los 'changarros'

LA HABANA.- En medio de una fuerte campaña de auditorías a más de 700 empresas públicas, el escuálido sector privado, que funciona tanto legal como ilegalmente en Cuba, busca ganar nuevos espacios y desarrollarse, en cuanto un nuevo marco jurídico se lo permita.

Vendedores del mercado negro, "arreglalotodo" clandestinos, manicuristas, sastres, taxistas o restaurantes particulares son sólo algunos de los servicios no estatales que se mantienen a la espera de que el Gobierno del Presidente Raúl Castro amplíe el minúsculo espacio legal que constriñe la iniciativa privada en la nación caribeña.

Aunque corren fuertes rumores de que el país navega silenciosamente -y salvando las diferencias- hacia el modelo chino de partido único y economía de mercado, aquí y ahora el Estado sigue controlando más de 90 por ciento de una economía que naufraga, en manos de dirigentes aparentemente paralizados ante el desafío que supone organizar el caos monetario y financiero heredado de épocas anteriores, minimizar la corrupción empresarial y modernizar un sistema improductivo, cuyo futuro, expertos locales no dudan en calificar de "sombrío".

Hasta el presente, los cubanos sólo han visto tímidos experimentos, como el reparto de tierra a unos 100 mil campesinos, contaminado de favoritismos y frenado por una burocracia descomunal que ha provocado, además, la pérdida de cosechas enteras por la lenta y deficiente recogida de los productos del campo por parte de la empresa estatal de acopio.

A estos agricultores, precursores del nuevo modelo, se suman un total de 30 nuevas licencias concedidas a taxistas habaneros privados y el usufructo del negocio a los empleados de unas decenas de pequeños salones de belleza y peluquerías.

Ésta es una desestatización que no supone una diferencia significativa para el millón de trabajadores excedente en las empresas públicas, de acuerdo a la cifra revelada por el propio Castro en abril.

El escritor y profesor universitario Guillermo Rodríguez Rivera achaca el hecho de que actualmente sobren tantos empleados en las empresas públicas del país a la tendencia de "poner la carreta antes de los bueyes", que a su juicio caracteriza el socialismo isleño.

Como botón de muestra, Rodríguez señala el error de comprometerse a garantizar pleno empleo antes de estudiar cuántos puestos de trabajo requiere la producción o qué cantidad de servicios son necesarios.

Para liberar al Estado de las plantillas infladas, facilitar la vida de los ciudadanos y reactivar el comercio interno y la economía doméstica, analistas locales consultados por REFORMA proponen impulsar las cooperativas, las pequeñas y medianas empresas y el autoempleo.

Rodríguez opina que el Gobierno debería reparar cuanto antes el "paso en falso" cometido en 1968, cuando Fidel Castro decidió intervenir y poner en manos del Estado hasta el último de los pequeños negocios de cafeterías, zapaterías, talleres de reparación y otros servicios que todavía funcionaban a cargo de sus propietarios originales.

Según el catedrático, con la liquidación en los 60 del total de la actividad económica no estatal "se llegaron a extremos que jamás habían soñado Marx y Engels, como la socialización del puesto de papas fritas".

Lo cierto es que, casi medio siglo después, muchos cubanos como él añoran aquellas pequeñas tiendas, puestitos, bares y talleres que funcionaban estupendamente y daban vida a los barrios, antes de que fueran convertidos en impersonales y desangeladas "unidades empresariales" del Estado.
Yolanda Martínez corresponsal, Reforma, 20 de mayo.

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