Gana espacios Iglesia en Cuba

LA HABANA.- La Iglesia católica cubana parece recuperar influencia tras décadas de un ateísmo institucional que, en la práctica, según expertos isleños como el sociólogo Aurelio Alonso, duró desde los 60 hasta 1992, cuando el Estado cubano se redefinió laico y la exclusión religiosa fue explícitamente proscrita.

Años después, la visita a la Isla de Juan Pablo II, en enero de 1998, supuso un boom de feligreses y un despegue para la Iglesia, que aún se mantiene, dijo a REFORMA Orlando Márquez, director de la revista católica Palabra Nueva.

Pero hoy, en momentos en los que el Gobierno se declara incapaz de mantener las enormes subvenciones estatales que definían el socialismo isleño y cuando más falta hace propiciar el diálogo y evitar confrontaciones violentas, el compromiso social de la Iglesia, su discurso conciliador y un nuevo y acertado rol mediador la colocan en la mejor posición de cara al futuro, según observadores.

La confirmación vino del Arzobispo de La Habana, el Cardenal Jaime Ortega, tras la inédita reunión que sostuvo el miércoles con el Presidente Raúl Castro, y en la que, a su juicio, se constató el reconocimiento de la Iglesia de Cuba como interlocutor social con el Gobierno.

"Lo que tiene de nuevo e importante esa conversación es que no hemos tratado problemas o facilidades para nuestra labor pastoral. Ha sido un diálogo sobre Cuba, sobre este momento, nuestras realidades y nuestro futuro. El Gobierno de Cuba ha querido que se trate con la Iglesia y eso es algo nuevo", afirmó la máxima autoridad católica en la Isla.

El anuncio de dicho encuentro coincidió con el día de la independencia de Cuba, lo que subraya criterios de analistas locales que leen estas señales en clave nacionalista y opinan que "todos los pactos serán entre cubanos".

Por otro lado, la Iglesia cubana ha sumado su voz a la de instituciones y ciudadanos que exigen cambios.

"Muchos hablan del socialismo y sus limitaciones, algunos proponen reformarlo, dejar atrás el viejo Estado burocrático de tipo estalinista. Pero hay un denominador común: que se hagan los cambios necesarios con prontitud. Esta opinión alcanza consenso nacional", declaró Ortega recientemente.

"Por eso resultan penosos los actos de repudio hacia madres y esposas de presos, conocidas como las Damas de Blanco, que no indican el sentir de la mayoría", subrayó el prelado, en abierto desacuerdo con la violenta represión ejercida en marzo y abril contra estas mujeres por uniformados y civiles del oficialismo.

Ciudadanos consultados por REFORMA valoraron como algo inédito en 51 años de Revolución, que después de denunciar públicamente los abusos a las Damas de Blanco, la jerarquía episcopal consiguiera revertir la hostilidad del Gobierno hacia ellas.

"Agradecemos la intervención de la Iglesia porque estábamos tercas las autoridades y nosotras, lo admitimos", opinó Loida Valdés, una fundadora del grupo.

Desde el hospital provincial de Santa Clara, el disidente Guillermo Fariñas, en huelga de hambre y sed desde hace casi tres meses, calificó como "señal alentadora" los resultados de esta mediación de la Iglesia, pero opinó que liberar reos políticos es más difícil.

No obstante, el Secretario Ejecutivo de la Conferencia Episcopal, José Félix Pérez, se mostró esperanzado con el papel "benéfico" que puede ejercer la Iglesia en un conflicto.

"Hay figuras jurídicas que permitirían excarcelar a los enfermos, a los mayores de 60 años y a quienes cumplieron parte de su condena", dijo a REFORMA el sacerdote.
Yolanda Martínez corresponsal, Reforma, 22 de mayo.

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